02 agosto 2018

Todavía una canción de amor

Las buenas canciones cuentan historias en su letra, las excelentes también tienen la historia de cómo se gestaron. Este es el caso de "Todavía una canción de amor". Joaquín se encontraba en un bar (léase Boliche) de Argentina, sentado en un rincón. De repente alquien se le acercó y le dijo: "No me jodas Sabina, ¿estás escribiendo una canción?". Ese alguien era Andrés Calamaro, y a fue el que a la postre le pondría música a la letra de Joaquín. La historia de la letra es más bien una tesis completa sobre un tema tan complejo y a la vez tan cantado como el amor. 

"No te fíes si te juro que es imposible

no dudes de mi duda y mi quizás 

el amor es igual que un imperdible
perdido en la solapa del azar"

Como toda buena tesis, el título aclara bastante el contenido de la misma. Los primeros versos ya son toda una declaración de intenciones, vamos a asistir a un bombardeo de contradicciones, declaraciones, miedos, verdades a medias, mentiras piadosas; la caja de Pandora de Venus y el cajón de sastre de Cupido. Con esta primera estrofa, ya podía haberse levantado de la silla y haberse pedido la última copa, pensando en el próximo bar. Había dibujado a la perfección las dudas infinitas que lastran a un "sí" con varios "no". Esa puerta que no se quiere cerrar del todo, pero da miedo cruzar porque no se sabe lo que espera detrás. Esos imposibles que se sueltan con una facilidad pasmosa y que a veces el tiempo se encarga de borrarles el prefijo. 

"La luna toma el sol de madrugada

nunca jamás quiere decir tal vez

la muerte es una amante despechada 
que juega sucio why no sabe perder"

No se levantó de la silla, y siguió con la clase magistral y se adentró en el capítulo de los contrastes. Siempre hay un punto intermedio, una bisagra que atrae a los polos más opuestos y los hace plegarse. Una madrugada que junta a la Luna y al Sol, a fin de cuentas los dos comparten la misma luz, aunque a la luz de la Luna las dudas y los quizás, se vean muy diferentes que a la del Sol. Algunos análisis sesudos afirman que el amor se trata de una reacción química que se produce en el cerebro, pero dudo que hayan encontrado la fórmula que explique como un "nunca jamás" se puede convertir en un "tal vez". Química puede que haya pero el cerebro no es el tubo de ensayo de la misma. 

"No corras si te llamo de repente

no te vayas si te grito piérdete

a menudo los labios más urgentes 
no tienen prisa dos besos después"

El siguiente capítulo en forma de estrofa, se ocupa de esa cuerda invisible que se tira y se afloja, pero con una lógica un tanto peculiar; la que tirando espera aflojar y viceversa. De ahí que se pida no acudir raudo a una llamada, ni tomar como definitivo un adiós; sino convertir en esa cuerda en una goma que nunca termina de romperse. Esto sirve de prólogo para dos de los versos más célebres, y que sin duda alguna son el punto álgido (con G) de la canción "a menudo los labios más urgentes, no tienen prisa dos besos después". Puede haber múltiples interpretaciones para esos versos, yo los voy a enlazar con una frase de mi película favorita (Big Fish): “Dicen que cuando conoces al amor de tu vida el tiempo se detiene, y es verdad, lo que no te dicen es que cuando se pone en marcha lo hace aun más rápidamente para recuperar lo perdido.”

"Se aferra el corazón a lo perdido

los ojos que no ven miran mejor

cantar es disparar contra el olvido
vivir sin ti es morir en la estación"

La tesis no estaría completa sin un apartado especial para el perdedor, figura imprescindible en el universo sabinero, y sus heridas que escuecen a golpe de sístole y diástole. Aunque el tiempo aplique sus curas, las cicatrices quedan ahí, como recuerdo de lo que pudo haber sido, de lo que fue o de lo que nunca debió ser. Y para evitar que el tiempo traiga de la mano al olvido, hay diversas técnicas para evitarlo, Joaquín nos invita a cantar para no darle tregua. 

"Estoy tratando de decirte que 

me desespero de esperarte,

que no salgo a buscarte porque sé
que corro el riesgo de encontrarte
que me sigo mordiendo noche y día 
las uñas del rencor
que te sigo debiendo todavía 
una canción de amor"

Para el epílogo dejamos el estribillo. Un estribillo enérgico, confuso, ambiguo... Una mezcla de miedo y valentía a dar el primer paso, de querer y no poder o poder y no querer. Un estribillo en el que "se trata de decir", porque hay cosas que cuestan mucho decir. Indirectas muy directas que no se saben coger, o tan indirectas que no se saben lanzar.  Un resumen perfecto de lo complejas que son esas reacciones químicas que tienen lugar en el sistema nervioso. 

12 julio 2018

¿Quién me ha robado el mes de abril? (Sinatra)

Ya sabíamos que el marido de la madre, la chica de BUP y el hombre del traje gris habían denunciado el robo del mes de abril. Sin embargo, hay otro denunciante que es menos conocido en la parroquia Sabinera. Se trata del pasajero del invierno, también conocido como inquilino de la soledad. Aunque fuera el último en llegar a la ilustre lista de carentes del mes de las lluvias, éste cuenta con un detalle que lo hace especial, ya que es el representante del séptimo arte. 

Estos versos forman parte de una versión especial, más conocidas como "rarezas", del tema "Quién me ha robado el mes de Abril", que sirvió de Banda Sonora para la película española "Sinatra". En dicho filme Joaquín Sabina ejerció de productor musical haciendo uso del disco "El hombre del traje gris". Tanto el disco como la película (e incluso un servidor) vieron la luz en 1988. Hay varias canciones del disco,  con diversos ajustes, que conforman la banda sonora del largometraje protagonizado por Alfredo Landa. 

Además de Landa, el reparto lo conforman diversas actrices muy conocidas del cine patrio, como son Maribel Verdú, Ana Obregón y Mercedes Sampietro. El personaje de Landa es el de un imitador de Sinatra que trabaja en un cabaret, y el propio Sabina aparece en la película, haciendo un cameo imitando a Groucho Marx.

No es la única aparición de Sabina en el mundo del celuloide, pero sin duda ésta es la película en la que es más notoria. Seguramente que la figura del protagonista sea un perdedor, le venía como anillo al dedo al tono general del disco "El hombre del traje gris". 

29 junio 2018

Juana La Loca

Ayer fue el día internacional de la comunidad LGTBI y el pistoletazo de salida para las fiestas del orgullo, que en Madrid se extenderán hasta el próximo fin de semana. Este año se va a rendir un homenaje a aquellos pioneros, que hace 40 años, salieron a la calle por primera vez a celebrarlo. Unos años después Sabina y Krahe componían la canción "Juana La Loca",  un homenaje a todos aquellos valientes que abrían el armario por primera vez; justo cuando más pesaba la puerta. 

Aunque en aquella época todavía no había rastro del lodazal de Twitter, algunos le colgaron el cartel de homófoba a la canción. Un error mayúsculo que  la propia letra lo desmiente por si sola, y la historia que se esconde tras la misma desmonta la acusación completamente. La canción está dedicada a su abuelo Ramón, y él mismo contó la historia en el libro Sabina en carne viva, de Javier Menéndez Flores. 

"Mi abuelo Ramón era un viejecito con el pelo blanco cuya mujer, que se llamaba Rosa, murió muy joven. Mi abuelo vivió muchos años, hasta los ochenta y tantos (...). Él nunca conoció otra mujer, era un tipo intachable, querídisimo y respetadísimo en el pueblo. Era carpintero y todo el mundo le llamaba Tío Ramón. En mi casa, en Madrid, en Tirso de Molina, no hay una sola foto de mis padres, pero si te fijas el próximo día que vayas, verás una de mi abuelo. Su cara es exacta a la mía y a la de mi hija Carmela. 

Bueno. Era un carpintero. Un carpintero que se ponía una camiseta de esas blancas de tirantes que llevan ahora los metrosexuales pero que en ésa época solo las llevaban los pobres, y se sentaba a la puerta de casa a leer a García Lorca en años en los que García Lorca era un rojo maricón. ¿Me explico? (...) 

El caso es que mi abuelo y mi madre nunca se llevaron bien. El abuelo Ramón tal vez sea el miembro de mi familia al que más amo, y sin tal vez (...) Bueno, acabaré la historia. Con ochenta y un años sostuvo mi madre que pilló a mi abuelo mariconeando con un viejecito que se llamaba Pesetilla, enjuto como era, y formó un escándalo que te cagas. Mi padre siguió leyendo el periódico, mi hermano no dijo nada y yo quería matar a mi madre. Yo oía a mi madre decir en las comidas, mientras mi padre se atrincheraba tras el periódico: "Yo a los maricones los ataba a una rueda de molino y los tiraba al mar", y mi pobre abuelico ahí, calladito. 

Mi padre siempre fingió que no se había enterado. Esa fue su actitud general ante la vida. Mi padre no se enteró de Franco ni de los muertos ni de las detenciones, no se enteró de nada. Tampoco se enteró de mí. Era un buen hombre. En fin". 

Seguramente haya muchas historias parecidas, sobre todo entre aquellos pioneros de 1978, que se vean reflejadas tanto en Ramón como en "Juana La Loca". Esta canción fue una de las primeras de Joaquín, y ya aquí apuntaba las maneras en las que años más tarde se haría maestro; escribir canciones que cuentan historias urbanas y que esa misma gente de la calle convierte en himnos o banderas (multicolor en este caso). 

22 junio 2018

Las arrugas de la voz

No siempre el quiero consigue ganar la guerra del puedo, y aunque el escenario pueda conseguir teñir las canas no hace lo propio con las arrugas de la voz. "Que no les engañen, envejecer es una mierda". Con esas sinceras palabras, Sabina alertaba al público que asistía a un nuevo concierto de los inconvenientes de seguir añadiendo decenas a sus cuarenta y diez. Fue en Madrid, ciudad en la que el niño de Úbeda nunca ha dejado de soñar que escribía, en cuyos rincones literalmente se ha ido dejando la vida. El último jirón de piel fue en el escenario del una vez llamado Palacio de los Deportes, y se llevó consigo la voz de Joaquín.

A veces es necesario ver al Martínez que se encuentra justo debajo del Sabina con bombín. Es peligroso que el mito nos impida ver al hombre, no se puede pretender que si Martínez está sufriendo en el escenario, Sabina pueda completar la tanda de bises. No es sencillo, ni para el propio Joaquín, que lleva casi una década intentando dejar claro que cada gira será la última. Ha tenido que negar el sobrenombre de "profeta del vicio", pero de todos esos vicios seguramente el más adictivo haya sido el de subirse al escenario para abrigar el corazón de infinidad de personas. Si al mito se le adora, al hombre hay que respetarlo y juzgarlo con honestidad. 

Ha habido mucho ruido estos días, un ruido escandaloso, porque la figura de Sabina es de tales dimensiones que nadie quiere desaprovechar la oportunidad de apuntarse tantos a su costa. Hemos tenido la ocasión de ver desfilar al torpe maletilla, al joven aprendiz de pintor, a la vecina que jamás saludaba, y como no, al crítico indignado que acusa; demasiado ruido. 

No olvidemos que esta gira arrancaba hace más de un año, que le ha dado la vuelta al mundo en varias ocasiones; y que en la inmensa mayoría de esos conciertos, desde el primer verso de "Lo niego todo" hasta que agarraba los platillos para despedirse recetando "Pastillas para no soñar", transcurrían dos horas y media. Esa es la medalla que le ha dado la vida, aunque de vez en cuando se le cruzasen hombres de traje gris. 

Dicho esto, también es justo dejar que Martínez agarre el tranvía que lo saque de "Calle Melancolía" cuando quiera. Y si en el barrio de la alegría ya no hay más escenarios, tendremos que ser nosotros los que sigamos silbando las melodías de Sabina. 

11 junio 2018

Azul Sabina


Junten a tres de los artistas más importantes de la música latina del siglo pasado y presente. Repartan entre ellos el trabajo de poner música, letra y voz a una canción. Busquen el marco de un género musical clave en la cultura afroamericana, partiendo desde el delta del río Misisipi, cruzando el mar Caribe, retomando las dulces aguas del Amazonas y finalmente añadiendo de nuevo unas gotas de agüita del mar andaluz. El resultado da un blues a manos de Juan Luis Guerra, Juanes y Joaquín Sabina. Como colofón traduzcan el género a lengua Cervantina y apellídenlo. ¿El resultado? "Azul Sabina". 

"Azul

Busco un acorde azul
Un viento suave
Cuatro notas graves
Que me den las llaves de un Blues"


Contaba Juanes como se gestó este blues tan latino, Juan Luis y él afinaron la melodía y se la pasaron a Joaquín para que le pusiera letra. El colombiano ya tenía en la cabeza titular a la canción con el color del mar, y cuando recibió la letra del ubetense decidió que era de justicia acuñar una nueva tonalidad, el azul Sabina. De hecho es el punto de partida de la letra, mentar al azul esperando que su traducción al inglés la convierta en una letra de blues.

"Atrás, duele mirar atrás

Paisa, te acuerdas
Cada vez que pierdas
Date cuerda y vuelve a empezar
No seas una estatua de sal"

El despliegue musical de la canción es espectacular, digno del maestro dominicano Guerra. La presencia del violoncelo y el violín acompañados de una pequeña orquesta te sitúa inmediatamente en una película del Hollywood de hace varias décadas. Es una canción para sentarse en un cómodo sillón mientras remueves con tranquilidad una copa del licor que más recuerdos te traiga. 

"Una canción con un mapa en la voz

Una canción mejor que tú y que yo
A flor de piel, una balada
Con miel tostada y mi sol"

Si los recuerdos son malos, mejor recuperarlos acompañados de la lección que se aprendió, o sacar a relucir la batalla perdida si fue clave para ganar la guerra. Las estatuas que perduran en el tiempo nunca son de sal, a esas se las lleva el primer viento de la mañana. Ni siquiera podrían darnos el cambiazo con una de azúcar, como mínimo deberíamos exigir una de chocolate. Esa sería el avituallamiento perfecto para una travesía en el barco de Peter Pan. 

"Acuérdate de olvidarte de mi
(Nunca de mí)
No dejes que te oxide el porvenir
(El porvenir)"

En el cuaderno de bitácora de tan pintoresca embarcación contaría con un mapa muy sencillo (esta canción) un destino único (la Isla de Robinson) y un equipaje ligero (un verso y un acordeón). Estamos ante un cuento, lleno de fantasía y falto de fórmulas matemáticamente demostrables. Eso sí, con una moraleja muy cristalina: "No digas que no, porque sí". Se deberían exigir unas razones muy poderosas para negar la mayor, para torcer el gesto, para dar un paso atrás. Sin embargo, se deberían conceder las sonrisas, los saltos sin red y los asentimientos sin avales.

"Cuando quieras escapar
En el barco de Peter Pan
A las playas de Robinson
Con un verso y un acordeón"

Dedica siempre el tiempo necesario para recordar olvidarte de alguien. Alguien que mereciera al menos una estatua de chocolate, que te hubiera o te pudiera endulzar la existencia. Vas en el barco de Peter, puedes tirar por la borda a todos los corsarios sin Pedigree que te intentaron oxidar el porvenir. 

"No cuentes cuentas del rosario
De un corsario sin pedigree
No digas que no, porque sí"

¿Ya se terminó la copa y la orquesta sigue tocando? ¿No te olvidas de alguien? ¿Quizás es el Robinson que sabe tocar el acordeón que llevas de equipaje?  ¿Tienes unos versos que riman con Robinson? Pues ya es hora de demostrar el movimiento andando, y dejar que tu mente te siga cantando "No digas que no, porque sí". 

30 mayo 2018

María Dolores Pradera

Ayer nos dejó María Dolores Pradera, una de las mayores exponentes de la canción popular en español. Tanto que incluso algunos se han referido a ella como "La flor de la Canela"; un valsecito peruano de Chabuca Granda que se considera como el himno oficioso del país andino. Una canción que cantó junto a Joaquín Sabina y que dió como resultado un bonito contraste entre la voz de seda de María Dolores y la voz aguardentosa de Joaquín. Probablemente más de una vez Sabina haya cambiado los versos de "déjame que te cuente Limeña, por déjame que te cuente Jimena".

Los dos unidos por su amor eterno a la música latinoamericana, y consiguiendo que gente de generaciones muy posteriores, se haya empapado de grandes canciones de José Alfredo Jiménez, Chavela Vargas o Violeta Parra. La discografía de María Dolores Pradera es la mejor cumbre hispano-americana que se puede hacer. No encontrarán mejores discursos que en esas letras, y nadie transmitirá un mensaje mejor que la voz de María Dolores. 

Además de la canción de Chabuca, Sabina y Pradera nos volvieron a regalar un dueto con otro vals, "Jugar por jugar"; el vals de los recuerdos, el que se debe bailar llorando de alegría. En esa canción se alentaba a dar serenatas en los cementerios muriéndose de risa. Me quedo con esos dos conceptos para despedir a la "Gran Dama" que era capaz de bailar sobre el escenario mejor que nadie con el simple movimiento de sus manos. 





27 mayo 2018

Milonga del moro judío

Es bastante frecuente que nos refiramos a Sabina como "maestro", pero no todos los que lo hacemos podemos considerarnos alumnos suyos, al menos no presenciales. Los que si tienen el privilegio y el talento de ser alumnos presenciales acaban sacando un gran rédito a las clases magistrales de Joaquín. Tal es el caso de Jorge Drexler, al que una sola clase particular con Sabina en varios bares de Montevideo, tras telonearle en un concierto, le hizo más mella que una licenciatura en Medicina. 

La valía de un maestro no se ciñe exclusivamente a sus dotes para transmitir conocimiento, sino también a su capacidad para detectar precoz talento a su alrededor. Una vez detectado, el siguiente paso es ser capaz de colocar a su mirlo blanco en el camino correcto donde poder explotar sus cualidades. Así ocurrió con Jorge esa noche en Montevideo, donde le conminó a cambiar el auscultador por la guitarra definitivamente. Esto ocurrió a mediados de los 90, probablemente la década más prolífica en la carrera de Sabina, en la que también apadrinó a un tal Andrés Calamaro y sus Rodríguez. 

Todo buen maestro que se precie, antes que fraile ha sido cocinero, y esto ayuda a explicar el origen de la Milonga del Moro Judío que enlaza a Drexler con Sabina. Joaquín actuó como intermediario al proporcionarle el estribillo de la misma, unos versos de Chicho Sánchez Ferlosio, quien a su vez fuera uno de los referentes del flaco. Sabina le dictó los versos a Jorge una noche en Madrid, y le desafió a escribir las estrofas de la canción en "décimas". Aquí lo tenemos, el maestro mandando deberes al alumno aventajado. 

Si desconocéis lo que es una "décima", no os preocupéis, Jorge tampoco lo sabía en aquel momento. Recientemente en una charla TED, Drexler contó esta anécdota y explicó lo que son las décimas, así como el trasfondo de esta canción y el por qué de la insistencia por parte de Joaquín en que escribiera la canción. 

El maestro Sabina consiguió que el Doctor Drexler pasara de pasar consulta en un hospital a hacerlo sobre un escenario. De esta manera su lista de pacientes creció de manera exponencial, y de igual manera sus recetas se hicieron más efectivas; ya que muchas veces con una guitarra se es capaz de detectar con más precisión los movimientos del corazón que con un auscultador. 


16 mayo 2018

¡Qué manera de soñar!

Hace quince años que el Atlético de Madrid celebraba su centenario y que Sabina escribía el himno del mismo. En aquel entonces llamó mucho la atención que dentro de la letra de un himno a un club de fútbol apareciera el verso ¡Qué manera de palmar!. En aquellos años todavía estaban muy recientes las heridas provocadas por las cenizas de un bienio en el infierno. Mucho ha cambiado la historia desde entonces, hoy acaba de levantar su tercera Europa League a las que hay que sumar una Liga y una Copa del Rey. 

También dejó hueco para estos momentos de celebración en el himno, contrarrestando el verso anterior con un ¡Qué manera de vencer!. Al igual que la leyenda del pupas tampoco ha dejado de alimentarse en los últimos tiempos. Dos finales de Champions contra el Real Madrid, en la que se infartaron tanto los corazones de la ribera del Manzanares como los de Chamartín; y que hicieron bueno un tercer verso ¡Qué manera de sufrir! al perderlas de manera muy dolorosa. 

Hoy vuelve a ser día de fiesta en el Metropolitano, donde lloraba el abuelo de Sabina, y donde curiosamente puede que un día acaben llorando sus nietos.  Dentro de la convocatoria histórica de jugadores rojiblancos que Sabina hacía en el himno, se encuentra alguien que ha sido pieza clave en que la manera de vencer haya superado a la manera de palmar, el Cholo Simeone. 

Otro verso del himno también podría valer como crónica de este título, ese ¡qué manera de subir y bajar de las nubes! casa perfectamente con el hecho de que esta temporada el Atleti llegó a la Europa League tras una dura eliminación en la fase de grupos de la Champions League. Aquella eliminación cuando se acercaba el frío invierno, ha sido compensada con este título en la plenitud de la primavera. 

Curiosamente este himno cuenta con tres versiones diferentes. La oficial, que me sirvió para ilustrar la primera Europa League, la rockera que ilustró la segunda copa, y por último la versión chirigota que me ayuda a cerrar esta trilogía sabinocolchonera. 

11 mayo 2018

Como un explorador

El perdedor es su universo, así retrataba (entre otros muchos trazos) Aute a Sabina en su directo con Viceversa. Bien pudo tratarse de un bautizo, porque Joaquín hizo bandera de ello en muchas de sus posteriores canciones. Pero esa bandera no la iza en solitario, también la acompaña con la del amor (mayoritariamente con la preposición des). Dos elementos suficientes para resolver la ecuación que presenta la canción "Como un explorador". 


"Después de tanto tiempo al fin te has ido
Y, en vez de lamentarme, he decidido
Tomármelo con calma
De par en par he abierto los balcones
He sacudido el polvo a todos los rincones
De mi alma"

Un explorador que se ve forzado a salir de nuevo a la jungla, al bar y a los horarios que ya creía amortizados tras un periodo de felicidad doméstica. Un bolero que suena de fondo en la habitación, en donde deja secando una almohada regada por lágrimas propias,  mientras se coloca con aseo el sombrero y sale a la calle en búsqueda de miradas ajenas.


"Me he dicho que la vida no es un valle
De lágrimas y he salido a la calle
Como un explorador
He vuelto a tropezar con el pasado
Y he decidido, en el bar de mis pecados
Otra copa de ron"

Estamos ante una canción que cuenta con uno de los elementos Sabineros por excelencia, la sucesión de metáforas para expresar con pasmosa facilidad sentimientos bastante abstractos. Atracar tu velero en otros puertos o colgar tu sombrero en otros percheros son la versión muy mejorada del clavo que saca a otro clavo. Pero es un clavo que no termina de salir, está casi a ras de suelo torácico. Una herida que todavía sangra a poco que haya momentos inoportunos que hurguen en ella. 


"Y en otros ojos me olvidé de tu mirada
Y en otros labios despisté a la madrugada
Y en otro pelo
Me curé del desconsuelo
Que empapaba mi almohada"

Con una discografía tan extensa podemos establecer analogías con el séptimo arte, y encontrar canciones que son precuelas, secuelas, pertenecen a trilogías... etc. Ésta podría ser una precuela del "Posdata" de su último disco. La secuencia empieza con este bolero con bastante nostalgia, y continúa con un amago de ranchera cargado de despecho. El final de la trilogía podría ser "Nos sobran los motivos" aunque no sigan un orden cronológico si lo hacen en nivel de reproche. La primera no quiere romper ningún plato, la segunda ya enseña las uñas, y en la última la vajilla entera vuela por la casa. 


"Con el cartel de libre en la solapa
He vuelto a ser un guapo entre las guapas
Chulapas de madrid
Sólo me pongo triste cuando alguno
En el momento más inoportuno
Me pregunta por ti"

Pero no nos limitemos a buscar en los discos de Joaquín, hagámoslo también en sus libros para llegar al epílogo de esta canción. Situándonos en el Sabina sonetista, este explorador que arrancaba perdiendo se encuentra un as en la manga, "puede celebrar la impúdica belleza de estar triste" y acabar descubriendo que a veces se gana perdiendo a una mujer. 


"Y en otros puertos he atracado mi velero
Y en otros cuartos he colgado mi sombrero
Y una mañana
Comprendí que aveces gana
El que pierde a una mujer"

04 mayo 2018

Quevedo con maneras de Bob Dylan

Cuando Juanito Valderrama compuso su obra más popular, "El emigrante", Joaquín Sabina estaba cumpliendo diez años. Precisamente los diez años que se convertirían en un valor constante que sumar a sus cuarenta, a sus cincuenta y próximamente a sus sesenta. Fue en sus veinte, cuando personificó la figura del emigrante y se marchó de su España querida, probablemente tomando uno de esos sucios trenes que iban hacia el norte. 


"En tus ojos habitan olivares
De tierra cenicienta es tu garganta
Morada habitual de las verdades
Que sólo son verdad si tu las cantas"

Esta historia del siglo XX que une a dos generaciones tiene su broche de oro a comienzos del XXI, cuando Juan Valderrama, hijo de Juanito (curiosamente el diminutivo se aplica en sentido inverso en esta familia), le dedicó una hermosa canción a Sabina. Conviene detenerse en el título "Ahora te toca a tí", se dirige directamente a Joaquín, maestro en dibujar personajes en sus canciones, y le dice que en esta ocasión el modelo es él. 


"Cigarra de la acera incomprendida
Juglar de la derrota incorregible
Guitarra callejera de la esquina
Cara de sacristán, verso terrible"

El retrato va desde sus rasgos más perceptibles, como la tierra cenicienta que rompe su voz, hasta los más intrínsecos a su obra, cuando lo coloca entre Quevedo y Bob Dylan. A la comparación con el músico del medio oeste estamos más acostumbrados que a la del poeta español, pero justamente ahí está el secreto del éxito de Sabina, haberse movido como nadie entre la poesía más pura y el arte más urbano.

"Quevedo con maneras de Bob Dylan
Amigo inseparable de la luna
De acordes y de versos es tu fortuna
Casta y figura digan lo que digan"

Valderrama también lo describe como gitano regalador de talento, no hay que olvidar que sobre la rumba ha cimentado varios de sus clásicos como 19 días y 500 noches o Ruido. Aunque afirme que la Cibeles pueda tener celos del Sabina colchonero que le puso letra a su centenario Atleti; no creo que la Diosa pueda quejarse demasiado a poco que le pregunte a uno de sus leones sobre el interno 16. 


"Gitano que regala su talento
A causas que requieren poesía
Veleta que obedece a un solo viento
Sereno de Calle Melancolía"

Como si del pirata cojo se tratase, Juan le va colando en el traje de muchas vidas. No se reduce a Quevedo, también lo pone en la piel de un Quijote en perpetua busca de su Dulcinea, y es que para llegar a Madrid desde los olivares de Úbeda hay que cruzar la llanura manchega. Pero quizá en el que se sienta más cómodo sea en el de sereno de Calle Melancolía, que no se limita a silbar su melodía sino que firma la banda sonora de todos los viandantes que asoman por las bocas de metro de Madrid.