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27 agosto 2020

Arenas Movedizas

En diversas ocasiones Sabina ha tirado de su autobiografía para ilustrar varias de sus canciones, en otros casos se ha colado en el traje y la piel de otros hombres y el caso de Arenas Movedizas podría considerarse como una canción autoprofética. El contexto histórico es muy importante para validar esta teoría, ya que la canción se quedó a medio camino entre el disco de 19 días y 500 Noches y el de Dímelo En la Calle. Creo que esta canción es el nexo de unión entre su primer testamento (A mis Cuarenta y Diez) y su viaje más profundo a los infiernos (Nube Negra). 
El título de la canción ya nos avisa de que nos va a costar salir ilesos de su letra. El cielo que nos encontramos aquí parece haber sido viciado durante décadas por el vómito de humo que vertían las chimeneas de Calle Melancolía. Como resultado queda un cielo de betún, de almidón, regaliz y de alquiler. 

"Mañana cuando era tan pequeño,
por el Acantilado del Obispo caí.
Persiguiendo un pájaro sin dueño,
y aterricé en un polvorín"

El viaje comienza con una paradoja temporal, colocándonos en un mañana donde todavía nos vemos muy pequeños, llegando a una situación para la que pensamos que todavía es demasiado pronto. La imagen de ir persiguiendo un pájaro sin dueño puede tomar la forma abstracta de un sueño o un ideal, pero también puede adoptar una forma muy concreta y humana. Alguien o algo que vuela lo suficientemente bajo como para llamar tu atención y que puedas sentirte capaz de alcanzarlo; pero también lo suficientemente alto como para zafarse de ti, dejándote caer en ese polvorín de arenas movedizas. 

"De arenas movedizas,
bajo un cielo de betún,
caracolas que agonizan,
sin decir ni mú"

Que aparezcan caracolas agonizantes y mudas es una metáfora tan cruda como la canción. Se tiende a pensar que estos moluscos son capaces de transportarte a una playa con acercarlos a tu oído, por más que te encuentres en un remoto lugar donde el mar no se pueda concebir. Si la caracola enmudece, tu imaginación se queda ciega. 

"Cuando el gallo a sueldo de la madrugada,
llegó con su kikirikí,
desperté soñando que viajaba,
desnudo con un maletín

de Arenas Movedizas,
bajo un cielo de alquiler.
Alfileres que agonizan,
antes de nacer"

A continuación aparece un gallo para despertarnos bruscamente, ya que en este cielo tan oscuro ni siquiera el Sol tiene ese poder. Esto nos saca de un mal sueño en el que sabemos que estábamos desnudos, pero no libres de toda carga, porque asido a la mano llevamos un pesado maletín. En su interior puede haber cargas emocionales o materiales, y no está claro cuál de las dos lo lastra más. El asunto material cobra fuerza en estos versos, ya que hasta el cielo nos empieza a cobrar alquiler por vivir bajo su techo infinito. 

"A mi cita fui pero el horizonte,
se había cansado de esperar. 
Me llamó San Pedro por ni nombre,
y no le quise contestar"

Pocas cosas parecen más seguras que el horizonte que nuestros ojos alcanzan a divisar. Pudiera parecer que estará allí de forma permanente, esperando pacientemente a nuestra llegada. Pues bien, ni si quiera eso está asegurado en este turbulento viaje. En los versos finales nos abre una nueva posibilidad, que en lugar de estar en mitad de un sueño o un delirio, se encuentre en el purgatorio. De ahí que aparezca San Pedro llamándole para entrar en las puertas del Paraíso. Pero de sobra sabemos que Sabina ha sido más amigo de demonios que de ángeles y estaba claro que iba a ignorar ese llamamiento. 

"Y arenas movedizas,
bajo un cielo de almidón.
Paquebotes que aterrizan
sin pedir perdón"

Resumiendo, Arenas Movedizas es una canción que se incorpora con fuerza al grupo de las melancólicas, con ciertos apuntes autobiográficos y guiños burlados a la muerte. Una canción con tantas metáforas abre mucho el abanico de las interpretaciones. Puede ser tan amplia como el recorrido vital de una persona que se acerca al final, o acotarlo hasta un tramo concreto marcado por un acontecimiento o una relación.

"De Arenas Movedizas,
bajo un cielo de tergal, 
matasellos que agonizan,
tan lejos del mar"

 A pesar de no haber cruzado nunca el umbral de ser cantada en directo, contamos con dos versiones de estudio. La primera que apareció en el disco Dímelo en la Calle, mucho más suave, y la rareza que se incluyó en el especial de "19 Días y 500 Noches" (probablemente la versión original que durmió varios años en un cajón). 



28 abril 2018

Insumiso en el cielo

Supongo que un Ángel con alas negras siempre se resiste a llamar a las puertas del cielo, y rehuye la llamada de San Pedro aunque éste le reclame por su nombre.🗝️ Estos días hemos asistido al enésimo episodio de supervivencia de Joaquín Sabina, cuando una trombosis cambió una semana de conciertos por una de hospitales. Hoy vuelve a declararse insumiso en el cielo y regresa a casa, porque si es el escenario el que le grita "ven", la respuesta no se hace esperar demasiado. 

De momento tendrán que seguir esperando en el cielo, aunque no sabemos a ciencia cierta cuál sería el cielo de Sabina. El cielo lejano y alto al que su Calle Melancolía vomitaba humo, o el cielo de almidón y betún bajo el que se removían las arenas movedizas. Quizás sea el cielo al que caía la bolsa según un diario que no hablaba de ti ni de mi, o ése al que a sus puertas le ladraba un perro de nadie.

Podría tratarse también del cielo de Madrid, el que pisaba en vuelo regular a la vuelta de un lugar feliz al que no debiera tratar de volver. Creo que nos estamos acercando bastante, no olvidemos que Madrid se encuentra a mitad de camino entre el infierno y el cielo; y Joaquín siempre presumió de tener un amigo llamado Satán que le espera en un dulce infierno. Aunque también tiene cita desde hace tiempo en el despacho de Dios, para que sea su abogado de oficio el día del juicio final. 

De momento sigue haciendo esperar a ambos, porque no podían robarle este mes de Abril, porque quedan muchas noches en las que seguir inventándose, porque hay más de cien pupilas para verlo vivo,porque todavía tiene que gritarle al cielo con fuerza: "¡Superviviente si, maldita sea!" y porque nosotros nunca nos cansaremos de celebrarlo. 

22 septiembre 2010

Arenas movedizas

Una vez Jorge Valdano dijo que "el fútbol es un estado de ánimo" y, esa frase, ha sido una de las más célebres del argentino. En esta ocasión yo voy a parafrasearlo diciendo que las canciones de Joaquín también son un estado de ánimo. Concretamente, esta de Arenas movedizas, representaría perfectamente a la melancolía y al desengaño con la vida. Sobre todo si tenemos en cuenta el contexto en el que fue concebida, justo en el tiempo intermedio entre "el marichalazo" y la posterior "nube negra".
"Mañana cuando era tan pequeño
por el Acantilado del Obispo caí
persiguiendo un pájaro sin dueño
y aterricé en un polvorín
de arenas movedizas
bajo un cielo de betún,
caracolas que agonizan
sin decir ni mu."
Perseguir imposibles es algo que en mayor o menor medida, todo el mundo ha hecho. Cuando esto ocurre estamos tan cegados, que solamente miramos hacia el cielo donde está ese pájaro sin dueño que revolotea de un lado a otro; mostrando indiferencia ante nosotros, pero dejándose ver sabiendo de nuestro interés en él. Lo malo es, que cuando te pasas mucho tiempo andando sin mirar al suelo, al final tú te caes, y el pájaro sigue volando. 

De esa caída lo peor no es el golpe, es lo que te cuesta levantarte. Las arenas movedizas en las que aterrizas evitan que puedas hacerlo rápidamente, sacudiéndote el polvo y pudiendo recuperarte con dignidad. Además cuando intentas buscar en ese mismo cielo en el que antes veías a tu pájaro, ahora te encuentras con un cielo de betún. Por otra parte,  las caracolas siempre han representado la ilusión de creer que, con ellas en el oído, eres capaz de escuchar el mar. Supongo que esto también dependerá del estado de ánimo, y únicamente funcionan cuando tu estás dispuesto a creerlo.
"Cuando el gallo a sueldo de la madrugada,
llegó con su kikirikí,
desperté soñando que viajaba
desnudo con un maletín
de arenas movedizas
bajo un cielo de alquiler,
alfileres que agonizan
antes de nacer."
Dicen que soñar es gratis, y mientras Hacienda no se decida a ponerle impuestos, quizá sea de las pocas cosas que podremos disfrutar con total libertad. Justo cuando estás entre esas arenas movedizas, el mejor momento del día es cuando te tumbas en la cama y empiezas a imaginar como sería el mundo, si verdaderamente fuéramos dueños de nuestro propio destino. Desgraciadamente hay tantos impedimentos que, o bien nos los ponen, o directamente nos los auto-imponemos, para cumplir esos sueños; que quizá resignarse sea la última y a veces la única opción que nos queda. Ese cielo de alquiler que tenemos sobre nosotros, nos recuerda que poca gente queda ya que haga las cosas a cambio de nada. La generosidad ha pasado a estar bajo sospecha permanente.
"A mi cita fui pero el horizonte
se había cansado de esperar,
me llamó san Pedro por mi nombre
y no le quise contestar."
Estos últimos versos son los que más me gustan de esta canción, ya que encierran una verdad clamorosa, pero que muy pocas veces la gente es capaz de aceptar. Lo más común es lamentarse de las oportunidades perdidas, de todos aquellos que nos cerraron las puertas, de las veces que nos rechazaron o del mal fario que decidió acompañarnos como si fuera nuestra sombra. Pero también pasa que somos nosotros los que no queremos oír nuestro nombre, aunque nos lo estén gritando constantemente y todo el mundo se de cuenta de ello menos nosotros. En ese preciso instante, somos nosotros los que estamos empujando a la otra persona a esas arenas movedizas, que otrora nos atraparon a nosotros.