Yo me bajo en Atocha

Probablemente todavía Sabina siga sin poder explicarse como una canción en la que criticaba a Madrid, pudo convertirse en himno de la ciudad. Pongamos que hablo de Madrid fue uno de las primeros conejos que se sacó del bombín, y durante muchos años fue imprescindible en sus conciertos. Cuando el siglo XX, cansado, se acercaba ya a su fin, Joaquín volvió a regalarle a la capital del reino otra declaración de amor/odio. Quizá en el lugar dónde empezó todo, bajándose de uno de esos sucios trenes que iban hacia el norte, en la estación de Atocha. Estoy seguro que una parte significativa de los habitantes de la ciudad comparten esa estampa. Distintas épocas, algunos con maletas de madera y una gallina bajo el brazo, y otros con maletas de ruedas llena de tuppers maternos. 


 Con su boina calada, con sus guantes de seda, 
su sirena varada, sus fiestas de guardar, 

su vuelva usted mañana, su sálvese quien pueda,
 
 su partidita de mus, su fulanita de tal. 


 Maternos, detengámonos un segundo aquí, porque no es casualidad que Madre y Madrid compartan casi al completo su etimología. La ciudad es una madre, de una familia muy numerosa para más señas, en la que los miembros son muy variopintos. Pocos de ellos son oriundos de la capital, y poco importa para ser sinceros. Con el paso del tiempo, aunque sigan negando ser madrileños, acaban adoptando las costumbres que ella les va inculcando; tanto las buenas como las malas.


 Con su todo es ahora, con su nada es eterno,
 
 con su rap y su chotis, con su okupa y su skin,
 
 aunque muera el verano y tenga prisa el invierno
 
 la primavera sabe que la espero en Madrid. 



A una madre de vez en cuando se le pone mala cara, sobre todo en los primeros años cuando te coloca el plato de acelgas en la mesa; y te asegura que ahí seguirá hasta la cena si se te pasa por la cabeza esquivarlo. Esas acelgas también te las sirve Madrid, en un poblado catering que se extiende por la M-30; y también te asegura un menú parecido si te intentas escapar por la M-40. Con el paso del tiempo, se va asumiendo como un mal necesario y un tema recurrente para conversar en el ascensor.


 Con su hoguera de nieve, su verbena y su duelo,
 
 su dieciocho de julio, su catorce de abril.
 
 A mitad de camino entre el infierno y el cielo
 
yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid. 


 Algunas madres también han vivido la guerra, y eso condiciona su actitud ante la vida y sus reacciones ante determinados acontecimientos. Aunque de aquellos tiempos sólo tenemos documentos en blanco y negro, todavía hay demasiados amagos de darles color. Algo positivo si se hace con el propósito de enmienda, algo peligroso si se repiten los mismos pasos con distintos zapatos. Esta madre vio como dos hermanos, uno que cumplía años el 18 de Julio y otro que hacía lo propio el 14 de Abril, acabaron enfrentándose en distintas trincheras a pesar de haber comido cocido del mismo puchero.




 Con su otoño Velázquez, con su Torre Picasso, 
 su santo y su torero, su Atleti, su Borbón, 
 sus gordas de Botero, sus hoteles de paso, 
 su taleguito de hash, sus abuelitos al sol. 


 A una madre también se le niegan de vez en cuando manifestaciones públicas de amor, por culpa de
esa ridícula vergüenza. Algo de esto ocurre con Madrid, se le niegan muchas de sus virtudes y no se repara en críticas con sus defectos. Se le pide un plato caliente para cada vez más comensales (y más exigentes) y al mismo tiempo no se le perdona que no esté siempre vestida de manera impecable. Lo cierto es que, de puertas para dentro, y con la perspectiva analítica de los años se ven más grandes las cuentas del haber que las del debe.


 Corte de los Milagros, Virgen de la Almudena, 
 chabolas de uralita, Palacio de Cristal, 
 con su "no pasarán" con sus "vivan las caenas", 
 su cementerio civil, su banda municipal 


Una madre tiene acceso exclusivo a la varita que usa cuando se pone el traje de hada madrina y te deja con un palmo de narices. Madrid no tiene una Torre Eiffel ni un Big Ben, pero de repente Sabina te invita a pasear por El Retiro en otoño, y te encantaría para el tiempo frente al Palacio de Cristal; o te presenta a la señá Cibeles y sueñas con dormirte a la sombra de un león. Galdós dijo que Madrid era un "poblachón manchego", curioso contraste para una gran urbe; y yo que vengo de uno (cuyo vino financió parte de la Puerta de Alcalá), puedo asegurar que el escritor canario estaba en lo cierto. A pesar de que a priori se podría pensar que no las tiene, la ciudad conserva sus raíces en numerosos rincones.


 He llorado en Venecia, me he perdido en Manhattan,
 he crecido en La Habana, he sido un paria en París,
México me atormenta, Buenos Aires me mata,
pero siempre hay un tren que desemboca en Madrid,
 pero siempre hay un niño que envejece en Madrid,
 pero siempre hay un coche que derrapa en Madrid,
 pero siempre hay un fuego que se enciende en Madrid,
 pero siempre hay un barco que naufraga en Madrid,
 pero siempre hay un sueño que despierta en Madrid,
pero siempre hay un vuelo de regreso a Madrid. 


 Una madre también es la primera en darse cuenta cuando su hijo está enamorado. Esa ley no escrita, pero si jaleada en los patios del colegio, de "los que se pelean se desean" probablemente encierre la fórmula secreta de Madrid. Muchos de sus residentes no pierden ocasión de atizarle sin piedad, pero conscientes de que esa ciudad invivible es también insustituible en sus vidas. A veces es necesario transitar por diversas ciudades y países, para poder llamar "mi casa" a Madrid con conocimiento de causa. Llevando el tema de los contrastes al límite, mientras hay gente que se moriría en Madrid, también hay quién volvió a nacer el primer día que la pisó.

Princesa

No deja de resultar curioso que, en el repertorio de un reconocido ateo republicano, sobresalgan las figuras de una "Princesa" y de la "Magdalena". La primera le dio la alternativa a mediados de los años 80 y la segunda la confirmó en las postrimerías del siglo XX. Ambas no solamente son imprescindibles en cualquiera de sus conciertos sino que marcan los tempos del mismo. Princesa le acompaña en los escenarios desde que gastaba chaquetas con hombreras, y la de Magdala desde que usa bombín por si hubiera un buen motivo para quitárselo.
Entre la cirrosis y la sobredosis
Andas siempre muñeca
Con tu sucia camisa
Y en lugar de sonrisa
Una especie de mueca

Cómo no imaginarte
Cómo no recordarte hace apenas dos años
Cuando eras la princesa de la boca de fresa
Cuando tení­as aún esa forma de hacerte daño

En la corte Sabinera, no se presenta a la princesa entre pompa y circunstancia, se la sitúa en cambio a medio camino entre la cirrosis y la sobredosis. Empieza el cuento por un final despejado de perdices, y un descenso culminado a los infiernos. Pero en seguida se remonta al inicio de la historia, cuando ella brilla con tanta luz propia que es imposible borrar ese recuerdo onírico de la misma. Es la princesa de tu infancia, adolescencia o incluso época universitaria; a la que hubieras rendido pleitesía en el mismo momento que ella lo mandase.
Maldito sea el gurú
Que levantó entre tú y yo un silencio oscuro
Del que ya sólo sales para decirme
"Vale, déjame veinte duros"


El silencio es muchas veces el principal culpable de ciertos distanciamientos, el causante de lo que nunca fue pero pudo haber sido. La evolución de esta canción en los directos quizá sea una de las más evidentes de todo el cancionero de Joaquín. Al principio era un ritmo mucho más acústico y pausado, y ahora los primeros acordes son una descarga eléctrica que te predispone a lanzar la soflama de "Cuantas veces hubiera dado la vida entera, porque tú me pidieras llevarte el equipaje". Con una mezcla de resignación y reproche, un intento de repartir equitativamente las culpas.
Ya no te tengo miedo, nena
Pero no puedo seguirte en tu viaje
Cuántas veces hubiera dado la vida entera
Porque tú me pidieras llevarte el equipaje


Es una canción dura, no deja de ser el relato de un ciudadano cero que aspiraba a conquistar a la reina del baile; y que ante el desdén recibido y el transcurso de los años se encuentra con las tornas cambiadas. Ese drástico cambio le concede una pequeña autoridad moral para juzgar el devenir de la portadora de sangre azul, así como lanzar un reproche vacío fantaseando con que su vida de mano del plebeyo hubiera sido mucho más plena.
Tú que sembraste en todas
Las islas de la moda las flores de tu gracia
Cómo no ibas a verte
Envuelta en una muerte con asalto a farmacia


A pesar de que todos reconocemos esta canción como un clásico de Joaquín, hay que recordar que el debut de la misma se produjo en el famoso Festival de Benidorm en 1982. El intérprete fue Juan Antonio Muriel y la letra de la canción era ligeramente diferente. "No hay más leña que la que arde Princesa" era el epitafio de esta historia de imposibles. Desde el principio la canción tuvo una gran acogida entre el público, me aventuraría a decir que se trata de las primeras historias urbanas de Sabina que la gente puede adaptar (libremente) a sus vidas.
Con qué ley condenarte
Si somos juez y parte todos de tus andanzas
Sigue con tus movidas, reina,
Pero no pidas que me pase la vida pagándote
Fianzas


El ocaso de la canción vuelve a participar de este particular juego del palo y la zanahoria. Se vuelven a poner de relieve sus derechos dinásticos al trono, al tiempo que se muestra el sendero que la lleva camino al exilio; para finalmente ofrecer una pequeña redención de la pena. Una última oportunidad por los viejos tiempos, acompañada de una advertencia que seguramente llegue tarde.
Ahora es demasiado tarde princesa
Búscate otro perro que te ladre princesa

Después de un concierto

Yo me subí en Atocha y me bajé en Linares-Baeza, en una especie de peregrinación Sabinera, para asistir al concierto de Joaquín en Úbeda. Creo que a estas alturas ya podemos afirmar sin miedo a errar, que un ateo confeso ha conseguido crear una religión en torno a su figura. Los conciertos son la expresión máxima de ese credo, una llamada a la que acuden gentes de cien mil raleas; saciando la necesidad de acudir a esa itinerante tierra santa, coronada por el escenario que pisa un viejo amigo de Satán.

Se atiende con expectación a la lectura cantada de las sabinianas escrituras, las cuáles más de uno es capaz de recitar de cabo a rabo, pero que cantadas al oído (aunque sean 8.000 pares de oídos como ayer) te resultan nuevas otra vez. Como si de una homilía se tratase, la parroquia del bombín toma buena nota de los comentarios que Sabina intercala entre canción y canción.

Estamos acostumbrados a escuchar que las canciones de Sabina han marcado las vidas de muchas generaciones, que han sido la banda sonora de muchos momentos importantes. A ésto yo añadiría algo más, los conciertos también tienen ese poder. Uno también puede repasar los conciertos de Sabina a los que ha asistido, y generar una postal que recoja muchos elementos. Por un lado el lugar dónde fue (los más afortunados podrán decir que fue un pueblo mar) y con quién se asistió. Por el otro, en qué etapa de tu vida te encontrabas (tan joven o tan viejo).

En un concierto tan multitudinario como el de ayer, es fácil encontrar a diferentes perfiles entre los asistentes. Está el veterano que sabe que al primer acorde de Princesa hay que ponerse en pie, y que en el estribillo modifica princesa por un nombre propio. Está la pareja que decidió abrir su baile nupcial al compás de Y nos dieron las diez, porque si su Madrid molaba más que el Aranjuez de Rodrigo, su ranchera al piano del amanecer también mola más que el vals de Strauss. Están las familias, con varias décadas mediante, satisfechas de haber transmitido una afición y gozosas de compartirla. Está a quien, Y sin embargo, le sigue removiendo los recuerdos más íntimos. Y también está el que le espeta "Qué Ruido más bonito haces, ¡canalla!". 


Anoche hasta la Luna se mostró completamente llena, sabedora de que Sabina solía recostar su cabeza en ella para hablarle de alguna amante inoportuna llamada Soledad. Aunque yo creo que en esta ocasión estaba ahí como cómplice necesaria cuando proclamaba "Superviviente, si, ¡Maldita sea!". De hecho, por cada 19 soles que le han acompañado ha habido 500 lunas.

Cuando termina el concierto y cada uno se dirige lentamente hacia la salida, dos pensamientos rondan la cabeza; la duda de si habrá sido el último y la certeza de que ha sido el mejor. Aunque se enorgullezca de ser un suspenso en religión, Sabina ya tiene sus ritos, sus viejos testamentos en vinilo (ahora negados por los nuevos), su Padrenuestro y su Ave María (de Magdala). No necesita decirlo explícitamente, pero consigue que todos sus fieles, tras comulgar con las pastillas para no soñar, podamos ir en paz.


Por delicadeza

Cuando hablamos de la "historia de una canción" solemos ceñirnos a la historia que nos cuenta su letra, y a partir de ahí empezamos a divagar si está basada en hechos reales o si parte completamente de la imaginación del autor. En el caso de Sabina hay dos focos de atención principales, uno es la autenticidad de los hechos y otro es a quién va dedicada. Un buen ejemplo del primer caso es Pacto entre caballeros, sobre la que se ha debatido hasta la saciedad sobre la secuencia de acontecimientos de esa noche. Respecto al segundo, no somos pocos los que hemos buscado el nombre y los apellidos de su "Princesa" de la boca de fresa. Sin embargo, hay otra historia a la que en numerosas ocasiones somos totalmente ajenos. El proceso de creación, cómo surgió la letra y la música; la puesta en escena de las musas para ser más precisos.


"Me acusas de jugar siempre al empate
Me acusas de no presentar batalla
Me acusas de empezar cada combate
tirando la toalla"


Leiva tuvo el detallazo de compartir el nacimiento de el tema que cierra el disco "Por delicadeza", la cuál entró  (según sus palabras) en el descuento. Recomiendo la lectura de los eventos de aquella noche. Esto explica también el motivo de que este tema sea el epílogo del disco. Detalles como éste, el orden de las canciones, muchas veces nos pasan desapercibidos; ahora mucho más teniendo en cuenta que la reproducción aleatoria es la preferida. Con los formatos físicos no era así y, por ejemplo, cuando termina de sonar "Y nos dieron las diez" mi cabeza ya empieza a reproducir mentalmente los primeros acordes de "Conductores suicidas".

"Me acusas de tomarte de rehén
Te acuso de quererme a sangre fría

Me acusas de afinar la puntería

Hiriéndome en la sien"


Hay una conocida teoría sobre las parejas, la del conformista y el afortunado. Es bastante sencillo identificar a los dos perfiles, en algunos casos hasta clamoroso. Por un lado, al que se le presupone mayor potencial para alcanzar algo mejor, y por el otro el que pone la pica en Flandes (y la que inconscientemente teme perder a cada instante, asumiendo que la suerte es efímera). De ahí que Sabina hable de jugar siempre al empate, o del temor a presentar batalla; quizá creyendo que no está en posición de exigir nada, no vaya a ser que el conformista cambie de opinión.


"Me acusas de no dar nunca la cara
Me acusas de escupir mirando al cielo

Me acusas de que mi arma no dispara

más que balas de hielo"


Ese desnivel entre las dos figuras se puede comprobar con un sencillo ejercicio. Si comparamos la cantidad de "me acusas" con los "te acuso" en la letra, nos encontramos con un resultado digno de un España-Malta, 12 a 1. Dentro de esas acusaciones hay una muy curiosa, la de "quererte y no buscarte"; que es un golpe directo al miedo al rechazo que suele acompañar al afortunado, y que una vez solventado va mutando en miedo a la ruptura.


"Me acusas de abrazarte al por menor
De barajar las cartas boca abajo

Me acusas de encontrar siempre un atajo

para tratarnos peor"


Otro reproche muy gráfico es el de querer al por menor y el de barajar las cartas boca abajo. A pesar de asumir cierto conformismo, eso no exime de exigir a la otra parte una dedicación mucho mayor; una forma de recordar que se encuentra en deuda permanente. Paradójicamente también es imputable la falta de picardía, o si me apuras la necesidad de tener discusiones de vez en cuando (como si estas fueran el estiércol necesario para abonar la relación).

"Porque a veces no basta un porque sí
Prefiero seguir dudando

Entre el depende y el cuándo

Entre lo duro y lo blando

Ni tan puro ni tan ruin"


En el estribillo se adivina un pequeño hartazgo de una de las dos partes, a la que ya no le basta un porque sí. Una despedida elegante pero definitiva, la necesidad de encontrar una dupla en la que la distancia entre el conformista y el afortunado no sea tan evidente. Un punto de equilibrio a fin de cuentas, sobre el cuál poder apoyarse y mover un complejo mundo que diría Arquímedes.


"Me acusas de quererte y no buscarte
Me acusas de incendiarte la cabeza

Ayer te quise por amor al arte

Hoy por delicadeza"


Tenemos que esperar al final de la canción para encontrarnos el título de la misma, el cual queda encerrado entre los versos más brillantes de toda la letra. "Ayer te quise por amor al arte, hoy por delicadeza". Es el resumen perfecto de la canción, de ese viaje que empieza queriendo a alguien incondicionalmente y termina por guardarle cariño. Simplemente cariño, o al menos cariño, cada cual que decida si conformarse o resignarse.

Leningrado

Las ciudades son unas de las claras protagonistas en las letras de Sabina, actuando como andamiaje perfecto para las historias de (des)amor que acostumbra a relatarnos. Madrid y Buenos Aires han sido las grandes afortunadas del cancionero de Joaquín, ya fuera bajándose en la estación de Atocha o subiéndose a un colectivo destino cancha de Boca. No hace mucho tiempo se fue a Praga a romper una canción, y es probable que siga guardando en su despacho un adoquín del muro de Berlín. Ahora cruza precisamente ese muro y nos sitúa en la vieja Leningrado, para contarnos una historia propia del "rojo de salón" que niega ser.

"Me doctoré en tus labios de ocasión
en una sórdida pensión de Leningrado
sin pasaporte y fuera de la ley
pero borracho como un rey desheredado

Cincuenta rublos era un potosí
y tu desnuda un maniquí de grana y oro
nos dieron llaves de la suite nupcial
que era un cuartucho de hospital… sin inodoro

No era fácil en la Unión Soviética
ir por condones a recepción
a años luz de la rutina
anidó una golondrina en mi balcón"

Un viaje de novios en la fría Leningrado, pasando la noche de bodas en una pensión de mala muerte y un presupuesto exiguo. No parece a priori el escenario ideal para una historia de amor. Tampoco hay que pasar por el alto el guiño al hermetismo que había en la URSS respecto a la sexualidad. Sin embargo, esta pareja se encuentra en esos días dónde todo es fabuloso, y tienen unas ganas voraces de comerse el mundo a cuatro manos. Entre tanta penumbra, hay un rayo de luz que lo ilumina todo, ese desnudo como un maniquí de grana y oro. Y no hace falta nada más, las golondrinas anidan en el balcón.

"No dormir era más dulce que soñar
y envejecer con dignidad
una blasfemia
Tú con boina, yo con barba, viva el Che,
recién conversos a la fe del hombre nuevo"

Tendemos a valorar si una pareja se complementa, "si pegan juntos" y con eso nos atrevemos a aventurar su éxito o a indicar su fecha de consumo preferente. Aquí el complemento gira en torno al Ché, ella con la boina calada, él con la barba. Guapos los dos, revolucionarios los dos, dispuestos a cambiar el mundo antes de comérselo. No se plantean envejecer con dignidad, de hecho piensan que la vejez no les alcanzará a ellos. Hacen muy buena pareja, y la revolución está llena de ideas tan bellas como ellos. ¿Qué puede salir mal?

"No había caído el Muro de Berlín
ni reventado el polvorín de Sarajevo
porque la revolución tenía un Talón de Aquiles al portador
Y flotando entre las ruinas
enviudó una golondrina en mi balcón"
De repente un día empiezan a caerse solos esos muros que un día se construyeron en compañía. Ya no observamos como la revolución va de la mano con la pareja ideal, ahora fijamos la vista mucho más abajo; concretamente en esos talones de Aquiles, que ya no son capaces de soportar ningún peso, por liviano que sea. Es curioso comprobar como hay una elipsis brutal en la historia. Pasamos de pasear alegres por el malecón, a ponernos a cubierto tras el reventón del polvorín, cada uno en su trinchera.
"Ayer salías, morena, de un café
ya casi medio siglo que no te veía

eras rubia, si no recuerdo mal

Dije, y mintiendo, estás más guapa todavía

Me aceptaste una cerveza sin alcohol
Se nos había muerto el sol en los tejados
Funerales, y con nada que decir
Vi en tus pupilas un añil mal dibujado"
Entramos de lleno en el territorio de los contrastes, la rubia se torna en morena, y el vodka con limón es sustituido por una triste cerveza sin alcohol. Ya no hay nada que contarse, o para ser más exactos, no hay ganas de contarse nada. Ese maniquí de grana y oro, al que hacía referencia en los albores de la canción, se ha tornado en un añil mal dibujado. Referencias taurinas que nos transportan rápidamente a los célebres versos de Así estoy yo sin ti "Más triste que un torero, al otro lado del telón de acero". Así llegamos al final de este viaje fugaz, en el que la decadencia de las repúblicas soviéticas van de la mano con el apagón de la chispa del amor. Y ya nada es suficiente, las golondrinas enviudan en el balcón.

"No sé por qué sigo escribiendo esta canción
pero me sangra el corazón
cuando lo hurgo
Supe que te casaste con un juez
Y Leningrado es otra vez San Petesburgo"

Justo al final de la canción llega un punto en el que se detiene, y busca una explicación para seguir hurgándose en la herida. Tan cierta es la ausencia de una explicación lógica, como lo inevitable que es hurgarse en las heridas del corazón. Cuando has estado en Leningrado, no te importa que el corazón siga pagando peajes para regresar allí. A pesar de que la cabeza te recuerde que vuestra revolución falló, que ahora aquel lugar es San Petesburgo, y que ya no os pertenece.

Canción de Primavera

Dudo que sea casualidad que el lanzamiento del nuevo disco haya ocurrido en fechas tan cercanas al equinoccio de Primavera. Es sin lugar a dudas su estación (Atocha aparte) preferida, quizá desde aquella vez que le robaron el mes de Abril o desde el día que descubrió que la Primavera duraba un segundo. En esta ocasión le da la bienvenida en forma de buenas noches, a sabiendas de que el saludo le será correspondido con un "y buena suerte".
"Buenas noches, primavera
Bienvenida al mes de abril
Te esperaba en la escalera del redil"
La aritmética es curiosa en numerosas ocasiones, no sé si alguna vez se habían parado a pensar, que son precisamente nueve los meses que tarda la Primavera en llegar. Es el periodo de gestación del calendario, el tiempo de espera hasta que Marzo da a luz y nos empieza a regalar esos primeros días soleados de paseíto y chaqueta doblada en la mano. A pesar de que el calendario sea común, cierto es que las estaciones no llegan a todos sitios por igual ni al mismo tiempo. De ahí el llamamiento a acercarse al sur, que cuenta con el enorme privilegio de ser el primer anfitrión de tan agradable visita 
"Nueve meses oxidada
En el fondo de un baúl
Si no estás enamorada
Vente al sur"

No hace falta tirar de encuestas para saber que las tardes de Domingo cuentan con mala fama, hasta el propio Joaquín les dedica el título de una canción en este disco, asegurando que acaban mal. Pero aún siendo así, creo que las tardes de los lunes son peores. En las jornadas vespertinas del domingo no es extraño ver los parques llenos de gente, pero es que las de los lunes lo que está a rebosar son los gimnasios.Se suele hablar de que no hay nada más anodino que un domingo sin fútbol; y al mismo tiempo no hay cosa que irrite más al aficionado, que ver cómo el partido de su equipo es empujado a la noche del lunes. Tampoco esos novios que extraña Sabina en los cines irán un lunes, la tarde del domingo también es idónea para esos clásicos momentos.
"Sobran lunes por la tarde
Faltan novios en los cines
Camarero, ponme un par de Dry Martínez"
No falta tampoco en este tema un guiño autobiográfico con aroma a despedida, que es un poco el leitmotiv de "Lo niego todo".  Es significativo leer en el propio disco a Benjamín Prado comentando una confesión de Joaquín dónde asegura que no le importaría que éste fuera su último trabajo. Pero esos guiños siempre tienen un giro final, dónde le pide al árbitro que añade un buen puñado de minutos al descuento. Aquí la petición va dirigida a la primavera, a la que insta a ponerle un par de cuernos al crudo invierno, del que ya sabe como se las gasta cuando aprieta el frío.
"Líbrame del sueño eterno,
Da cuerda al despertador
Ponle cuernos al invierno, por favor"
Pero nuevamente, no sitúa sus años en el invierno, que vendría a ser la puesta de sol definitiva; los coloca en el otoño. Estación en la que todavía nos podemos encontrar con agradables días y donde el Sol quema menos pero aún calienta. Así que, sin prisas, que su bombín todavía se dejará ver por los escenarios de medio mundo. En otro orden de cosas, en su particular técnica de palo y zanahoria con Madrid, esta vez le toca recibir uno de los primeros; y es que la capital no se libra de uno de los malos endémicos de las grandes urbes. ¿Quizá sea culpa de ese vómito de humo de Calle Melancolía?.

"Otoñales van mis años
Por el río Guadalquivir
Maquillando el ceño huraño
De Madrid"
En el epílogo de la canción se nos revela su verdadera naturaleza, aunque ya nos había ido dejando pistas bastante claras, se trata de una canción de amor. Además, en contra de lo que ha sido la tónica general en estos temas de Sabina, dónde rara vez las destinatarias tenían nombre y apellidos, aquí sí lo tiene. La canción finaliza con un contundente "Primavera, novia mía". Y Joaquín la espera en el cine, para ver con ella una de romanos desde la fila de los mancos. 



"Ven a reavivar mi hoguera
Cenicienta de mis días
Buenas noches primavera
Novia mía"

Lágrimas de mármol

Cincuenta y dieciocho son los años que hoy cumple Joaquín Sabina, y en esta ocasión nos ha hecho una invitación global a todos lanzando el segundo single del nuevo disco, "Lágrimas de mármol". A pesar de que nos advierta de que las jaranas ya no son como antaño, la frescura de estas nuevas canciones nos lleva a quedarnos con el segundo operando de la cuenta (50+18). De hecho, si nos atenemos a su último testamento en verso, son justamente dieciocho los años que lleva pensando en recogerse

"El tren de ayer se aleja, el tiempo pasa,
la vida alrededor ya no es tan mía,
desde el observatorio de mi casa
la fiesta se resfría."
Lágrimas de mármol podría contemplarse como una revisión de sus cuarenta y diez, en los que se nos presentaba como un ángel con alas negras. En aquellos años miraba hacia el futuro y, casi proféticamente, barruntaba un fin de fiesta al que se resistía a llegar con todas sus fuerzas. Era como echarse las manos a la cabeza pensando en que su juventud tocaba a su fin (él mismo afirma que la estiró hasta los 50). Ahora hace el viaje cronológicamente inverso y llegados a este punto las manos en la cabeza son para cantar a los cuatro vientos: "¡Sigo vivo, carajo!". 
"Superviviente, sí, ¡maldita sea!,
nunca me cansaré de celebrarlo,
antes de que destruya la marea
las huellas de mis lágrimas de mármol,
si me tocó bailar con la más fea,
viví para cantarlo."
Todos los superhéroes tienen su punto débil, y en el caso de Joaquín su kriptonita particular tiene nombre "Ictus", y si me apuran apellidos, "Nube negra". Cuando una debilidad es tan notoria, se le teme y respeta a partes iguales. No es casualidad por tanto, que Sabina le haya reservado un espacio tanto en estas lágrimas de mármol como en aquella negación a la totalidad. 

"Dejé de hacerle selfies a mi ombligo,
cuando el ictus lanzó su globo sonda,
me duele más la muerte de un amigo
que la que a mí me ronda."

No han sido pocos "los entendidos" que le auguraron una muerte cercana, aplicando la lógica aplastante de sus malos vicios. Pero a esa lógica ha ido escapando sucesivamente la mala salud de hierro
del ubetense.  Cierto es que Joaquín tampoco tenía prisa por reunirse con su amigo Satán, y cambió significativamente la ruta que lo acercaba al infierno por atajos. Como contrapartida a haberla esquivado, ha sido testigo de como varios de sus amigos han tomado ese viaje de "sólo ida". Para ellos no puede tener mayor homenaje que los versos donde asegura dolerle más su pérdida que la propia.
 "Con la imaginación, cuando se atreve,
sigo mordiendo manzanas amargas
pero el futuro es cada vez más breve
y la resaca, larga."
 A pesar de que la lógica del calendario nos lleva a creernos que cada gira será la última, Joaquín mira de reojo a los Rolling Stones y parece decidido a seguir dando batalla. Decía que "Lágrimas de Mármol" se podía dar la mano con "A mis cuarenta y diez", a ello sumo que la presencia de Leiva como productor también se da la mano con la de Alejo Stivel en su momento.
"Acabaré como una puta vieja,
hablando con mis gatos"
Los gatos tienen un papel nada desdeñable en el universo sabinero, basta con echar un vistazo a los dibujos que publicó bajo el nombre de Garagatos. Hay un felino que tiene especial protagonismo, y que fue bautizado con el nombre del Rey (si sus apuestas estaban entre Juan Carlos o Felipe, olvídense, el rey es Elvis). 


Por último, hay que poner en valor también la calidad del videoclip que acompaña a la canción. Un vídeo muy original que se sirve de la ciudad de Madrid para sobre impresionar la letra de la canción. Una visita musical por la ciudad invivible pero insustituible que acogió al niño de provincias hace varias décadas ya. Seguramente reconozcáis muchos lugares de la ciudad en el vídeo, yo me quedo con el minuto 2:07 (en los azulejos de ese bar de Madrid se lee "Vinos de Valdepeñas"). 

Lo niego todo



Ocho años han pasado desde el último disco en solitario de Sabina, y cuatro desde la última vez que escribí una entrada en este blog. "Lo niego todo" ha supuesto una sacudida importante en la parroquia Sabinera en general, y para mí en particular la perfecta ocasión de retomar este blog, que amenazaba en convertirse en un viejo álbum de recuerdos. Sentarme de nuevo a escribir ha sido como retomar el contacto con alguien que llevas mucho tiempo sin ver, y a los cinco minutos ya estáis charlando con la misma complicidad de siempre. Bueno, hechas las breves pero necesarias presentaciones, "decíamos ayer..."
Ni ángel con alas negras,
ni profeta del vicio
ni héroe en las barricadas
ni ocupa, ni esquirol
ni rey de los suburbios
ni flor del precipicio
ni cantante de orquesta
ni el Dylan español
Esta canción está plagada de referencias muy visuales (el videoclip las potencia más si cabe) y guiños a la trayectoria del flaco. Pero no son guiños al uso, se trata de desmontar por completo al mito del canalla del bombín. No espera mucho para dejar claras sus intenciones, en los dos primeros versos se desprende de su traje más célebre (las alas negras con las que volaba a ras de suelo durante 19 días y 500 noches) y de esos vicios cuyas advertencias ignoraba desde que le decían ¡Eh Sabina!.
Me echaron de los bares
que usaba de oficina
y una venus latina
me dio la extremaunción.
Es posible que a fuerza de repetirlo durante los últimos años, Joaquín nos hubiera convencido de que había consumado su idea de empezar a pensar en recogerse, de sentar la cabeza. Pues no, ese monaguillo que esperaba que un día le diera la extremaunción, se tornó en una venus peruana y su penitencia consistió en abandonar los bares. Aunque no del todo, porque hay algunos bares se han quedado para siempre abierto en sus canciones. El bar del otro verano, dónde una vez le dieron las diez y las once. Ese bar cuyo nombre fue todo un acierto, "El Templo del Morbo" dónde el Sol se metía a las siete en la cuna. En resumen, esos bares que ya no cierra, y esos excesos que ya no hace; pero que quedaron bien documentados en servilletas que a la postre se convirtieron en canciones.
El tiburón de Hacienda
confiscador de bienes
me ha cerrado la tienda,
me ha robado el mes de abril.
Si es para hacerme daño
sé lo que me conviene
he defraudado a todos,
empezando por mi.

En este viaje auto-guiado a lo largo de la vida de Joaquín, no deja pasar por alto alguno de los momentos más crudos. No se olvida del episodio de Hacienda, a quien recuerda que si alguien sabe como hacerle daño, es él mismo. Por eso en el clip aparece también una nube negra, que gira amenazante colgando del techo del escenario. Precisamente el escenario es uno de sus mejores vicios, lo sigue necesitando, temiendo y respetando tanto como aquella vez que Tola bajó la escalera del sótano de La Mandrágora.
Ni soy un libro abierto
ni quien tu te imaginas
lloro con las más cursis
películas de amor
Tendemos a pensar que todas las letras de las canciones son autobiográficas, en cierto modo nos gusta creerlo aunque la versión oficial desmienta algunos pasajes. Estamos tan seguros que el menor de los tres chicos, de los que vinieron a atracarle en los 80, ya estará rondando la cincuentena; y que el más alto de los tres ya ha cumplido íntegra su condena. Sabina sigue cumpliendo su pacto de caballeros y les concede unos segundos en el videoclip. Sabina nos vuelve a negar en esta ocasión haber sido un libro abierto, para ello no duda en presentarnos a Joaquín Ramón, el señor que llora con las películas de sobremesa un domingo por la tarde.


Lo niego todo
aquellos polvos y estos lodos,
lo niego todo
incluso la verdad

El caso es que hemos visto a tantos Joaquines diferentes, y la progresiva rotura de su voz facilita mucho más esa clasificación por décadas, que cada uno de nosotros tenemos una versión preferida. Precisamente ése es el hilo conductor del videoclip de la canción, un casting de Sabinas donde la horquilla está entre los 30 y los 67 años. Hago un hincapié especial en el videoclip, porque ha sido la guinda perfecta para esta canción del Renacimiento Ubetense. Hay infinidad de detalles, amigos y referencias que potencian mucho más la ya de por sí poderosa letra del tema. La tercera viga maestra de esta producción corre a cargo de Leiva, que confirma las buenas sensaciones que ya comprobamos cuando participó en Vinagre y Rosas.

La leyenda del suicida
y la del bala perdida
la del santo beodo
si me cuentas mi vida,
lo niego todo.
Resumiendo, nos sigue emocionando que Joaquín Sabina nos cuente y nos cante su vida. Sus benditos malditos y sus malditos benditos episodios. Y si hay que negarlo todo, no sería el primero en hacerlo. Es más, todavía puede hacerlo otras dos veces para igualar a San Pedro, antes de que lo llame por su nombre y al que quizá no quiera contestar.


La canción más hermosa del mundo



A priori puede sonar un tanto pretencioso el título de este tema, “la canción más hermosa del mundo”; pero la historia que nos cuenta es bastante humilde a la par que sincera. Se trata de una de esas canciones que podríamos meter en el saco de las “autobiográficas” de Joaquín. Hace un recorrido, bastante iconográfico, de multitud de elementos que han ido marcando su dilatada carrera.


"Yo tenía un botón sin ojal, un gusano de seda,
medio par de zapatos de clown y un alma en almoneda,
una hispano olivetti con caries, un tren con retraso,
un carné del Atleti, una cara de culo de vaso, 

un colegio de pago, un compás, una mesa camilla,
una nuez, o bocado de Adán, menos una costilla,
una bici diabética, un cúmulo, un cirro, una estrato,
un camello del rey Baltasar, una gata sin gato,"


Se suele decir que justo antes de morir, tu vida pasa ante tus ojos.  Si esto lo lleváramos al terreno musical, esta canción hace lo propio. Tampoco es necesario llevarlo al extremo de estar a punto de
llegar al barrio de los quietos. Hay más situaciones cotidianas en que esto puede suceder. Basta con revisar armarios, cajones o trasteros para que,  al encontrar algún objeto que llevabas bastantes años sin ver te vengan a la memoria infinidad de recuerdos.

"mi Annie Hall, mi Gioconda, mi Wendy, las damas primero,
mi Cantinflas, mi Bola de Nieve, mis tres Mosqueteros,
mi Tintín, mi yo-yo, mi azulete, mi siete de copas,
el zaguán donde te desnudé sin quitarte la ropa. 


Mi escondite, mi clave de sol, mi reloj de pulsera,
una lámpara de Alí Babá dentro de una chistera,
no sabía que la primavera duraba un segundo,
yo quería escribir la canción más hermosa del mundo."

Algo parecido ocurre cuando en la televisión echan alguna película antigua, de las de la época del VHS, y pese a que nos sabemos hasta los diálogos no nos levantamos del sofá hasta que termina.  Y es que no sólo es la película lo que estás reviviendo, es también cada una de las circunstancias y las personas que rodeaban en todos esos visionados. En este repaso biográfico, también hay cabida para alguna que otra decepción que te marca para el resto de tus días; sobre todo aquellas que te demuestran que la primavera apenas dura un segundo.  


"Frente al cabo de poca esperanza arrié mi bandera,
si me pierdo de vista esperadme en la lista de espera,
heredé una botella de ron de un clochard moribundo,
olvidé la lección a la vuelta de un coma profundo."


Esto enlaza directamente con esa bandera que Joaquín dice arriar, frente al cabo de poca esperanza. Y es que hay veces que un cúmulo de infortunios, te pueden abocar a perder lo que normalmente se
hace en último lugar. Pero al mismo tiempo, con bastante frecuencia suele aparecer un botón de reinicio, incluso a la vuelta de un coma profundo.


"Les presento a mi abuelo bastardo, a mi esposa soltera,
al padrino que me apadrinó en la legión extranjera,
a mi hermano gemelo, patrón de la merca ambulante,
a Simbad el marino que tuvo un sobrino cantante, 

al putón de mi prima Carlota y su perro salchicha,
a mi chupa de cota de mallas contra la desdicha,
mariposas que cazan en sueños los niños con granos
cuando sueñan que abrazan a Venus de Milo sin manos."


Ahora más que nunca vuelven a ser necesarios esos padrinos en las legiones extranjeras, para todos esos emigrantes del siglo XXI, que pese a cambiar la maleta de madera por una samsonite, y la gallina y el botijo por el Iphone y el Ipad; siguen rascándose el cogote y mirando hacia el cielo con la boca abierta cuando pisan nuevos territorios.  Tampoco viene mal contar con una chupa de cota de mallas que te amortigüe algún que otro golpe.  Y no es menos cierto que algunas de esas mariposas que Sabina dice cazar cuando se es imberbe, se logran cazar finalmente cuando la barba irrumpe al mismo ritmo que las entradas.  


"Nunca pude cantar de un tirón
la canción de las babas del mar, del relámpago en vena,
de las lágrimas para llorar cuando valga la pena,
de la página encinta en el vientre de un bloc trotamundos,
de la gota de tinta en el himno de los iracundos.
Yo quería escribir la canción más hermosa del mundo."


Más de uno pagaría por tener una sola página de ese bloc trotamundos,  en el que Joaquín ha ido anotando cada verso que después se convertirían en canciones memorables. Termina diciendo que él quería escribir la canción más hermosa del mundo.  Yo creo que si no lo ha conseguido ya, lo ha rozado con la yema de los dedos. El problema ahora es decidir cuál de ellas podría llevarse tal galardón.  Yo no sería capaz de hacerlo, ni siquiera puedo elegir solo una como mi canción preferida. 


top
Google Analytics Alternative