01 octubre 2020

El Café de Nicanor


Una de las mejores metáforas de las canciones de Sabina es "esa hora maldita en que los bares apunto están de cerrar". 2020 está llevando a unos límites insospechados esa sensación de que te van a cerrar el bar. Sabíamos que las tascas eran un elemento muy importante en nuestras vidas, actuando como estaciones de servicio en las que echarle gasolina al cuerpo y al espíritu. De repente se nos ha cortado ese suministro, y tenemos que seguir en movimiento con mucho menos combustible. Podríamos decir que los bares son lo más importante de lo menos importante. 

La carrera de Sabina se ha ido forjando a fuego en estos lugares, y escuchando sus letras hemos ido entrando y saliendo de infinidad de garitos. También hemos reincidido en el mismo bar, con resultados muy dispares. El bar de un pueblo con mar castigó esa reincidencia, y como si de Cenicienta se tratase el hechizo se rompió convirtiéndolo en una sucursal del Banco Hispano Americano. Sin embargo, "El Templo del Morbo" premió el retorno con una voz ardiente susurrando al oído. 

Los bares siempre han aparecido de manera salteada en infinidad de canciones, pero hay una en la que se le da un papel muy protagonista, llegando incluso a titularla; se trata de "El Café de Nicanor". Como si de "La Colmena" de Camilo José Cela se tratrase, Sabina nos va introduciendo a todos los parroquianos habituales de ese local, atendidos por el discreto Nicanor. 

"La noche que Guillermina,

no contenta con la patria potestad,

y el ático en Concha Espina,

quiso el Volvo en propiedad,

tirado en una cuneta me desperté. 

A dos leguas del café,

con una maleta al hombro,

llena de escombros

y un bollo de pan de ayer"

No se limita a dibujarnos a los personajes que se sientan a la mesa más redonda del café, también nos hace una pequeña introducción de los motivos por los cuáles dirige sus pasos hacia ese lugar. El protagonista se encuentra de repente en mitad de la calle, quizá cerca de una glorieta coronada por la estatua de un poeta, tras un divorcio del que no ha salido muy bien parado (probablemente haya reservado ya un colchón en la posada del fracaso). Con sus recuerdos convertidos en escombros, vuelve al lugar donde siempre tiene una copa en la barra y unos viejos amigos con mil historias que contar. 

"Le hemos echado de menos,

me dijo el bueno del barman que me sirvió

vaso largo con limón,

la misma copa de ron,

que el lunes va a hacer un año

me dejé en el mostrador"

"Después de pagar dos rondas

(tres, contando la del baño)

recuperé, entre la condesa y Julio

mi escaño de contertulio,

mi carnet de fundador

de la mesa más redonda

de El Café de Nicanor" 

Se sienta en la mesa más redonda, y la forma de la mesa no es casual, nadie la puede presidir, todos tienen el mismo derecho y el mismo deber con sus compañeros del café. Todos los estratos sociales están representados, desde la nobleza hasta el camello del barrio, desde alguien que ha pisado la luna hasta el que deja rastros  del albero de la plaza. Todos unidos por andar escasos de esas tres cosas que dicen que hay en la vida, y por las que Dios recibe agradecimientos. 

"Estaban Gámez el astronauta,

Gastón el flauta, Mari La Tetas,

El novillero poeta con su mujer.

El pobre Don Agapito

y un camellito sin dientes

paisano de un primo hermano

de algún pariente lejano

de Ana Belén"

Sinceramente pienso que si el Purgatorio existe, se debe tratar de un bar. En pocos lugares se solucionan problemas más complejos, se intercambian opiniones más opuestas y se urden planes más aleatorios. El tiempo se mide en vasos de vino, la osadía en copas de ron y el arrepentimiento en botellas de agua. No existe una captura más fiel de la sociedad que un plano secuencia de un bar, desde la barra de chapa, pasando por la esquina de la máquina tragaperras, recorriendo el pasillo que conduce al baño y saliendo por la ventana donde el camarero atiende a los que están fuera, fumándose la vida. 

"Se nos sube a la cabeza,

la espuma de una tristeza

crespuscular. 

El óxido de los días,

las utopías con hielo,

el azul galimatías

del cielo según San Juan."

La última estrofa de la canción es la más brillante de toda la canción, porque es capaz de encerrar todas las esencias de este bar y es capaz de algutinar los sentimientos que comparten todos los allí presentes. La espuma como vehículo que es capaz de mover la tristeza más profunda y transformarla en euforia cuando pega fuerte en la cabeza. El óxido como prueba irrefutable de los efectos del paso del tiempo, perdón, del paso de las copas.  Las utopías con hielo, porque todos hemos sobreestimado nuestras capacidades con un cubata en la mano, aunque paradójicamente lo que hacen son mermarlas. En resumen, un hermoso galimatías en el que te sientes tan agusto que siempre acabas alargando tu estancia más allá de la hora que en un principio te marcaste de regreso a casa (que no necesariamente hogar). 

"Un calcetín con tomate

y el último disparate

de Nicanor. 

Que cuando le preguntaron

si había estado enamorado,

como es un hombre sincero,

Yo, no señor contestó,

yo siempre fui camarero". 

La guinda final es para el dueño del bar, y es que es bastante frecuente que estos lugares lleven el nombre del señor que te atiende detrás de la barra. A veces se mimetizan tanto con el establecimiento, que son un aliciente más para ir. Creo que en el genero de las memorias o biografías tenemos un gran déficit de aquellas sobre la vida de los camareros. Sabina necesitaba un poco de imaginación para colarse en el traje y la piel de otros hombres, Nicanor simplemente necesita hacer un poco de memoria para relatarte las historias de infinidad de personas. Ha sido testigo de tantas vidas en esas cuatro paredes, que por momentos se ha olvidado de vivir la suya. Creo firmemente que entre los trabajadores fundamentales de una sociedad, deberíamos incluir a todos los Nicanores que a lo largo de nuestra vida nos han facilitado mesas rondas, vasos largos y unos buenos hielos para conservar nuestras utopías. 


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