18 octubre 2018

El árbol de la música

Ismael Serrano abrió  el zaguán de su casa para invitar a más de 6000 familiares y amigos. Nos presentó el árbol genealógico de su carrera musical. Un árbol con profundas raíces, comenzando por su padre Rodolfo que le ponía los discos de Víctor Manuel cuando viajaban al norte; siguiendo por Miguel Ríos al que escuchaba desde su habitación en Vallecas, y no olvidándose de sus comienzos al lado de Javier Bergia. Un árbol con ramas tan fuertes como Pedro Guerra o Nach, ramas con tantas savia como las voces de Pasión Vega y Silvia Pérez Cruz. Un árbol que ha sido capaz de dar frutos tan dulces como Ro
zalén, Zahara, Andrés Suárez, Marwan o Fetén Fetén. 

En mitad del concierto nos recordó que quizá el motivo de que tendamos a preferir los primeros discos de los artistas, sea que realmente nos gustaría regresar al momento en que las escuchamos por primera vez. Las canciones vivas tienen efectos diferentes en en función del pasaje de tu propia historia en que la escuches. Consciente de ello, Ismael hizo que nuestra vida pasara ante nuestros oídos, relatando numerosos momentos claves de la vida de esos 6000 familiares y amigos que estábamos en el Palacio. Momentos a los que Ismael les ha ido poniendo la banda sonora. 

En el concierto nos dió una clase magistral de lo que significa la palabra generosidad. Por un lado, recordando a los grandes  que ya estaban como Silvio Rodríguez o Mercedes Sosa. Por el otro, tendiendo la mano a los grandes que vendrán como Rozalén o Marwan. También demostró que no siempre se cumple eso de que cuando se es joven los ideales los marca el corazón y progresivamente la cabeza los va tornando en sentido opuesto. 

Cuando la noche iba tocando a su fin tuvo lugar la celebración de una misa pagana, con su particular liturgia. En la primera lectura volvimos a escuchar la Carta del Apóstol Ismael a los Papás, ese reproche de juventud cuyo mensaje no ha perdido vigencia, hagan la prueba de cambiar los lugares y las fechas.  Poniéndose en el lugar del padre, procedió a la lectura del evangelio partisano, y demostró que para cantar Bella Ciao de forma creíble hace falta autoridad y principios.  Finalmente, consiguió que su parroquia se pusiera en pie, acudiera a La Llamada y pudiera marchar en paz dando gracias a la Música. 

07 octubre 2018

You (Noa y Sabina)


Sabemos de muchas canciones que Sabina ha escrito para otros artistas y viceversa, canciones de otros artistas que Sabina ha versionado. Hay una tercera vía, menos común, pero con resultados igual de satisfactorios. Es la que exploró Noa, una artista israelí que llegó a la vida de Sabina a través de su primo Serrat. Noa escribió la canción "You" con Joaquín Sabina en mente, y éste hizo una traducción libre de parte de la letra, para cantarla a dúo con ella. Las traducciones libres no le son ajenas al ubetense, que ya hizo varias con letras de Bob Dylan. 
"You, you are the darkest of nights
where I will wander
from alley to alley to alley
in search of a bottle of light."

Por lo tanto tenemos una canción cantada al alimón con contrastes muy notorios, por un lado la voz dulce de Noa contrastando con la aguardentosa de Sabina, y por el otro la lengua de Shakespeare dando paso a la de Cervantes. Noa afinó bien con su pincel a la hora de escribir la canción, puesto que cuenta una historia que nos resulta bastante familiar a la parroquia Sabinera. Una historia de amor llena de polos opuestos, con finales que no llegan a ser del todo felices y numerosas metáforas. 
"You, you are a woman who chose
running half naked
from alley to alley to alley
in search of a knife and a rose."

Tiene una estructura similar a "A la sombra de un león", donde la introducción se desdobla para dibujarnos a ambos personajes, el nudo consigue entrecruzar sus caminos y el desenlace queda un poco a beneficio de inventario de nuestra imaginación. La música actúa como dulce mecedora para ayudar a nuestra mente a realizar ese ejercicio con suma facilidad. 
"So, where does our story go?
Is there an apple to bite, shiny and red
and if I do, will I fall
dead at your feet?"

La canción arranca con Noa describiendo a una mujer aventurera, inquieta, inconformista pero que a su vez invita a algún valiente a seguirle en sus aventuras. Se van sucediendo varias imágenes de cuentos, como la búsqueda de una botella luminosa o la posibilidad de que aparezca una manzana, como si de Blancanieves se tratase, que tenga consecuencias en la historia. Finalmente, le tiende la mano a su posible compañero de viajes exhortándole a desmostrar su valentía con más besos que buenas razones. 

"Yo, huérfano y desertor,
tataranieto de Abraham, crepuscular,
bufón del mes,
vecino de Lavapiés.

No, fui tu príncipe azul
y envejecí en un desván,
Peter sin Pan, Robin sin Hood
silbando un canto viudo."

Sabina le da réplica personando al coprotagonista de esta canción,
que no termina de subirse al carrusel del furo que le propone Noa. Parece que ya se hubiera leído todos los cuentos y supiera que no siempre se acaban comiendo perdices. También se coloca en el extremo opuesto del eje espacio temporal, y considera que ya se encuentra en el ocaso como para iniciar una nueva aventura. Incluso hace entender que su tren ya pasó, no se subió a tiempo y ahora toca quedarse en el desván silbando un canto de Calle Melancolía. 

"You, you make me feel like a fool,
lets run together
from alley to alley to alley
like children escaping the rule."

Noa irrumpe de nuevo la cancíon e intenta sacar a Joaquín de ese desván y llevarlo de nuevo al Barrio de la Alegría. La magia del viejo Peter Pan sigue haciendo efecto en la cabeza de la joven intrépida, y le pide volver a correr como niños que escapan de cualquier norma aburrida y preestablecida. Una segunda oportunidad para escribir un capítulo a cuatro manos. 

"Tú, la favorita de un rey
con su maleta que rueda,
que rueda, que rueda
por un aeropuerto sin ley.

Yo, mendigo de estación,
bastardo del rey David,
yerno del Cid, macho sin fe,
don Juan rendido a tus pies."

Joaquín vuelve para situar a ambos personajes en distintos planos, y en ésta ocasión nos viene a la memoria Princesa. Ella es la favorita de un rey, que viaja por aeropuertos sin ley, entre pompa, circunstancia y glamour. Él es un mendigo de estación, probablemente apeado de algún tren por no contar con billete. El hijo bastardo del rey David, el yerno del Cid, sin duda un perfil muy bajo y alejado de toda épica. Como si de una Cenicienta a la inversa se tratase. 
"So, gently you raise your bow,
I see your eyes full of fire
Robin, no hood,
bad turns to good,
good's an unfaithful lover."

Finalmente, Noa vuelve a arrojar luz para echarle el broche a la canción. En esta ocasión la invitación se torna en una arenga u orden explícita, de sacudirse el polvo a los cajones del alma. Ella es capaz de ver el fuego en sus ojos y convertir lo malo en bueno. Aunque el último verso nos deja con incertidumbre al advertirnos de la efímera fidelidad de lo bueno... 


07 septiembre 2018

A la sombra de un León

Cuando comenzó la mitología griega, pocos podrían imaginar que varios milenios después, habría una obra imprescindible para los amantes de la Diosa Cibeles. Una historia que narra un amor imposible, con toda la belleza y toda la crudeza que conllevan las hazañas condenadas al fracaso. Un regalo para Ana Belén, que podría poner voz a la Cibeles sin problema alguno. Un regalo para Madrid, escenario perfecto para luchar imposibles. Un regalo para la literatura española, ya que el protagonista de la canción podría ser perfectamente la reencarnación de Don Quijote en el cambalache que fue el siglo XX. Un regalo para los oídos con una exquisita música de Bardagí. Y, finalmente, un regalo para el alma; que en los tres minutos que dura se sonríe, se sorprende y se encoge a partes iguales. 

"Llegó 
con su espada de madera
y zapatos de payaso 
a comerse la ciudad"

Una espada de madera y unos zapatos de payaso, no hace falta más descripción para dibujar al personaje que arranca esta breve pero intensa historia con Madrid como escenario. Como todo el que se dispone a intentar un imposible, como conquistar a una Diosa, no está de más recurrir a la ayuda de alguien que esté a la altura de la ardua tarea. Alguien como la Diosa Fortuna, que cuando se trata de Madrid, la llama por su apodo pero de usted; hablamos de Doña Manolita. 

"Compró 
suerte en Doña Manolita
y al pasar por la Cibeles 
quiso sacarla a bailar un vals"

La lógica no dice que unos zapatos de payaso pueden lastrar los pasos, pero no hemos llegado a la parte racional todavía; así que se convierten en botas de siete leguas que nos llevan de la calle del Carmen a la Cibeles en dos zancadas. Una espada de madera parece un arma suficiente para luchar contra otras, aunque estén hechas de un metal muy vil. Un décimo de lotería parece un escudo que resistirá cualquier tipo de infortunio. Una capital del reino, que ante las voraces ganas de comérsela puede resultar un poblachón manchego. 

"Como dos enamorados
y dormirse acurrucados
a la sombra de un león"

Estamos ya frente a los leones, llamados Hipómenes y Atalanta, otra pareja que tiene una historia digna de contar. Atalanta era una niña abandonada por su padre y criada por una osa en el bosque, dónde desarrolló una velocidad notable. Rodeada siempre de pretendientes y reacia a casarse, siempre los retaba a una carrera; en caso de ganarle ella se casaría, en caso contrario él perdería la vida. Un día Hipómenes se plantó en la región y quiso intentar ese imposible también, y curiosamente echó mano de una Diosa para conseguirlo. Venus le consiguió tres manzanas de oro, que Hipómenes utilizó sabiamente para distraer a Atalanta durante la carrera. Ésta perdió la carrera, no sin antes haber intentado disuadir a éste pretendiente, del que había empezado a enamorarse y por cuya vida temía. El tesón y la inteligencia de Hipómenes habían conseguido cautivar a Atalanta finalmente. 

"¿Qué tal?
estoy sola y sin marido
gracias por haber venido
a abrigarme el corazón"

Seguimos por el sendero luminoso, y el plan sigue su curso con nuestro valiente amigo sacando a bailar un vals a la Diosa. La guinda pretende ponerla improvisando un lecho entre los dos famosos leones. Sin embargo, Sabina no suele prodigarse mucho en historias de héroes y gusta más de navegar por el universo del perdedor. En esta canción el Ecuador coincide con la cima del Everest, y tras abrigar el corazón de la diosa, dan las doce de la noche y se empieza a percibir un olor a calabazas. 

"Ayer
a la hora de la cena
descubrieron que faltaba
el interno 16.

Tal vez
disfrazado de enfermero
se escapó de Ciempozuelos
con su capirote de papel."

De repente completamos el atuendo que comenzaba con unos zapatos de payaso y culminaba un capirote de papel. Suficiente para escaparse de cuatro paredes blancas y poner rumbo al Olimpo más cercano. Otro caballero andante tan lleno de nobles ideales como falto de cordura. Una combinación que suele producir personajes entrañables, y a veces incluso envidiables porque carecen de los miedos, reservas y ataduras del común de los mortales. 

"A su estatua preferida
un anillo de pedida 
le robó en El Corte Inglés."

El momento cumbre de la canción llega con otra poderosa imagen. Un loco, apartando momentáneamente su espada de madera del cinto, para poder sacar un anillo de pedida, inclinar la rodilla y levantar la mirada hacia la protagonista única de sus sueños. Un pequeño loco que sin saberlo, se ha agigantado tanto que los zapatos ya no le quedan grandes.

"Con él
en el dedo al día siguiente 
vi a la novia del agente
que lo vino a detener.

Cayó
como un pajaro del árbol
cuando sus labios de mármol 
le obligaron a soltar."

El olor a calabaza ya es intenso y la medianoche da al traste con este cuento de hadas. De repente el anillo pasa a manos de un agent de policía, pierde la magia y se convierte en un falso regalo. La belleza que pueda tener algo material, siempre depende del sentido que le den las personas que están alrededor. Este anillo es el mejor ejemplo de ello, nadie está imaginando como fue esa vida de segunda mano que tuvo. 

"Quedó
un taxista que pasaba
mudo al ver como empezaba
la Cibeles a llorar
y chocó contra el Banco Central."

Finalmente nos metemos de lleno en la piel del taxista que rodea a la Cibeles encarando la Gran Vía, y que en otra imagen imborrable de esta historia, acaba chocando contra una figura clásica de la gente de orden. Probablemente a los leones también se les cayera alguna lágrima de mármol, recordando su historia, que la he dejado a medias y procedo a concluir. Hipómenes y Atalanta, que eran un hombre y una mujer, consumaron su matrimonio en un santuario de Zeus. Éste montó en cólera y decidió convertirlos en leones, condenándolos a tirar del carro de Cibeles durante toda la eternidad y sin poder mirarse el uno al otro. Cuando vuelvan a pasar por la Cibeles podrán comprobar que no se miran, o quizás sí. En ese caso, miren bien si hay alguien durmiendo a su sombra, y no llamen a las autoridades. 

02 agosto 2018

Todavía una canción de amor

Las buenas canciones cuentan historias en su letra, las excelentes también tienen la historia de cómo se gestaron. Este es el caso de "Todavía una canción de amor". Joaquín se encontraba en un bar (léase Boliche) de Argentina, sentado en un rincón. De repente alquien se le acercó y le dijo: "No me jodas Sabina, ¿estás escribiendo una canción?". Ese alguien era Andrés Calamaro, y a fue el que a la postre le pondría música a la letra de Joaquín. La historia de la letra es más bien una tesis completa sobre un tema tan complejo y a la vez tan cantado como el amor. 

"No te fíes si te juro que es imposible

no dudes de mi duda y mi quizás 

el amor es igual que un imperdible
perdido en la solapa del azar"

Como toda buena tesis, el título aclara bastante el contenido de la misma. Los primeros versos ya son toda una declaración de intenciones, vamos a asistir a un bombardeo de contradicciones, declaraciones, miedos, verdades a medias, mentiras piadosas; la caja de Pandora de Venus y el cajón de sastre de Cupido. Con esta primera estrofa, ya podía haberse levantado de la silla y haberse pedido la última copa, pensando en el próximo bar. Había dibujado a la perfección las dudas infinitas que lastran a un "sí" con varios "no". Esa puerta que no se quiere cerrar del todo, pero da miedo cruzar porque no se sabe lo que espera detrás. Esos imposibles que se sueltan con una facilidad pasmosa y que a veces el tiempo se encarga de borrarles el prefijo. 

"La luna toma el sol de madrugada

nunca jamás quiere decir tal vez

la muerte es una amante despechada 
que juega sucio why no sabe perder"

No se levantó de la silla, y siguió con la clase magistral y se adentró en el capítulo de los contrastes. Siempre hay un punto intermedio, una bisagra que atrae a los polos más opuestos y los hace plegarse. Una madrugada que junta a la Luna y al Sol, a fin de cuentas los dos comparten la misma luz, aunque a la luz de la Luna las dudas y los quizás, se vean muy diferentes que a la del Sol. Algunos análisis sesudos afirman que el amor se trata de una reacción química que se produce en el cerebro, pero dudo que hayan encontrado la fórmula que explique como un "nunca jamás" se puede convertir en un "tal vez". Química puede que haya pero el cerebro no es el tubo de ensayo de la misma. 

"No corras si te llamo de repente

no te vayas si te grito piérdete

a menudo los labios más urgentes 
no tienen prisa dos besos después"

El siguiente capítulo en forma de estrofa, se ocupa de esa cuerda invisible que se tira y se afloja, pero con una lógica un tanto peculiar; la que tirando espera aflojar y viceversa. De ahí que se pida no acudir raudo a una llamada, ni tomar como definitivo un adiós; sino convertir en esa cuerda en una goma que nunca termina de romperse. Esto sirve de prólogo para dos de los versos más célebres, y que sin duda alguna son el punto álgido (con G) de la canción "a menudo los labios más urgentes, no tienen prisa dos besos después". Puede haber múltiples interpretaciones para esos versos, yo los voy a enlazar con una frase de mi película favorita (Big Fish): “Dicen que cuando conoces al amor de tu vida el tiempo se detiene, y es verdad, lo que no te dicen es que cuando se pone en marcha lo hace aun más rápidamente para recuperar lo perdido.”

"Se aferra el corazón a lo perdido

los ojos que no ven miran mejor

cantar es disparar contra el olvido
vivir sin ti es morir en la estación"

La tesis no estaría completa sin un apartado especial para el perdedor, figura imprescindible en el universo sabinero, y sus heridas que escuecen a golpe de sístole y diástole. Aunque el tiempo aplique sus curas, las cicatrices quedan ahí, como recuerdo de lo que pudo haber sido, de lo que fue o de lo que nunca debió ser. Y para evitar que el tiempo traiga de la mano al olvido, hay diversas técnicas para evitarlo, Joaquín nos invita a cantar para no darle tregua. 

"Estoy tratando de decirte que 

me desespero de esperarte,

que no salgo a buscarte porque sé
que corro el riesgo de encontrarte
que me sigo mordiendo noche y día 
las uñas del rencor
que te sigo debiendo todavía 
una canción de amor"

Para el epílogo dejamos el estribillo. Un estribillo enérgico, confuso, ambiguo... Una mezcla de miedo y valentía a dar el primer paso, de querer y no poder o poder y no querer. Un estribillo en el que "se trata de decir", porque hay cosas que cuestan mucho decir. Indirectas muy directas que no se saben coger, o tan indirectas que no se saben lanzar.  Un resumen perfecto de lo complejas que son esas reacciones químicas que tienen lugar en el sistema nervioso. 

12 julio 2018

¿Quién me ha robado el mes de abril? (Sinatra)

Ya sabíamos que el marido de la madre, la chica de BUP y el hombre del traje gris habían denunciado el robo del mes de abril. Sin embargo, hay otro denunciante que es menos conocido en la parroquia Sabinera. Se trata del pasajero del invierno, también conocido como inquilino de la soledad. Aunque fuera el último en llegar a la ilustre lista de carentes del mes de las lluvias, éste cuenta con un detalle que lo hace especial, ya que es el representante del séptimo arte. 

Estos versos forman parte de una versión especial, más conocidas como "rarezas", del tema "Quién me ha robado el mes de Abril", que sirvió de Banda Sonora para la película española "Sinatra". En dicho filme Joaquín Sabina ejerció de productor musical haciendo uso del disco "El hombre del traje gris". Tanto el disco como la película (e incluso un servidor) vieron la luz en 1988. Hay varias canciones del disco,  con diversos ajustes, que conforman la banda sonora del largometraje protagonizado por Alfredo Landa. 

Además de Landa, el reparto lo conforman diversas actrices muy conocidas del cine patrio, como son Maribel Verdú, Ana Obregón y Mercedes Sampietro. El personaje de Landa es el de un imitador de Sinatra que trabaja en un cabaret, y el propio Sabina aparece en la película, haciendo un cameo imitando a Groucho Marx.

No es la única aparición de Sabina en el mundo del celuloide, pero sin duda ésta es la película en la que es más notoria. Seguramente que la figura del protagonista sea un perdedor, le venía como anillo al dedo al tono general del disco "El hombre del traje gris". 

29 junio 2018

Juana La Loca

Ayer fue el día internacional de la comunidad LGTBI y el pistoletazo de salida para las fiestas del orgullo, que en Madrid se extenderán hasta el próximo fin de semana. Este año se va a rendir un homenaje a aquellos pioneros, que hace 40 años, salieron a la calle por primera vez a celebrarlo. Unos años después Sabina y Krahe componían la canción "Juana La Loca",  un homenaje a todos aquellos valientes que abrían el armario por primera vez; justo cuando más pesaba la puerta. 

Aunque en aquella época todavía no había rastro del lodazal de Twitter, algunos le colgaron el cartel de homófoba a la canción. Un error mayúsculo que  la propia letra lo desmiente por si sola, y la historia que se esconde tras la misma desmonta la acusación completamente. La canción está dedicada a su abuelo Ramón, y él mismo contó la historia en el libro Sabina en carne viva, de Javier Menéndez Flores. 

"Mi abuelo Ramón era un viejecito con el pelo blanco cuya mujer, que se llamaba Rosa, murió muy joven. Mi abuelo vivió muchos años, hasta los ochenta y tantos (...). Él nunca conoció otra mujer, era un tipo intachable, querídisimo y respetadísimo en el pueblo. Era carpintero y todo el mundo le llamaba Tío Ramón. En mi casa, en Madrid, en Tirso de Molina, no hay una sola foto de mis padres, pero si te fijas el próximo día que vayas, verás una de mi abuelo. Su cara es exacta a la mía y a la de mi hija Carmela. 

Bueno. Era un carpintero. Un carpintero que se ponía una camiseta de esas blancas de tirantes que llevan ahora los metrosexuales pero que en ésa época solo las llevaban los pobres, y se sentaba a la puerta de casa a leer a García Lorca en años en los que García Lorca era un rojo maricón. ¿Me explico? (...) 

El caso es que mi abuelo y mi madre nunca se llevaron bien. El abuelo Ramón tal vez sea el miembro de mi familia al que más amo, y sin tal vez (...) Bueno, acabaré la historia. Con ochenta y un años sostuvo mi madre que pilló a mi abuelo mariconeando con un viejecito que se llamaba Pesetilla, enjuto como era, y formó un escándalo que te cagas. Mi padre siguió leyendo el periódico, mi hermano no dijo nada y yo quería matar a mi madre. Yo oía a mi madre decir en las comidas, mientras mi padre se atrincheraba tras el periódico: "Yo a los maricones los ataba a una rueda de molino y los tiraba al mar", y mi pobre abuelico ahí, calladito. 

Mi padre siempre fingió que no se había enterado. Esa fue su actitud general ante la vida. Mi padre no se enteró de Franco ni de los muertos ni de las detenciones, no se enteró de nada. Tampoco se enteró de mí. Era un buen hombre. En fin". 

Seguramente haya muchas historias parecidas, sobre todo entre aquellos pioneros de 1978, que se vean reflejadas tanto en Ramón como en "Juana La Loca". Esta canción fue una de las primeras de Joaquín, y ya aquí apuntaba las maneras en las que años más tarde se haría maestro; escribir canciones que cuentan historias urbanas y que esa misma gente de la calle convierte en himnos o banderas (multicolor en este caso). 

22 junio 2018

Las arrugas de la voz

No siempre el quiero consigue ganar la guerra del puedo, y aunque el escenario pueda conseguir teñir las canas no hace lo propio con las arrugas de la voz. "Que no les engañen, envejecer es una mierda". Con esas sinceras palabras, Sabina alertaba al público que asistía a un nuevo concierto de los inconvenientes de seguir añadiendo decenas a sus cuarenta y diez. Fue en Madrid, ciudad en la que el niño de Úbeda nunca ha dejado de soñar que escribía, en cuyos rincones literalmente se ha ido dejando la vida. El último jirón de piel fue en el escenario del una vez llamado Palacio de los Deportes, y se llevó consigo la voz de Joaquín.

A veces es necesario ver al Martínez que se encuentra justo debajo del Sabina con bombín. Es peligroso que el mito nos impida ver al hombre, no se puede pretender que si Martínez está sufriendo en el escenario, Sabina pueda completar la tanda de bises. No es sencillo, ni para el propio Joaquín, que lleva casi una década intentando dejar claro que cada gira será la última. Ha tenido que negar el sobrenombre de "profeta del vicio", pero de todos esos vicios seguramente el más adictivo haya sido el de subirse al escenario para abrigar el corazón de infinidad de personas. Si al mito se le adora, al hombre hay que respetarlo y juzgarlo con honestidad. 

Ha habido mucho ruido estos días, un ruido escandaloso, porque la figura de Sabina es de tales dimensiones que nadie quiere desaprovechar la oportunidad de apuntarse tantos a su costa. Hemos tenido la ocasión de ver desfilar al torpe maletilla, al joven aprendiz de pintor, a la vecina que jamás saludaba, y como no, al crítico indignado que acusa; demasiado ruido. 

No olvidemos que esta gira arrancaba hace más de un año, que le ha dado la vuelta al mundo en varias ocasiones; y que en la inmensa mayoría de esos conciertos, desde el primer verso de "Lo niego todo" hasta que agarraba los platillos para despedirse recetando "Pastillas para no soñar", transcurrían dos horas y media. Esa es la medalla que le ha dado la vida, aunque de vez en cuando se le cruzasen hombres de traje gris. 

Dicho esto, también es justo dejar que Martínez agarre el tranvía que lo saque de "Calle Melancolía" cuando quiera. Y si en el barrio de la alegría ya no hay más escenarios, tendremos que ser nosotros los que sigamos silbando las melodías de Sabina. 

11 junio 2018

Azul Sabina


Junten a tres de los artistas más importantes de la música latina del siglo pasado y presente. Repartan entre ellos el trabajo de poner música, letra y voz a una canción. Busquen el marco de un género musical clave en la cultura afroamericana, partiendo desde el delta del río Misisipi, cruzando el mar Caribe, retomando las dulces aguas del Amazonas y finalmente añadiendo de nuevo unas gotas de agüita del mar andaluz. El resultado da un blues a manos de Juan Luis Guerra, Juanes y Joaquín Sabina. Como colofón traduzcan el género a lengua Cervantina y apellídenlo. ¿El resultado? "Azul Sabina". 

"Azul

Busco un acorde azul
Un viento suave
Cuatro notas graves
Que me den las llaves de un Blues"


Contaba Juanes como se gestó este blues tan latino, Juan Luis y él afinaron la melodía y se la pasaron a Joaquín para que le pusiera letra. El colombiano ya tenía en la cabeza titular a la canción con el color del mar, y cuando recibió la letra del ubetense decidió que era de justicia acuñar una nueva tonalidad, el azul Sabina. De hecho es el punto de partida de la letra, mentar al azul esperando que su traducción al inglés la convierta en una letra de blues.

"Atrás, duele mirar atrás

Paisa, te acuerdas
Cada vez que pierdas
Date cuerda y vuelve a empezar
No seas una estatua de sal"

El despliegue musical de la canción es espectacular, digno del maestro dominicano Guerra. La presencia del violoncelo y el violín acompañados de una pequeña orquesta te sitúa inmediatamente en una película del Hollywood de hace varias décadas. Es una canción para sentarse en un cómodo sillón mientras remueves con tranquilidad una copa del licor que más recuerdos te traiga. 

"Una canción con un mapa en la voz

Una canción mejor que tú y que yo
A flor de piel, una balada
Con miel tostada y mi sol"

Si los recuerdos son malos, mejor recuperarlos acompañados de la lección que se aprendió, o sacar a relucir la batalla perdida si fue clave para ganar la guerra. Las estatuas que perduran en el tiempo nunca son de sal, a esas se las lleva el primer viento de la mañana. Ni siquiera podrían darnos el cambiazo con una de azúcar, como mínimo deberíamos exigir una de chocolate. Esa sería el avituallamiento perfecto para una travesía en el barco de Peter Pan. 

"Acuérdate de olvidarte de mi
(Nunca de mí)
No dejes que te oxide el porvenir
(El porvenir)"

En el cuaderno de bitácora de tan pintoresca embarcación contaría con un mapa muy sencillo (esta canción) un destino único (la Isla de Robinson) y un equipaje ligero (un verso y un acordeón). Estamos ante un cuento, lleno de fantasía y falto de fórmulas matemáticamente demostrables. Eso sí, con una moraleja muy cristalina: "No digas que no, porque sí". Se deberían exigir unas razones muy poderosas para negar la mayor, para torcer el gesto, para dar un paso atrás. Sin embargo, se deberían conceder las sonrisas, los saltos sin red y los asentimientos sin avales.

"Cuando quieras escapar
En el barco de Peter Pan
A las playas de Robinson
Con un verso y un acordeón"

Dedica siempre el tiempo necesario para recordar olvidarte de alguien. Alguien que mereciera al menos una estatua de chocolate, que te hubiera o te pudiera endulzar la existencia. Vas en el barco de Peter, puedes tirar por la borda a todos los corsarios sin Pedigree que te intentaron oxidar el porvenir. 

"No cuentes cuentas del rosario
De un corsario sin pedigree
No digas que no, porque sí"

¿Ya se terminó la copa y la orquesta sigue tocando? ¿No te olvidas de alguien? ¿Quizás es el Robinson que sabe tocar el acordeón que llevas de equipaje?  ¿Tienes unos versos que riman con Robinson? Pues ya es hora de demostrar el movimiento andando, y dejar que tu mente te siga cantando "No digas que no, porque sí". 

30 mayo 2018

María Dolores Pradera

Ayer nos dejó María Dolores Pradera, una de las mayores exponentes de la canción popular en español. Tanto que incluso algunos se han referido a ella como "La flor de la Canela"; un valsecito peruano de Chabuca Granda que se considera como el himno oficioso del país andino. Una canción que cantó junto a Joaquín Sabina y que dió como resultado un bonito contraste entre la voz de seda de María Dolores y la voz aguardentosa de Joaquín. Probablemente más de una vez Sabina haya cambiado los versos de "déjame que te cuente Limeña, por déjame que te cuente Jimena".

Los dos unidos por su amor eterno a la música latinoamericana, y consiguiendo que gente de generaciones muy posteriores, se haya empapado de grandes canciones de José Alfredo Jiménez, Chavela Vargas o Violeta Parra. La discografía de María Dolores Pradera es la mejor cumbre hispano-americana que se puede hacer. No encontrarán mejores discursos que en esas letras, y nadie transmitirá un mensaje mejor que la voz de María Dolores. 

Además de la canción de Chabuca, Sabina y Pradera nos volvieron a regalar un dueto con otro vals, "Jugar por jugar"; el vals de los recuerdos, el que se debe bailar llorando de alegría. En esa canción se alentaba a dar serenatas en los cementerios muriéndose de risa. Me quedo con esos dos conceptos para despedir a la "Gran Dama" que era capaz de bailar sobre el escenario mejor que nadie con el simple movimiento de sus manos. 





27 mayo 2018

Milonga del moro judío

Es bastante frecuente que nos refiramos a Sabina como "maestro", pero no todos los que lo hacemos podemos considerarnos alumnos suyos, al menos no presenciales. Los que si tienen el privilegio y el talento de ser alumnos presenciales acaban sacando un gran rédito a las clases magistrales de Joaquín. Tal es el caso de Jorge Drexler, al que una sola clase particular con Sabina en varios bares de Montevideo, tras telonearle en un concierto, le hizo más mella que una licenciatura en Medicina. 

La valía de un maestro no se ciñe exclusivamente a sus dotes para transmitir conocimiento, sino también a su capacidad para detectar precoz talento a su alrededor. Una vez detectado, el siguiente paso es ser capaz de colocar a su mirlo blanco en el camino correcto donde poder explotar sus cualidades. Así ocurrió con Jorge esa noche en Montevideo, donde le conminó a cambiar el auscultador por la guitarra definitivamente. Esto ocurrió a mediados de los 90, probablemente la década más prolífica en la carrera de Sabina, en la que también apadrinó a un tal Andrés Calamaro y sus Rodríguez. 

Todo buen maestro que se precie, antes que fraile ha sido cocinero, y esto ayuda a explicar el origen de la Milonga del Moro Judío que enlaza a Drexler con Sabina. Joaquín actuó como intermediario al proporcionarle el estribillo de la misma, unos versos de Chicho Sánchez Ferlosio, quien a su vez fuera uno de los referentes del flaco. Sabina le dictó los versos a Jorge una noche en Madrid, y le desafió a escribir las estrofas de la canción en "décimas". Aquí lo tenemos, el maestro mandando deberes al alumno aventajado. 

Si desconocéis lo que es una "décima", no os preocupéis, Jorge tampoco lo sabía en aquel momento. Recientemente en una charla TED, Drexler contó esta anécdota y explicó lo que son las décimas, así como el trasfondo de esta canción y el por qué de la insistencia por parte de Joaquín en que escribiera la canción. 

El maestro Sabina consiguió que el Doctor Drexler pasara de pasar consulta en un hospital a hacerlo sobre un escenario. De esta manera su lista de pacientes creció de manera exponencial, y de igual manera sus recetas se hicieron más efectivas; ya que muchas veces con una guitarra se es capaz de detectar con más precisión los movimientos del corazón que con un auscultador.