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10 noviembre 2020

Doña Pura

Es complicado hablar de canciones inéditas de Sabina a estas alturas, cuando su discografía oficial y la no oficial ha sido escrutada hasta el extremo. Aún así hay una canción que llama la atención por haber pasado muy de puntillas, y que contiene un verso que podría considerarse de profético "Aquella historia 

que nunca ocurrió". 

Se trata de la canción "Doña Pura". Una canción que Sabina firmó junto a Noel Neto y apareció en la I Antología de cantautores andaluces. Pese a haberle perdido el rastro durante muchos años, el único registro audiovisual con el que contamos incluye una pequeña presentación por parte del propio Joaquín. La cantó durante el primer gran disco en directo junto a los Viceversa, y la introdujo de la siguiente forma:

"Esta canción que viene ahora es otro estreno. Yo he querido contar en ella, esas historias que oíamos los niños de posguerra alrededor de la mesa camilla. Siempre hablaban de una tía, o de una señora que había en el pueblo, o de una tía nuestra vestida de negro a la que le había pasado algo horrible. Siempre lo oíamos con medias palabras, nunca sabíamos muy bien que había pasado. Ese tipo de atmósfera siniestra he querido ponerla en esta canción. Se llama Doña Pura". 

"En esa postura,

tal como hoy la veis, 

lleva Doña Pura 

desde el 36.

Enterrada en vida,

carne de alcanfor,

oxidada como el tic tac

de su reloj". 

En esta canción Joaquín vuelve a demostrar su enorme maestría a la hora de dibujarnos a un personaje con cuatro versos. Al poco de arrancar esta canción ya tenemos un boceto bastante preciso del aspecto de Doña Pura. Una mujer que no cuenta en las cifras oficiales de bajas de una guerra fratricida, pero cuyas heridas jamás suturan. 

"Noche interrumpida,

por enaguas malheridas,

brazo en alto y vino peleón. 

Soldados que 

la llaman por su nombre,

sudor de hombre,

en su habitación". 

En la siguiente estrofa de la canción pasa a relatarnos los sucesos que provocaron la caída en desgracia de Doña Pura. Con brevedad y contundencia nos relata el quién, el cómo y el dónde. Todo menos el por qué, y es que para esa pregunta, casi un siglo después seguimos sin encontrar una respuesta que no sea la sinrazón. Las retaguardias de las guerras muchas veces eran lugares más cruentos que el frente de batalla. En esos lugares las luchas estaban totalmente desequilibradas, las botas militares aplastaban sin piedad los cuellos civiles más indefensos. 

"Cuerpo diminuto,

cera sin arder,

riguroso luto, 

desde aquella vez,

en que la tijera,

de la humillación,

se clavó un amanecer,

en su corazón". 

Las represalias eran tremendamente crueles, a veces ocultas entre cuatro paredes y otras veces con escarnio público para dejarlas señaladas de por vida. Las tijeras arrancando a jirones el cabello de las mujeres, era uno de los métodos más comunes y vergonzantes que se aplicaron en aquellos años. Este es el episodio que le ocurrió a Doña Pura, y que Joaquín nos relata a pesar de que durante muchos años le dijeron que no hablase del tema. Esa cera sin arder, es esa vida truncada en los primeros compases, cuando todo deberían ser sueños realizables y no pesadillas consumadas.  

"Cada vez que un coche,

reproduce aquella noche,

derrapando bajo su balcón. 

Como un flashback 

regresa a su memoria,

como una obsesión,

aquella historia,

que nunca ocurrió"

La frase que cierra la canción es la más demoledora de todo el relato. El golpe definitivo era la ley del silencio que obligaba a todo el mundo a no hablar de aquellos sucesos. Un silencio que servía de amnistía a los culpables y de condena perpetua a la víctima. El peligro de no conocer la historia de un pueblo, es que abre la puerta a una posible repetición de sus episodios más negros. Pero igual de peligroso es intentar taparla deliberadamente o reescribirla a beneficio propio cuando las generaciones pasadas ya no están presentes para dar fe de ella. Sabina puso su granito de arena con esta canción dedicada a tantas Doñas Puras que vivieron en blanco y negro toda su vida, y que en los 80 todavía estaban vivas para escuchar este homenaje. 

27 noviembre 2018

Conviene saber

Entre los muchos apodos que se le dan a Sabina, está el de maestro, y cada año que pasa corrobora que era un apodo acertado. Si echamos un vistazo a la lista de sus alumnos aventajados, hace ya varios años que sobresale Marwan. Al igual que Sabina, se ha ido dejando la vida por los rincones de Madrid, y la ha conocido lo suficiente para escribirle una canción que podría incluirse en el manual de bienvenida a la capital.

"Conviene saber que no hay mayor dolor, 
para una piel que despedirse de otra piel. 
Conviene saber que lo único que debes aprender
es que venimos a aprender". 

En su último disco, "Mis paisajes interiores",  sobresale una canción en la que hay una mención explícita a Joaquín. "Conviene saber",  sirve tanto de título como de leit motiv para la canción; y es que se trata de una lección maestra en 4 minutos, de todas esas cosas que suelen escaparse en todas las leyes de educación.  Muchos se jactan de haber acudido a la Universidad de la Vida, si de verdad existiera yo incluiría una asignatura por cada uno de los versos de esta canción. 

"Conviene saber que tu próxima vida
no está asegurada,
apaga la pantalla ahora mismo y 
saca a tu novia a bailar."

Si echásemos un vistazo al temario podríamos coincidir rápidamente en que se tratan de contenidos bastante sencillos. El problema viene con las prácticas, ahí la teoría se nos suele olvidar con demasiada frecuencia. En el primer día de clase Marwan ya nos pone sobreaviso de que aquí se viene a aprender, y la primera lección es que la mayor pérdida es aquella que comparte su sentido del tacto contigo. Ésta conecta con la siguiente, que te insta a usar tu sentido de la vista, cruzarse las miradas y comprobar que hay formas mucho mejores de pasar el tiempo. 

"Conviene saber que la pasión cuando
se amansa aburre un poco,
mejor saberlo antes de embarcar.
Conviene saber que todos mis 
demonios duermen si te toco
y esa es la distancia más corta a la felicidad". 

Seguidamente se introduce por terrenos pantanosos, por los que inevitablemente hay que pasar, pero para los que ofrece una ruta que ayude a atravesarlos con éxito. También hay cabida para un par de reprimendas preventivas, que nos ayudan a cuidar de nuestro hogar (y ese hogar va desde el aire que respiramos, la tierra que pisamos, la mujer que besamos y los locos bajitos a los que algún día tendremos que educar). 

"Conviene saber que en este mundo
hay demasiados gilipollas,
amigos que es mejor no conservar.
Conviene saber que hay gente que
ama solo el éxito y las joyas
y señores que al ver un buen culo no pueden pensar". 

En todo aprendizaje es muy importante separar el grano de la paja, y esa asignatura a veces se convierte en un hueso. Esta clase magistral se centra en señalar rápidamente a los gilipollas e interesados que se nos cruzan como si fueran setas del Mario Bros, conviene saber cómo esquivarlos. Esto nos va encaminando a la parte más complicada de esta particular carrera universitaria, el trabajo final, que en este caso consiste en saber que todos tenemos cicatrices. El sobresaliente se consigue cuando además de ser conscientes de ellas, sabemos cómo curarlas, al igual que hace un disco de Sabina. 

"Conviene saber que no hay adulto
sin su colección de espinas,
todos tenemos cosas que olvidar. 
Conviene saber que nada escuece 
más que un disco de Sabina,
y a la vez sólo esas canciones te pueden curar". 

Si se busca el Cum Laude, hay que demostrar con hechos que el partido más importante de todos puede tener dos campeones y ningún derrotado. Pero para ello hay que saber empatar. 

"Conviene saber, y no lo olvides, no
hay mujer que tenga dueño,
es una flor, no es una propiedad. 
Conviene saber que aunque jamás
nos lo dijeran de pequeños
el amor es el único juego en el que
hay que empatar".