05 septiembre 2021

Por el Boulevard de los Sueños Rotos

 


"Joaquín, yo vivo en el Boulevard de los Sueños Rotos". Esa fue la frase que Chavela Vargas le dijo al inquilino del número 7 de la Calle Melancolía. Esa frase fue la semilla de la gran amistad entre la Vargas y Sabina. Con esa frase, el flaco se inspiró para escribir una canción que consiguiera burlar todos los miedos. Una canción que homenajease a Chavela y a la historia de su país adoptivo, apuntalando los puentes que unen las tascas de Chamberí con las cantinas de Ciudad de México. Si alguna vez has silbado por Calle Melancolía o has escuchado las sirenas de los petroleros de Desolation Row, tu ruta tarde o temprano te llevará por el Boulevard. 


"En el Boulevard de los Sueños Rotos,

vive una dama de poncho rojo,

pelo de plata y carne morena.

Mestiza ardiente de lengua libre,

gata valiente, con piel de tigre,

con voz de rayo de luna llena"


Para contar la vida de Chavela Vargas seguramente se necesitarían miles de páginas y varios ríos de tinta. Para hacer una descripción perfecta de ella, a Sabina le bastaron seis versos. Con tres colores basta para dibujarla, el rojo de su eterno poncho, el plateado de las canas que ningún escenario se atrevió a teñirle y el moreno de una piel curtida tras varios reveses de la vida. Con tres conceptos se puede repasar su carácter, la valentía con la que vivió siempre, la libertad con la que rompió esquemas y su irrepetible voz de rayo, que la mecía entre el llanto y el canto. Nunca nadie ha cantado "La Llorona" como ella. Cuando consigues asociar tu nombre propio al de una canción popular, estás afianzando tu paso a la posteridad. 


"Por el Boulevard de los Sueños Rotos,

pasan de largo los terremotos,

y hay un tequila por cada duda. 

Cuando Agustín se sienta al piano,

Diego Rivera, lapiz en mano,

dibuja a Frida Kahlo desnuda" 

Recorrer la biografía de Chavela es como recorrer un museo histórico del México del siglo XX. Estaría repleto de cuadros de Diego Rivera y de Frida Kahlo, y el hilo musical correría a cargo de José Alfredo Jiménez y de Agustín Lara. Si has ido a alguno de los restaurantes mexicanos de "La mordida" en Madrid, habrás comprobado que en sus murales se encuentran dibujados varios personajes memorables del país azteca. Casi todos ellos estuvieron presentes en su vida, y Sabina no dudó un segundo en buscarles acomodo dentro del boulevard. Es aquí donde la canción aumentó sus dimensiones, y no se limitó a ser un homenaje a Chavela Vargas, sino a todo el país. Otro pasito más para que ésta también alcance el status de canción popular en algún momento, si es que no lo ha hecho ya. 


"Por el Boulevard de los Sueños Rotos,

desconsolados van los devotos,

de San Antonio pidiendo besos.

Ponme la mano aquí Macorina,

rezan tus fieles por las cantinas,

paloma negra de los excesos"


Pedro Almodóvar dijo una vez que desde Jesucristo nadie había abierto los brazos igual que Chavela. Si ya la habíamos dibujado antes con tres colores clave, al lienzo basta con añadirle un par de trazos que dibujen sus brazos en esa posición de divinidad absoluta. Si el chavelismo hubiera sido una religión, su lugar de oración no sería otro que una cantina; en la que siempre hubiera una botella de tequila para disipar cualquier duda por profunda que fuera. Entre sus oraciones estarían Macorina y Paloma Negra, dos canciones claves en el repertorio de la Vargas. La primera, una canción de amor a una mujer cubana, mestiza, mitad negra, mitad china. La segunda, una canción de desamor, de las consecuencias de una infidelidad. El canto y el llanto, siempre presentes, siempre en un lugar preferente de la vida de Isabel Vargas Lizano. 


"Por el Boulevard de los Sueños Rotos,

moja una lágrima antiguas fotos,

y una canción se burla del miedo.

Las amarguras no son amargas,

cuando las canta Chavela Vargas,

y las escribe un tal José Alfredo." 


Ese llanto que se escapa cuando de repente se aparece ante ti una vieja foto de un pasado, que aunque se haya superado nunca se olvida; y ese canto que suena con fuerza y sirve para espantar a esos fantasmas del pasado. Un canto que pone de pie a los que siguen brindando por un futuro más brillante. José Alfredo Jiménez firmó letras de infinidad de canciones que seguramente conoces y nunca te has parado a pensar en su autoría (si no te lo crees, te reto a que lo compruebes, no menos de 3 las has cantado más de una vez). Chavela Vargas le ha puesto voz a varias de ellas, y en muchos casos ha dejado el listón tan alto, que nadie ha sido capaz de superar su marca hasta la fecha. 


"Se escapó de una cárcel de amor,

de un delirio de alcohol,

de mil noches en vela. 

Se dejó el corazón en Madrid,

quién supiera reir,

como llora Chavela."


Durante muchos años Chavela escandalizó a la gente de la época, cuando en las salas de fiesta aparecía con vestimenta de hombre. En aquellos años no podía proclamar a viva voz su homosexualidad, pero ella consiguió escapar de esa cárcel de amor. El alcohol fue su siguiente gran infierno, hasta el punto de provocar su retirada prematura de los escenarios a finales de los 70. Pero fue otra batalla que consiguió ganar a principios de los 90, y justo ahí fue cuando Joaquín Sabina apareció en su vida y se colocó la primera piedra de este boulevard. Si Sabina tardó 500 noches en aprender a olvidar a una mujer, Chavela se pasó 1000 de esas largas noches en vela.  


24 mayo 2021

Zumo de Neón


La calle y la noche son dos términos innegociables en un contrato Sabinero, en ese espacio tiempo se gestaron sus mejores canciones. A los reporteros de guerra los mandan muy cerca de la primera línea de fuego para que sus crónicas tengan ese toque de autenticidad que las diferencie de una mera exposición de los hechos. Joaquín Sabina fue ese correponsal durante muchos años que se recorría las calles hasta que llegasen las horas ambiguas en las que se mezclan borrachos y madrugadores. Por esas calles vió desfilar a la Melancolía y a la Soledad, allí se cruzó con Princesas, Barbies y Marías de Magdala; esas calles fueron la notaría donde validar un pacto entre caballeros. Siempre se dejó iluminar más por la luz de Luna que por los rayos insolentes del Sol, y en sus negras noches, sus noches perdidas y sus 500 noches se cimentaron varias de las historias más grandes jamás cantadas. Como si de un prólogo se tratase, en uno de sus primeros discos nos hizo un ensayo sobre la noche, los bares y sus personajes, tan certero como imperecedero. Pónganse cómodos que les acabo de pedir un Zumo de Neón. 


 De pronto alguna tarde

te pasan calidad y de repente

los bulevares arden,

la piel recibe un telegrama urgente.


Los bares y los rostros

fascinan un instante, luego mueren,

asómate a mis ojos

si aún no has comprendido lo que quieren.


Estamos asistiendo a una canción rodada en plano secuencia, arrancamos una tarde cualquiera en la que la hora de inicio te la puedes marcar tú, pero la hora final está en el aire. En los primeros versos de la canción ya hemos recibido un par de estímulos, cada cuál que elija su propio sabor. La metáfora de un telegrama urgente llegando a tu piel es tan descriptivo como versátil. Cada uno tiene sus receptores y sus niveles de activación, pero la sensación es la misma, algo o alguien que te saca del ralentí. Ahora es el momento de introducir el tercer término básico del contrato, los bares, como unidades de destino de los viajes sin rumbo. Y esta propiedad conmutativa de calles, noches y bares, no ha variado apenas en 30 años. Incluso cuando el mundo se puso patas arriba, esta fórmula aguantó estoicamente, a pesar de que al Zumo de Neón le quitasen varias vitaminas. 


Los cuerpos que me clavan

sus codos y su prisa son de hielo,

la noche se derrama

sin dejarme chupar su caramelo.


Acabo vomitando

en los lavabos de un antro moderno;

un grupo está tocando

rock and roll a las puertas del infierno.


En el siguiente plano ya estamos en el centro de la pista, esa jungla en la que a veces es complicado abrirse paso, sobre todo en aquella normalidad donde los codos se usan para marcar el territorio y no para saludar a la gente. Cuando las noches se alargan, las posibilidades de que se derramen crecen. Y esa metáfora es otra genialidad del flaco, porque ese verbo es adaptable a muchos sujetos, se pueden derramar copas, personas, planes... Sin embargo en este relato, vemos el derrame en primera persona y damos con nuestros huesos en los baños. Otro lugar en el que se podrían reescribir los cuentos de las mil y una noches. Los baños son como el purgatorio del local y de la noche; ahí muchas veces se decide si la noche acaba en redención o en condena, y si la condena será dulce o amarga.    


El club del desengaño

de madrugada está superpoblado,

la sombra de un extraño

planeta sobrevuela los tejados.


El grueso de la tropa

se afeita para ir a la oficina,

los jefes van de coca,

los curritos de tinto y aspirinas.


Como si de una ópera se tratase, nos adentramos en su tercer acto. Aquí ya estamos rozando el límite de la noche y el día, y nuevamente Sabina simplemente necesita dos versos mayúsculos para indicarnos esa transición; la sombra del planeta sobre los tejados. Justo cuando el Sol empieza su jornada laboral, los primeros testigos son los tejados, porque sobre ellos se proyectan las primeras tímidas sombras, fruto de esa luz que todavía está al ras del horizonte. Pero a su vez hay otro lugar en el que se puede seguir alargando la nocturnidad, ese club del desengaño que podría ser el nombre honesto para los after hours. Y por último, en los versos que cierran la historia hay una reflexión muy acertada sobre como la noche une a los diferentes estratos de la sociedad pero sin dejar de diferenciarse. Los jefes van al reservado y los curritos hacen cola para entrar. Pero todos ahuyentan la depresión de la misma manera, y cuando dan las luces, todos vuelven a sus vidas serias hasta el próximo brindis con zumo de neón. 


Mar donde flotan

piruetas de bufón,

toreros de salón,

amor de garrafón,

dame, dame música idiota

y zumo de neón

contra la depresión,

todos se miran

na-na-nadie se toca.


El estribillo de la canción debería estar cincelado en el suelo de todas las discotecas, pocas veces se ha definido mejor el contexto de esos lugares. Un barrido 360 en el que retrata al tipo de gente que se concentra allí y sus andares. Esas piruetas de bufón valen tanto para el que lleva el ritmo en la sangre como para el que baila de manera ortopédica. La metáfora taurina de los toreros de salón también está muy bien traída, porque eso no deja de ser una mezcla de coso taurino con circo romano. Allí se alternan muletazos con capotazos cuando alguien necesita ayuda o cobertura. Están los que salen a recibir al toro y los que huyen corriendo tras la barrera. Los que salen a hombros y los que acaban revolcados en la arena. También hay un hueco para la crítica de que nadie se toque al bailar, esto al igual que la moda es algo cíclico. Probablemente de los 80 a los 90 con la llegada de la música dance se produjo ese cambio brusco. El siglo XXI le enchufó la electricidad a los ritmos latinos y se cambiaron las tornas de nuevo. El año 2020 desterró el acercamiento social por completo, pero eso es otro tema. 

Luego está la referencia a la música idiota, otro concepto que no desfallece. Esa música que nadie reconoce escuchar en su casa, pero que a todo el mundo le hace un click en el cerebro cuando se encuentra en ese lugar. Y por último, ese líquido elemento que da título al tema, el "zumo de neón" contra la depresión. Y es que muchas veces la mejor terapia es dejar a tu mente navegar a la deriva de este mar, nunca sabes en qué islote te puedes refugiar o a qué naúfrago puedes rescatar. 



11 mayo 2021

Oiga, Doctor


2020 nos provocó a todos un profundo sentimiento de preocupación por nuestras personas más queridas y más vulnerables. Afortunadamente 2021 nos está cambiando ese pesar, y ahora tenemos un sentimiento de pequeña victoria y euforia contenida, cada vez que una de esas personas van recibiendo su dosis. Tenía que ser en el mes de Abril, el más apreciado por Joaquín, cuando él recibiera su primer empujón de vuelta a la vida moderna.


Recordar más las noches que los días, que nos dieran la una, las dos y las tres, que nos calasen hasta los huesos los besos sin dar, que se nos echara encima la hora maldita en la que los bares cerraban... Durante mucho tiempo pensamos que eso ocurría exclusivamente en la vida canalla de Joaquín. Y sin embargo, la realidad nos ha demostrado que esas costumbres eran muy nuestras también. Montado en su caballo de cartón, Sabina ya advirtió que era más tolerable que nos robasen los días que las noches. Ha sido mucho tiempo sin poder levantarle la falda a la Luna.

Esa es la vida que poco a poco queremos recuperar, queremos volver al puesto del rastro, queremos volver al Café de Nicanor, queremos volver a brindar con zumo de neón, necesitamos recuperar el ruido, jugarnos la boca, reclamamos que el diablo se ponga de nuestra parte, deseamos lucir nuestros tatuajes de este pasado bucanero y, pasados los años, intentaremos negar que estuvimos paseando demasiado tiempo por Calle Melancolía. 

11 marzo 2021

¡Eh, Sabina!

En muchas canciones de Sabina se puede percibir que ciertas andanzas están basadas en hechos reales, en sus hechos reales para ser más concretos. Hay otras canciones en las que él se ha encargado de despejar cualquier género de dudas; aunque en su último disco decidiera darle un giro al guión y nos lo negase todo. Lo niego todo es una canción retrospectiva de su carrera, y ha sido el contrapunto perfecto a otra canción que resultó ser una profecía de su personaje. Se trata de ¡Eh Sabina!. Cuando su carrera empezaba a despegar, Sabina decidió poner las cartas sobre la mesa, dejando claro que sus pasiones (mal llamadas vicios) iban a estar muy presentes. 

"Como fumo demasiado

 mi voz se empieza a quebrar,

sueno tan desafinado,

si, do, re, mi, fa, sol, la...

Vivo del cáncer a un paso

sin hacerles caso a..."

Por aquel entonces apenas se percibía que su voz hubiera empezado a quebrarse, pero quizá el ya era consciente de que el aguardiente se iba a quedar a vivir para siempre en las arrugas de su voz. Si tuviéramos que elegir un objeto que representara a Sabina, seguramente habría consenso con el bombín. Pero no olvidemos que hasta que el siglo XX no llegó a su fin, ese complemento no tuvo un papel tan protagonista. Ampliando el horizonte temporal, el cigarrillo ha sido el único que le ha acompañado desde el principio, y ni siquiera una nube negra consiguió arrebatárselo de las manos. 

"Como bebo demasiado

y no me sé controlar,

del trabajo me han echado

por falta de seriedad.

Que me pongan otro vaso,

no pienso hacer caso a..."

Sabina siempre le mostró sus respetos al Whisky, rápidamente nos dejó claro que él no era de mancillarlo a base de sodas. Como un buen bebedor profesional, era más de dejarlo on the rocks, aunque eso implique que esos pequeños placeres vitales sean tan intensos como efímeros. El tequila también ha ocupado un lugar privilegiado en el Sabina Bar, aunque Chavela Vargas le confirmó que el mejor tequila ya se lo bebieron entre ella y José Alfredo. Sin embargo, la historia nos acabó mostrando como los tequilas acabaron perdiendo la batalla por 6 a 1, frente a su otra pasión, las mujeres. 

"Como salgo demasiado,

con chicas a vacilar.

Del trabajo me han echado,

por falta de seriedad. 

Gozando las noches paso,

sin hacerles caso a..."

Pese a que sus aves de paso todavía no habían roto el cascarón, Sabina ya nos iba avisando de cuál iba a ser su mayor vicio, pasión, inspiración y perdición. Como sus princesas acabarían siendo superstars y su Magdalena acabaría llenando el vacío dejado por su Soledad. Como las medias negras, bufandas a cuadros y minifaldas azules acabarían vistiendo a frentes altas y lenguas largas. Y, finalmente, contra todo pronóstico como una Rosa de Lima acabaría proporcionándole la felicidad doméstica a la que tantas veces burló. 

"Los que me dicen...

Eh, Sabina, ten cuidado con la nicotina. 

Eh, Sabina, ten cuidado con el Paternina. 

Eh, Sabina, ten cuidado con la Josefina.

Naranjas de la China, no,

dame sexo y rock and roll."

12 febrero 2021

72 Supervivencias


Más amigo de Paterninas, Nicotinas y Josefinas que de pastillas para no soñar, Joaquín Sabina sigue sin cansarse de celebrar su supervivencia. Hace un año su cumpleaños fue bastante accidentado, pero acabó convirtiéndose en una muesca más de su revólver y un nuevo capítulo en la leyenda de su mala salud de hierro.

Un año verdaderamente raro, en el que vio como a todo el mundo le robaron el mes de Abril, las ciudades se llenaron de largas noches, calles frías, factorías detenidas y coches que dejaron de arrancar. Solamente faltó que en verano no cesara de nevar.

Un año verdaderamente duro, en el que la muerte de varios amigos le dolió mucho más que la que acostumbra a rondarle. Se marchó su gran amigo Aute, presente en sus primeras actuaciones en La Mandrágora y testigo de su consagración en el Teatro Salamanca. Se marchó Pau Donés, alquien que también paseó por su Calle Melancolía al tiempo que era capaz de agarrar con fuerza el tranvía hacia el Barrio de la Alegría. Y su alma argentina se quedó desolada al tener que despedirse en poco tiempo de sus Dieguitos y sus Mafaldas.

Un año verdaderamente feliz, en el que se casó con su Rosa de Lima. Jimena ha sido pieza fundamental durante muchos años en la vida de Joaquín, y la gran artífice de su felicidad doméstica y del aclarado de las nubes negras que lo asolaron a principios de siglo.

Pero este convulso año no le ha impedido seguir componiendo, y nos regaló junto a su fiel escudero Leiva, un canto al espíritu de resistencia del que han hecho gala todos los atléticos y que Joaquín ha abanderado. Por muchos años más ¡¡Felicidades Joaquín!!.

02 febrero 2021

Por el túnel

 


¿Te imaginas que hubiera una canción que combinase las historias de Princesa y la Magdalena? ¿Y si te digo que esa canción ya existe? ¿Y que esa canción la escribió Sabina un poquito antes que la historia de la muñeca de sucia camisa, y muchos años antes que la de la más señora de todas las putas? Pues acompáñame a transitar este túnel donde solamente las flores más oscuras consiguen florecer mientras el resto se marchitan. 

"Por el túnel" le dio el pistoletazo de salida a esas historias de Sabina y las mujeres que acaban desfilando por el filo de la navaja, toreando a la vida con su bolso y librando batallas que en numerosas ocasiones las gana el olvido. Con su maestría habitual (aunque por el año 1984 era incipiente todavía) en los dos primeros versos ya nos consigue situar perfectamente en el plano de esta canción. Un viaje nostálgico hacia un tiempo mejor, y hacia un lugar en el que fue muy feliz. No tan grandilocuente como Comala, en esta ocasión es simplemente la casa con jardín de una vieja amiga. Si en su niñez la referencia cinematográfica por excelencia de Sabina eran las películas de romanos, en esta ocasión, más a medio camino entre la juventud y la madurez, nos traslada al lejano oeste. El porta su sombrero de llanero solitario y ella su cancán de bailarina. Y cuando todavía no nos hemos terminado de bajar del caballo ya sabemos del paradero de esta mujer; un bar de luces azules, rojas y amarillas. 


Regreso al tiempo en que te conocí

Cuando el mundo acababa en tu jardín

Yo era el cowboy más duro de la Unión

Y tú la bailarina del saloon

Todas te aventajaban en virtud

Pero ninguna daba lo que tú

Luego volaste, alguien me contó

Que has hecho del amor tu profesión


Y sin tiempo apenas para digerir esta secuencia de acontecimientos, aparece el estribillo para asestar un golpe certero; un cóctel explosivo que mezcla nostalgia, remordimientos y enlaza los momentos claves de esta travesía por el túnel. Con una referencia temporal, en este caso el invierno (probablemente seguido de un robo primaveral). Con una referencia social, ese amigo que decidió apearse de su vida, no sabemos pero intuímos que con secuelas importantes en la vida de ella. Y, finalmente, con una referencia personal en la que se empezó a torcer el renglón de un cuento de hadas; un abandono y varios resbalones que le acaban poniendo en una casilla del tablero en la que nunca pensó que acabaría. Es ahí donde la encuentra de nuevo el tipo más duro de La Unión. 


Desde que aquel invierno terminó,

desde que aquel amigo se esfumó,

desde que decidiste abandonar,

desde que comenzaste a resbalar 

Por el túnel que lleva

donde crece la más oscura flor 

de la ciudad.


El tramo final de la canción le ofrece un pequeño consuelo a la, en teoría, desdichada protagonista de la historia. El cowboy ya no presume de la dureza de antaño, probablemente las muescas que antes lucía en el cinturón ahora le duelen en el corazón. Con un breve repaso de como los avatares de la vida han ido afectando a todos los de aquel grupo de antaño, descubre que nadie tiene un brillo particularmente fuerte. Que si al final de este túnel se ve una luz, no es porque a ellos les haya ido especialmente bien. Con un verso pone sobre la mesa como esa felicidad doméstica de hijos y domingos de fútbol está más cerca del tedio que de la pasión. Intentando recuperar esta última, acaban concertando una cita por los viejos tiempos. Y como si de una confesión se tratase, le acaba concediendo la absolución. 


Yo sigo igual, ya ves, aquí en Madrid,

las cosas no dan mucho más de sí.

Un día te llamo y vamos a cenar,

espero me hagas un precio especial.

El resto de la banda se perdió,

el maldito reloj los engulló, hacen quinielas, hijos,

van al bar, tu oficio no es peor que los demás.


Esta canción también fue la primera vez en la que pudimos disfrutar de la estrecha amistad entre Joaquín Sabina y Los Secretos. Los hermanos Urquijo grabaron su propia versión de este tema, con un areglo musical diferente. Son los dos únicos registros musicales que tenemos de este tema. Lástima que Sabina nunca haya decidido rescatarla. Por el túnel conseguimos llegar a las islas de la moda de Princesa y aparcamos junto a las caderas de María de Magdala.