04 marzo 2019

Chirigotero en Cádiz

"Queríamos hacer este concierto en Carnavales, que molan más que la Cuaresma". Así introducía Joaquín Sabina la canción "Cuando era más joven" en su primer disco en directo "Sabina y Viceversa", allá por 1986. Como si de una profecía se tratase, 33 años después, Joaquín tuvo el honor de ser el pregonero del Carnaval de Cádiz, el más importante del mundo (porque es el carnaval del pueblo y no hay mayor distinción ni institución que esa).  

Vestido de pirata, con su tripulación habitual (Mara, Pancho y Antonio) atracó su barco en la playa de la Caleta y comenzó a cantar su canción bailando alegre en la popa. Siempre supimos que de todas las vidas posibles, Sabina se quedaba con la del pirata cojo con pata de palo. 

Hubo un homenaje también al instrumento más característico del carnaval, el pito. Sabina lo definió como un "arma de entonación masiva" y una "orquesta que cabe en los labios", recordó como junto a Javier Krahe lo introdujeron en Madrid vía "La Mandrágora"; y Jesús Bienvenido cerró el círculo regalándole el pito de su comparsa. Si alguien dudaba de la cercanía que Sabina pudiera tener con el Carnaval, aquí quedaron disipadas. Una escucha de La Mandrágora basta para comprobar como las risas acudían como a los cuplés chirigoteros; y una escucha de "Cuervo ingenuo" para presenciar la crítica social sobre el escenario, que es la otra parte imprescindible del Carnaval gaditano. 

"¡Viva la Broma!" gritó Sabina en su alegato para espantar a la seriedad que nos acompaña el resto del año, y predicó con el ejemplo. Arrancó bromeando con las quinielas que se hacían sobre una posible "espantá" del maestro. Invitó al escenario a la chirigota del Vera y a la agrupación callejera "Los Huesitos" y nos deleitó con una "batalla de gallos" invitando al repentista Alexis Díaz-Pimienta. Una batalla en la que nadie tiró el micrófono al suelo, y donde los golpes eran genialidades que rebuscaban en los infinitos recursos del castellano. Seguro que ningún académico de la RAE ha conseguido que alguien se interese por las "décimas". 

"Tenemos amigos" cantaba Sabina en sus "Más de cien mentiras", y eso también quedó demostrado en el pregón. Montó un bar en el escenario, sin hora maldita de cierre, y por allí empezaron a aparecer los mejores artistas del momento. Vanesa Martín demostró que ya está en el selecto grupo de artistas que pueden cantar todos los versos de "Noches de Boda" con la autoridad que esa canción requiere. Rozalén tomó el testigo que en aquel 1986 enlazó a Sabina con Aute con el "Pongamos que hablo de Joaquín". Jorge Drexler le agradeció a aquel Martínez que le cambió la vida entera en Montevideo, y Leiva nos enseñó que los acordes de "Princesa" arrancan más fuerte desde su guitarra.

Carlos Cano dijo que "Cádiz es La Habana con más salero, y La Habana es Cádiz con más negritos". Sabina tampoco se olvidó de su amigo granadino y Pasión Vega cantó "Cómo te extraño", la letra que Sabina y Martínez Ares escribieron para recordar al coplero. No era casualidad que al "tenemos amigos" le precediera un "tenemos memoria". 

Para mí el momento más emocionante fue cuando pidió a los invitados "más gaditanos" del pregón, que le acompañaran en el escenario para cantar "Contigo" . Creo que esa imagen, con gente de cien mil raleas, acompañando la voz rasgada de Joaquín, fue la mejor manera de reflejar el infinito cariño que este país le tiene.  Esos coros éramos todos los que alguna vez hemos cantado "una de Sabina". Guarden en su retina esa foto, porque es Sabina rodeado de sus Sabineros pisando tierra santa, la del escenario. ¡Por fin un homenaje del pópulo en vida! 

24 febrero 2019

Pablo Milanés

Hoy cumple años Pablo Milanés, uno de los compadres más queridos de Joaquín Sabina. Uno de los fundadores de la nueva trova cubana y al que hemos podido encontrar en numerosas ocasiones dentro de la discografía de Joaquín. La primera vez que lo pudimos escuchar en un disco de Joaquín, fue en "Esta boca es mía" cuando cantó con él "La casa por la ventana", y la última fue en el último disco de Sabina, donde Pablo le puso música a su "Canción de Primavera". 

En el camino que une a ambos discos, lo hemos podido encontrar también en una colaboración exquisita para cantar "La canción más hermosa del mundo". Cuando "La Habana" hizo un disco para cantarle a Sabina, también estuvo ahí MIlanés versionando "Una canción para La Magdalena". 

Las colaboraciones han sido mutuas, ya que Joaquín le acompañó en 1994 en un concierto de la "Fundación Pablo Milanés" que se celebró en Madrid. Allí se les pudo escuchar a ambos cantar "Yolanda", "¿Quién me ha robado el mes de Abril?" o "Que se llama Soledad". Hay pocas combinaciones que suenen también como la voz dulce de Milanés con la aguardentosa de Sabina. 

¡Felicidades Pablo!

12 febrero 2019

Felices 70 Sabina

Hace casi 35 años que Joaquín Sabina nos comenzó a contar historias de Cuando Era Más Joven, y su vida era dura, distinta y feliz. Quizá muchos pensaran que aquella canción servía para marcar el final de su juventud, pero nada más lejos de la realidad, la estiró hasta que el cansado siglo XX llegó a su fin. Ahí fue cuando, a sus cuarenta y diez, nos dejó su testamento con la advertencia de que su traje de madera estaba todavía sin plantar. Y como 20 años no son nada, aquí estamos celebrando sus 70 abriles. 

Con su mala salud de hierro ha ido viendo como, contra pronóstico de algunos, han ido pasando los años; y todos aquellos que quisieron enterrarle no se dieron la prisa que su costumbre de resucitar precisaba. Sospechamos que con su amigo Satán llegó a algún tipo de pacto, y seguramente parte del acuerdo implicaba que mientras siguiera sobre el escenario, él le iría tiñendo las canas. En sus últimos conciertos las iba tiñendo a grito de "Superviviente si, ¡maldita sea!". 

70 años esperando a la Primavera en Madrid, guardando con celo el mes de Abril, buscando la canción más hermosa del mundo bajo las teclas de una Hispano Olivetti, renunciando a tomar pastillas para no soñar, pidiendo un tequila por cada duda, disparando contra el olvido y soñando con los pies. 

70 años en los que su bloc ha sido mucho más trotamundos que cuadriculado, en los que ha demostrado que América se conquista subido en un cascarón de nuez, a golpe de pluma y guitarra. 

 ¡Felicidades Joaquín!

06 febrero 2019

Reina Roja

Es muy frecuente escuchar que las canciones de Sabina conforman la banda sonora de varios episodios de nuestra vida. En lo que hemos caído tanto es que ya hay numerosas expresiones Sabineras que podríamos incorporar a nuestro vocabulario perfectamente, ¿o acaso no sabemos cuánto duran dos peces de hielo en un wishky on the rocks?. Esta reflexión me ha venido a la cabeza tras leer la última novela de Juan Gómez Jurado, "Reina Roja". Novela muy ambientada en Madrid, tan ambientada, que está salpicada con diversos Sabinismos. 

Al principio de la novela me encontré con este fragmento:

"Jon estaba pensando en Desiree Gómez, alias la Desi, alias la Brillos. Desi tiene diecinueve años mal cumplidos, y ya lleva tres en la calle. Pateándola, durmiéndola, metiéndosela en la vena. Muñequita de salón, tanguita de serpiente. Nada que Jon no haya visto antes. Pero algunas de estas chicas se te cuelan en el corazón sin saber tú cómo, y de pronto todo es una canción de Sabina. Nada serio. Una sonrisa, un invitarla a un café a las seis y nunca de la mañana."

De repente mientras mi mente empezaba a navegar para ir dándole forma a los personajes de la novela, me encontré con Vinagre y Rosas y con Yo, mi, me, conmigo. Al principio me pareció una curiosa anécdota, pero a medida que iba avanzando en los capítulos del libro, me iba encontrando con más y más "huevos de pascua" denominación de origen Sabina. Pronto se sumó a la intriga de ir avanzando en la historia de la Reina Roja, la de ir coleccionando los guiños al cancionero del flaco.   

Entre la multitud de Sabinismos (creo que se debería acuñar este término como una nueva figura literaria) que  Juan ha ido intercalando en su novela, me alegra ver que no ha incluído el de "Ya no sueña aquel niño, que soñó que escribía". Porque yo ya espero cada novela nueva de Juan, con la misma ilusión que un disco nuevo de Joaquín.

No es la primera novela que leo de Gómez Jurado, intentando colarme en el traje y la piel de todos los hombres que nunca seré. Todo arrancó en una sala de espera sin esperanza para "El Paciente". Después comprobé como un espía de Dios podría firmar un contrato con él, seguramente para que sea su abogado de oficio el día del juicio final. Más tarde vi que seguíamos teniendo Sanchos y más de cien motivos para gritar "¡al ladrón, al ladrón!", pero no encontré ningún bálsamo que pudiera curar su "Cicatriz"; y con "El emblema del traidor" conocí el sabor del helado de fresa de la venganza.  



Seguro que no será la última vez que venga a decirle que su última novela me excita más que todo Camilo José Cela. 

30 enero 2019

Tiempo Después

A la salida del cine, si la película que te ha gustado, una de las reacciones más comunes es recomendársela a algún amigo. Para ello hay que encontrar el complicado equilibrio entre hacer una sinopsis que despierte el interés en el filme sin destripar su contenido. Si te llamas Joaquín Sabina, le haces una canción monumental que alcanza ese equilibrio. Eso ocurrió con la película de José Luis Cuerda, "Tiempo Después", a la que Joaquín le puso la guinda con una canción que la resume perfectamente. Si además la música consigue ponerle el traje verbenero, que tan bien le sienta a Joaquín (y que tanto echábamos de menos), el éxito está garantizado. 

No es la primera vez que Sabina ha aparecido por los lares del séptimo arte. Sus participaciones han sido muy variopintas. Arrancó en 1984 poniéndole música al arranque de la película "Dos mejor que uno", prosiguió en 1988 cuando en "Sinatra" la banda sonora llevó su firma y "La del hombre del traje gris" y en la que también tuvo un papel secundario. Ya en el siglo XXI, le puso música al epílogo de Torrente 2, y unos años después volvió a juntarse con Santiago Segura haciendo un cameo  y una canción para Isi Disi. 

El albaceteño Cuerda, con su humor y estilo tan particular, le da un buen repaso a cuestiones tan profundas como el capitalismo, la izquierda o la lucha de clases. Ahora que se le quieren poner tantos límites al humor, el veterano director nos vuelve a demostrar, 30 años después de su "Amanece que no es poco", que eso es lo mismo que ponerle puertas al campo. 

La canción, al igual que la película, intercala reflexiones bastante ácidas y mensajes desalentadores, que contrastan con esa música festiva que te invita a bailar como si de una fiesta Balkan se tratase. Entre las últimas letras de Sabina se encontraba su negación de haber sido "un rojo de salón", pero nos ha vuelto a recordar que sigue siendo un "enfant de La Patrie" aunque ya no le quede París.


21 enero 2019

Noches de boda


Poner el broche de oro a una obra maestra es la tarea más complicada de todas. Numerosas películas o series con un prometedor inicio y un brillante nudo, pero que patinaron con el desenlace vieron como su sobresaliente nota se quedó en un notable. Sin embargo, ponerle la guinda al pastel hace que se disfrute del primer corte al último y se acabe lamiendo el cuchillo. "19 días y 500 noches" es el pastel más delicioso de Joaquín, "Noches de Boda" es la guinda que corona sus trece cortes; y para cortar el pastel, la hoja del cuchillo viene afilada por Chavela Vargas. 

Joaquín siempre ha situado entre sus referentes a la propia Chavela, a José Alfredo Jiménez y a Bob Dylan. En esta canción podemos encontrar a los tres, una de forma explícita y los otros de forma implícita. La voz de rayo de luna llena de Chavela aparece al principio, relatando la forma en que conoció a Sabina. José Alfredo aparece en el momento en que empiezan a sonar las notas de la canción, que tiene un pie en el vals y otro en la ranchera. Finalmente a Bob Dylan, lo podemos encontrar entre líneas, entre versos para ser más exactos, y es que la letra de Noches de Boda tiene el mismo aroma que su "Forever Young". Es una letra que podría ser la carta a los Reyes Magos de un adulto, en el que cada verso pide un regalo y esperar recibirlo implica una mezcla de magia e ilusión. 

"Que el maquillaje no apague tu risa,
que el equipaje no lastre tus alas,
que el calendario no venga con prisas,
que el diccionario detenga las balas"

Los primeros versos son la mejor prueba de que esta canción es tan atemporal como El Quijote. Justo ahora se ha hecho viral un reto de mostrar los cambios que 10 años han hecho en nuestro aspecto físico, se aplica ese maquillaje (real o virtual) para intentar huir de un calendario que nos parece apresurado, cuando realmente lo que ha cambiado en ese tiempo es el equipaje que llevamos encima. Un equipaje con peso variable que en momentos facilita alzar el vuelo y en otros obliga a tomar tierra. 

"Que las persianas corrijan la aurora,
que gane el quiero la guerra del puedo"

Las contiendas más comunes que se libran a diario, son aquellas que enfrentan a dos bandos irreconciliables, los del quiero y los del puedo. La magnitud de las mismas varía, tenemos guerrillas, escaramuzas, batallas, guerras civiles y guerras mundiales. Los del puedo suelen ganar accionando un botón rojo, los del quiero tienen que meterse en la trinchera y pelear más la victoria. Cuando gana el puedo, suele haber un silencio sepulcral; cuando lo hace el quiero suele celebrarse con desfile triunfal. 

"Que los que esperan no cuenten las horas,
que los que matan se mueran de miedo"

Si tuviéramos un diccionario Sabinero, una de las posibles acepciones del término "Karma" podría ser este verso en el que se implora que los que matan se mueran de miedo. Además podríamos situarlo como un caso resuelto por justicia poética sin posibilidad de apelación. 

"Que el fin del mundo te pille bailando,
que el escenario me tiña las canas,
que nunca sepas ni como ni cuando,
ni ciento volando, ni ayer ni mañana"

A pesar de que el latín murió hace varios siglos, es una lengua a la que se suele recurrir con cierta asiduidad. "Carpe Diem" es uno de sus términos más utilizados, si buscáramos una explicación a ese término dentro del cancionero del ubetense la más certera sería "que el fin del mundo te pille bailando" apostillada por "que te aproveche mirar lo que miras". No merece la pena cumplir cien años, si para ello se tienen que comprar pastillas para no soñar. 

"Que las verdades no tengan complejos,
que las mentiras parezcan mentira
que no te den la razón los espejos
que te aproveche mirar lo que miras"

De pequeños nos enseñaron que si mentías te crecía la nariz, pero de mayores comprobamos como muchos mentirosos compulsivos tienen las narices muy chatas. Pero como no estamos hechos de madera como Pinocho, sería mucho más útil que las mentiras tuvieran un olor característico solamente perceptible por el receptor. Respecto a los espejos, son tan fácilmente trucables que no habría que aceptar sus verdades como absolutas. 

"Que no se ocupe de ti el desamparo,
que cada cena sea tu última cena,
que ser valiente no salga tan caro,
que ser cobarde no valga la pena"

Puestos a corregir injusticias, la canción pide que se penalice la cobardía y se premie la valentía mucho más de lo que se hace. Que aquellos que se atreven a luchar contra gigantes subidos a lomos de un rocín flaco no acaben con sus huesos enganchados en las aspas de un molino de viento. 

"Que no te compren por menos de nada,
que no te vendan amor sin espinas,
que no te duerman con cuentos de hadas,
que no te cierren el bar de la esquina"

Esta epístola también contiene un par de advertencias vitales, hay que huir de los que pretenden pescar peces de ciudad manteniendo el trasero seco. Si la rosa no pincha y si la rosa es muy barata, probablemente sea de plástico. Del maestro aprendimos que no hay horas más malditas que aquellas en que los bares a punto están de cerrar, salvo que sea la barra la del último bar de un pueblo con mar, y las horas venideras sean las diez, las once, las doce, la una, la dos y las tres. Así que cuando se enfila la parte final de la canción desea que siempre tengas abierto el bar de la esquina; porque aquí, a diferencia de los yankees, nuestras grandes historias surgen en las tascas, no en los garajes de las casas con jardín. 

"Que el corazón no se pase de moda,
que los otoños te doren la piel.
Que todas las noches sean noches de boda,
que todas las lunas sean lunas de miel."

Que Sabina es un poeta a estas alturas no lo duda nadie, solamente él tiene licencia para negarlo todo. Y las armas de un poeta son la cabeza y el corazón, Joaquín cierra la canción haciendo bandera del segundo, no quiere que se pase de moda; y se resiste a que todas las decisiones se muevan a golpes de córtex prefrontal, en vez de al compás de sístoles y diástoles. Otro de los innegociables de un poeta es la llegada de la Primavera, pero en esta ocasión Joaquín pide que el menguante sol otoñal también pueda teñir la piel. Supongo que si pudiéramos conseguir que el calendario tuviera dos meses de Abril, habría menos preocupación por si alguien nos robase uno. Seguro que en eso se pondrían de acuerdo Chavela, José Alfredo y Bob. 

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13 enero 2019

Domingo Sabinero en El Rastro


Hay varias actividades Sabineras que se pueden realizar en Madrid, una de ella es acudir al rastro, como en la canción "Con la frente marchita"; en busca del puesto de los carricoches de miga de pan. Esa ha sido mi tarea dominical de hoy, con el objetivo de encontrar algunos vinilos de Sabina, con los que poder alimentar mi recién estrenado tocadiscos. Aunque apretaba el frío, había un insolente Sol que invitaba a complementar bufanda con gafas de sol.

Tras recorrer la Ribera de Curtidores con paso lento, quizá sea el único día en el que se puede vivir sin prisas en Madrid, alcancé la "plaza de los cromos"; en la que se encontraban los vinilos, escoltados por cómics, revistas, películas y otros artículos ahora etiquetados como "vintage". Aquí el motor de búsqueda al que Amazon nos tiene acostumbrados no existe, aquí todo es "digital", pero en la acepción del término que implica que tienes que servirte de tu dedo índice para ir pasando los discos uno a uno. 

El objetivo se cumplió cuando en el abanico de elepés, asomó "El Hombre del Traje Gris" y acto seguido "Juez y parte" (las ventajas de que el vendedor los hubiera ordenado alfabeticamente). Resulta curioso pensar que el vinilo de "El Hombre del Traje Gris" vino al mundo unos pocos meses antes que yo, y que sería justo 30 años después cuando acabaría comprándolo. La mañana concluyó con otra actividad Sabinera, y es que el camino de vuelta a casa implicó coger el metro en Tirso de Molina y pasar por Gran Vía, Sol y Tribunal.

11 diciembre 2018

¿Quién es Caín, quién es Abel?

Hace más de tres décadas que Luis Eduardo Aute se subía al escenario para acompañar a Joaquín Sabina en su primer y memorable disco en directo, el Sabina y Viceversa que se grabó en el teatro Salamanca de Madrid. Sacó un papel del bolsillo, y guitarra en mano cantó aquel "Pongamos que hablo de Joaquín" (que le da título a este blog) retratando a la perfección al joven aprendiz de pintor que acabaría siendo "El Maestro". 

Ayer, varias décadas después era Joaquín el que se subía nuevamente al escenario. No a un escenario cualquiera, al Wizink Center, lugar donde lo vimos por última vez en un accidentado concierto. No estuvo sólo, fue una reunión familiar que juntó a numerosos artistas que rindieron un sentido homenaje a Aute. Desde Andrés Suárez, Marwan o Rozalén hasta Serrat, Ana Belén o Silvio Rodríguez. 

Sabina le devolvió el regalo, y bajo la misma melodía del "Pongamos que hablo de Joaquín" le puso letra a "¿Quién es Caín, quién es Abel?"; para retratar a su amigo Luis Leonardo, perdón, Luis Eduardo Aute. Esa fue la canción que cantó ayer en Madrid, esa melodía actuó como un hilo invisible que conectaba a los jóvenes Aute y Sabina del teatro Salamanca en los 80, con las leyendas vivas que soy hoy en día. 

27 noviembre 2018

Conviene saber

Entre los muchos apodos que se le dan a Sabina, está el de maestro, y cada año que pasa corrobora que era un apodo acertado. Si echamos un vistazo a la lista de sus alumnos aventajados, hace ya varios años que sobresale Marwan. Al igual que Sabina, se ha ido dejando la vida por los rincones de Madrid, y la ha conocido lo suficiente para escribirle una canción que podría incluirse en el manual de bienvenida a la capital.

"Conviene saber que no hay mayor dolor, 
para una piel que despedirse de otra piel. 
Conviene saber que lo único que debes aprender
es que venimos a aprender". 

En su último disco, "Mis paisajes interiores",  sobresale una canción en la que hay una mención explícita a Joaquín. "Conviene saber",  sirve tanto de título como de leit motiv para la canción; y es que se trata de una lección maestra en 4 minutos, de todas esas cosas que suelen escaparse en todas las leyes de educación.  Muchos se jactan de haber acudido a la Universidad de la Vida, si de verdad existiera yo incluiría una asignatura por cada uno de los versos de esta canción. 

"Conviene saber que tu próxima vida
no está asegurada,
apaga la pantalla ahora mismo y 
saca a tu novia a bailar."

Si echásemos un vistazo al temario podríamos coincidir rápidamente en que se tratan de contenidos bastante sencillos. El problema viene con las prácticas, ahí la teoría se nos suele olvidar con demasiada frecuencia. En el primer día de clase Marwan ya nos pone sobreaviso de que aquí se viene a aprender, y la primera lección es que la mayor pérdida es aquella que comparte su sentido del tacto contigo. Ésta conecta con la siguiente, que te insta a usar tu sentido de la vista, cruzarse las miradas y comprobar que hay formas mucho mejores de pasar el tiempo. 

"Conviene saber que la pasión cuando
se amansa aburre un poco,
mejor saberlo antes de embarcar.
Conviene saber que todos mis 
demonios duermen si te toco
y esa es la distancia más corta a la felicidad". 

Seguidamente se introduce por terrenos pantanosos, por los que inevitablemente hay que pasar, pero para los que ofrece una ruta que ayude a atravesarlos con éxito. También hay cabida para un par de reprimendas preventivas, que nos ayudan a cuidar de nuestro hogar (y ese hogar va desde el aire que respiramos, la tierra que pisamos, la mujer que besamos y los locos bajitos a los que algún día tendremos que educar). 

"Conviene saber que en este mundo
hay demasiados gilipollas,
amigos que es mejor no conservar.
Conviene saber que hay gente que
ama solo el éxito y las joyas
y señores que al ver un buen culo no pueden pensar". 

En todo aprendizaje es muy importante separar el grano de la paja, y esa asignatura a veces se convierte en un hueso. Esta clase magistral se centra en señalar rápidamente a los gilipollas e interesados que se nos cruzan como si fueran setas del Mario Bros, conviene saber cómo esquivarlos. Esto nos va encaminando a la parte más complicada de esta particular carrera universitaria, el trabajo final, que en este caso consiste en saber que todos tenemos cicatrices. El sobresaliente se consigue cuando además de ser conscientes de ellas, sabemos cómo curarlas, al igual que hace un disco de Sabina. 

"Conviene saber que no hay adulto
sin su colección de espinas,
todos tenemos cosas que olvidar. 
Conviene saber que nada escuece 
más que un disco de Sabina,
y a la vez sólo esas canciones te pueden curar". 

Si se busca el Cum Laude, hay que demostrar con hechos que el partido más importante de todos puede tener dos campeones y ningún derrotado. Pero para ello hay que saber empatar. 

"Conviene saber, y no lo olvides, no
hay mujer que tenga dueño,
es una flor, no es una propiedad. 
Conviene saber que aunque jamás
nos lo dijeran de pequeños
el amor es el único juego en el que
hay que empatar". 

05 noviembre 2018

Y nos dieron las diez



¿Cómo se escribe una canción para la posteridad? Creo que nadie tiene respuesta a esa pregunta, porque incluso los propios autores no son conscientes de ello en el periodo gestación de la misma. Suele ser una mezcla de inspiración y casualidad, de calidad y coincidencias y de esa otra cosa que nadie sabe muy bien pero es imprescindible para alcanzar el éxito. A principios de la década de los 90, para mí la más brillante en su carrera, Joaquín nos llevó a un pueblo con mar en una noche después de un concierto. Desde entonces, nos han dado sucesivamente las 10, las 11, las 12, la 1, las 2 y las 3.   


"Fue en un pueblo con mar una noche después de un concierto

Tú reinabas detrás de la barra del único bar que vimos abierto,
Cántame una canción al oído y te pongo un cubata
Con una condición, que me dejes abierto el balcón de tus ojos de gata."

En esta ocasión sí que conocemos bastantes detalles de como nació esta canción, ya que derivó en un parto doble. Por aquella época Joaquín Sabina y Enrique Urquijo mantenían una estrecha amistad, y una de esas noches madrileñas coincidieron en el ya desaparecido bar Bwana. Cuando Enrique entró allí se encontraba Sabina tomando copas. Le comentó que andaba un poco falto de ideas para su nuevo disco y Sabina le echó una mano. Sacó una libreta que siempre llevaba consigo (para evitar que el alcohol se llevara consigo las ideas que le surgían en sus prolíficas noches) y le enseñó los primeros versos de la que a la postre acabaría siendo "Y nos dieron las diez". Enrique tomo nota de ellos, y sin ningún tipo de acuerdo ni desacuerdo, ambos acabaron escribiendo dos canciones tan hermanas como opuestas. 


"Loco por conocer los secretos de tu dormitorio

Esa noche canté al piano del amanecer todo mi repertorio
Los clientes del bar, uno a uno, se fueron marchando
Tú saliste a cerrar, yo me dije, cuidado chaval te estás enamorando"

Respecto a las coincidencias, por aquellos años Sabina comenzaba a abrirse paso en el mercado latino americano, y a ésta canción el traje que mejor le quedaba era el de un mariachi mexicano. Volviendo a los favores entre amigos, en esta ocasión fue a Sabina al que le tendieron la mano. No una mano cualquiera, la mano de Rocío Dúrcal, de "Marieta". De todas las versiones que se han realizado de esta canción, la más potente, la que más verdad transmite, es la de Rocío y Joaquín escoltados por una banda de mariachis. 


"Luego todo pasó de repente, tu dedo en mi espalda

Dibujó un corazón y mi mano le correspondió debajo de tu falda.

Caminito al hostal nos besamos en cada farola
Era un pueblo con mar, yo quería dormir contigo y tú no querías dormir sola."


Otro detalle curioso de esta canción es que ha pasado a formar parte de la cultura popular, y eso hace que incluso se pueda olvidar al autor de la misma. Contaba Sabina que una de las cosas que más le gustaban al ir a México, era que una banda de mariachis se le acercara en alguna cantina, cantase la canción y no supieran quién era el autor de la misma. Justamente eso era lo que Sabina comentaba de José Alfredo Jiménez, que todo el mundo conocía muchas de sus canciones y pocos sabían que eran de él. Sabina ha sido siempre un gran admirador de José Alfredo, así que imagino que compartir esa anécdota con su canción más ranchera le habrá hecho muy feliz. 


"Nos dijimos adiós, ojalá que volvamos a vernos,

El verano acabó, el otoño duró lo que tarda envolver el invierno.
Y a tu pueblo el azar, otra vez, el verano siguiente
Me llevó y al final del concierto me puse a buscar tu cara entre la gente
Y no hallé quien de ti me dijera ni media palabra
Parecía como si me quisiera el destino gastar una broma macabra."


Respecto a la historia de la canción, que es el otro pilar fundamental sobre el que se sustenta un tema que se convierte en himno, Sabina vuelve a dar en el clavo. Es una historia que resulta muy creíble en su boca, puesto que arranca en la barra de un bar después de un concierto. Utiliza su repertorio como arma de seducción, y en un par de versos consigue seducir a la camarera de ese último bar; que adquiere forma de oasis en mitad de un desierto. Si añadimos el detalle de que todo ocurrió en verano, ya tenemos ante nosotros esa onírica historia de amor de verano, en la que la inherente fugacidad hace que el recuerdo se mantenga impecable. A todos nos gustaría colarnos en el traje y la piel de este Sabina. 


"No había nadie detrás de la barra del otro verano

Y en lugar de tu bar, me encontré una sucursal del banco hispanoamericano,
Tu memoria vengué, a pedradas contra los cristales,
Sé que no lo soñé, protestaba mientras me esposaban los municipales
En mi declaración alegué que llevaba tres copas
Y empecé esta canción en le cuarto donde aquella vez te quitaba la ropa."

Si la canción terminase en la primera parte, tendríamos el guión perfecto para una película romántica. Pero cuando el guión lo firma Sabina, siempre hay que estar atento a la cara B. Regresamos al mismo lugar, en la misma fecha y ¿con la misma gente?... Ahí es donde se parte la baraja, el bar se ha convertido en una sucursal de banco (que se presenta  siempre voluntario a ejercer el papel de villano) y no hay rastro de la camarera. En su lugar se presentan los municipales cuando Sabina se dedica a lanzar piedras contra sus recuerdos. Quizá esta fue la semilla para otro de sus versos más célebres, que llegaron justo una década después. "Al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver". Cuando te has colado en el traje y la piel de Sabina, hay que contar con estas heridas. 


"Y nos dieron las diez y las once,

Las doce y la una, y las dos y las tres
Y desnudos al anochecer nos encontró la luna."

El estribillo sirve de nexo de unión perfecto entre las dos partes de esta historia. Invita a ser cantado tras varios cubatas, ya que puede hacerse con la alegría que nos lleva "al otro verano" y también puede ser cantado como un lamento por "el verano siguiente". Una canción que es imprescindible en las cantinas, en los piano bars, en las verbenas de pueblo, en los karaokes y en los conciertos de Sabina; donde el "ojalá que volvamos a vernos" cada vez suena con más fuerza, esa fuerza que da el temer que sea la última vez.