12 febrero 2019

Felices 70 Sabina

Hace casi 35 años que Joaquín Sabina nos comenzó a contar historias de Cuando Era Más Joven, y su vida era dura, distinta y feliz. Quizá muchos pensaran que aquella canción servía para marcar el final de su juventud, pero nada más lejos de la realidad, la estiró hasta que el cansado siglo XX llegó a su fin. Ahí fue cuando, a sus cuarenta y diez, nos dejó su testamento con la advertencia de que su traje de madera estaba todavía sin plantar. Y como 20 años no son nada, aquí estamos celebrando sus 70 abriles. 

Con su mala salud de hierro ha ido viendo como, contra pronóstico de algunos, han ido pasando los años; y todos aquellos que quisieron enterrarle no se dieron la prisa que su costumbre de resucitar precisaba. Sospechamos que con su amigo Satán llegó a algún tipo de pacto, y seguramente parte del acuerdo implicaba que mientras siguiera sobre el escenario, él le iría tiñendo las canas. En sus últimos conciertos las iba tiñendo a grito de "Superviviente si, ¡maldita sea!". 

70 años esperando a la Primavera en Madrid, guardando con celo el mes de Abril, buscando la canción más hermosa del mundo bajo las teclas de una Hispano Olivetti, renunciando a tomar pastillas para no soñar, pidiendo un tequila por cada duda, disparando contra el olvido y soñando con los pies. 

70 años en los que su bloc ha sido mucho más trotamundos que cuadriculado, en los que ha demostrado que América se conquista subido en un cascarón de nuez, a golpe de pluma y guitarra. 

 ¡Felicidades Joaquín!

06 febrero 2019

Reina Roja

Es muy frecuente escuchar que las canciones de Sabina conforman la banda sonora de varios episodios de nuestra vida. En lo que hemos caído tanto es que ya hay numerosas expresiones Sabineras que podríamos incorporar a nuestro vocabulario perfectamente, ¿o acaso no sabemos cuánto duran dos peces de hielo en un wishky on the rocks?. Esta reflexión me ha venido a la cabeza tras leer la última novela de Juan Gómez Jurado, "Reina Roja". Novela muy ambientada en Madrid, tan ambientada, que está salpicada con diversos Sabinismos. 

Al principio de la novela me encontré con este fragmento:

"Jon estaba pensando en Desiree Gómez, alias la Desi, alias la Brillos. Desi tiene diecinueve años mal cumplidos, y ya lleva tres en la calle. Pateándola, durmiéndola, metiéndosela en la vena. Muñequita de salón, tanguita de serpiente. Nada que Jon no haya visto antes. Pero algunas de estas chicas se te cuelan en el corazón sin saber tú cómo, y de pronto todo es una canción de Sabina. Nada serio. Una sonrisa, un invitarla a un café a las seis y nunca de la mañana."

De repente mientras mi mente empezaba a navegar para ir dándole forma a los personajes de la novela, me encontré con Vinagre y Rosas y con Yo, mi, me, conmigo. Al principio me pareció una curiosa anécdota, pero a medida que iba avanzando en los capítulos del libro, me iba encontrando con más y más "huevos de pascua" denominación de origen Sabina. Pronto se sumó a la intriga de ir avanzando en la historia de la Reina Roja, la de ir coleccionando los guiños al cancionero del flaco.   

Entre la multitud de Sabinismos (creo que se debería acuñar este término como una nueva figura literaria) que  Juan ha ido intercalando en su novela, me alegra ver que no ha incluído el de "Ya no sueña aquel niño, que soñó que escribía". Porque yo ya espero cada novela nueva de Juan, con la misma ilusión que un disco nuevo de Joaquín.

No es la primera novela que leo de Gómez Jurado, intentando colarme en el traje y la piel de todos los hombres que nunca seré. Todo arrancó en una sala de espera sin esperanza para "El Paciente". Después comprobé como un espía de Dios podría firmar un contrato con él, seguramente para que sea su abogado de oficio el día del juicio final. Más tarde vi que seguíamos teniendo Sanchos y más de cien motivos para gritar "¡al ladrón, al ladrón!", pero no encontré ningún bálsamo que pudiera curar su "Cicatriz"; y con "El emblema del traidor" conocí el sabor del helado de fresa de la venganza.  



Seguro que no será la última vez que venga a decirle que su última novela me excita más que todo Camilo José Cela. 

30 enero 2019

Tiempo Después

A la salida del cine, si la película que te ha gustado, una de las reacciones más comunes es recomendársela a algún amigo. Para ello hay que encontrar el complicado equilibrio entre hacer una sinopsis que despierte el interés en el filme sin destripar su contenido. Si te llamas Joaquín Sabina, le haces una canción monumental que alcanza ese equilibrio. Eso ocurrió con la película de José Luis Cuerda, "Tiempo Después", a la que Joaquín le puso la guinda con una canción que la resume perfectamente. Si además la música consigue ponerle el traje verbenero, que tan bien le sienta a Joaquín (y que tanto echábamos de menos), el éxito está garantizado. 

No es la primera vez que Sabina ha aparecido por los lares del séptimo arte. Sus participaciones han sido muy variopintas. Arrancó en 1984 poniéndole música al arranque de la película "Dos mejor que uno", prosiguió en 1988 cuando en "Sinatra" la banda sonora llevó su firma y "La del hombre del traje gris" y en la que también tuvo un papel secundario. Ya en el siglo XXI, le puso música al epílogo de Torrente 2, y unos años después volvió a juntarse con Santiago Segura haciendo un cameo  y una canción para Isi Disi. 

El albaceteño Cuerda, con su humor y estilo tan particular, le da un buen repaso a cuestiones tan profundas como el capitalismo, la izquierda o la lucha de clases. Ahora que se le quieren poner tantos límites al humor, el veterano director nos vuelve a demostrar, 30 años después de su "Amanece que no es poco", que eso es lo mismo que ponerle puertas al campo. 

La canción, al igual que la película, intercala reflexiones bastante ácidas y mensajes desalentadores, que contrastan con esa música festiva que te invita a bailar como si de una fiesta Balkan se tratase. Entre las últimas letras de Sabina se encontraba su negación de haber sido "un rojo de salón", pero nos ha vuelto a recordar que sigue siendo un "enfant de La Patrie" aunque ya no le quede París.


21 enero 2019

Noches de boda


Poner el broche de oro a una obra maestra es la tarea más complicada de todas. Numerosas películas o series con un prometedor inicio y un brillante nudo, pero que patinaron con el desenlace vieron como su sobresaliente nota se quedó en un notable. Sin embargo, ponerle la guinda al pastel hace que se disfrute del primer corte al último y se acabe lamiendo el cuchillo. "19 días y 500 noches" es el pastel más delicioso de Joaquín, "Noches de Boda" es la guinda que corona sus trece cortes; y para cortar el pastel, la hoja del cuchillo viene afilada por Chavela Vargas. 

Joaquín siempre ha situado entre sus referentes a la propia Chavela, a José Alfredo Jiménez y a Bob Dylan. En esta canción podemos encontrar a los tres, una de forma explícita y los otros de forma implícita. La voz de rayo de luna llena de Chavela aparece al principio, relatando la forma en que conoció a Sabina. José Alfredo aparece en el momento en que empiezan a sonar las notas de la canción, que tiene un pie en el vals y otro en la ranchera. Finalmente a Bob Dylan, lo podemos encontrar entre líneas, entre versos para ser más exactos, y es que la letra de Noches de Boda tiene el mismo aroma que su "Forever Young". Es una letra que podría ser la carta a los Reyes Magos de un adulto, en el que cada verso pide un regalo y esperar recibirlo implica una mezcla de magia e ilusión. 

"Que el maquillaje no apague tu risa,
que el equipaje no lastre tus alas,
que el calendario no venga con prisas,
que el diccionario detenga las balas"

Los primeros versos son la mejor prueba de que esta canción es tan atemporal como El Quijote. Justo ahora se ha hecho viral un reto de mostrar los cambios que 10 años han hecho en nuestro aspecto físico, se aplica ese maquillaje (real o virtual) para intentar huir de un calendario que nos parece apresurado, cuando realmente lo que ha cambiado en ese tiempo es el equipaje que llevamos encima. Un equipaje con peso variable que en momentos facilita alzar el vuelo y en otros obliga a tomar tierra. 

"Que las persianas corrijan la aurora,
que gane el quiero la guerra del puedo"

Las contiendas más comunes que se libran a diario, son aquellas que enfrentan a dos bandos irreconciliables, los del quiero y los del puedo. La magnitud de las mismas varía, tenemos guerrillas, escaramuzas, batallas, guerras civiles y guerras mundiales. Los del puedo suelen ganar accionando un botón rojo, los del quiero tienen que meterse en la trinchera y pelear más la victoria. Cuando gana el puedo, suele haber un silencio sepulcral; cuando lo hace el quiero suele celebrarse con desfile triunfal. 

"Que los que esperan no cuenten las horas,
que los que matan se mueran de miedo"

Si tuviéramos un diccionario Sabinero, una de las posibles acepciones del término "Karma" podría ser este verso en el que se implora que los que matan se mueran de miedo. Además podríamos situarlo como un caso resuelto por justicia poética sin posibilidad de apelación. 

"Que el fin del mundo te pille bailando,
que el escenario me tiña las canas,
que nunca sepas ni como ni cuando,
ni ciento volando, ni ayer ni mañana"

A pesar de que el latín murió hace varios siglos, es una lengua a la que se suele recurrir con cierta asiduidad. "Carpe Diem" es uno de sus términos más utilizados, si buscáramos una explicación a ese término dentro del cancionero del ubetense la más certera sería "que el fin del mundo te pille bailando" apostillada por "que te aproveche mirar lo que miras". No merece la pena cumplir cien años, si para ello se tienen que comprar pastillas para no soñar. 

"Que las verdades no tengan complejos,
que las mentiras parezcan mentira
que no te den la razón los espejos
que te aproveche mirar lo que miras"

De pequeños nos enseñaron que si mentías te crecía la nariz, pero de mayores comprobamos como muchos mentirosos compulsivos tienen las narices muy chatas. Pero como no estamos hechos de madera como Pinocho, sería mucho más útil que las mentiras tuvieran un olor característico solamente perceptible por el receptor. Respecto a los espejos, son tan fácilmente trucables que no habría que aceptar sus verdades como absolutas. 

"Que no se ocupe de ti el desamparo,
que cada cena sea tu última cena,
que ser valiente no salga tan caro,
que ser cobarde no valga la pena"

Puestos a corregir injusticias, la canción pide que se penalice la cobardía y se premie la valentía mucho más de lo que se hace. Que aquellos que se atreven a luchar contra gigantes subidos a lomos de un rocín flaco no acaben con sus huesos enganchados en las aspas de un molino de viento. 

"Que no te compren por menos de nada,
que no te vendan amor sin espinas,
que no te duerman con cuentos de hadas,
que no te cierren el bar de la esquina"

Esta epístola también contiene un par de advertencias vitales, hay que huir de los que pretenden pescar peces de ciudad manteniendo el trasero seco. Si la rosa no pincha y si la rosa es muy barata, probablemente sea de plástico. Del maestro aprendimos que no hay horas más malditas que aquellas en que los bares a punto están de cerrar, salvo que sea la barra la del último bar de un pueblo con mar, y las horas venideras sean las diez, las once, las doce, la una, la dos y las tres. Así que cuando se enfila la parte final de la canción desea que siempre tengas abierto el bar de la esquina; porque aquí, a diferencia de los yankees, nuestras grandes historias surgen en las tascas, no en los garajes de las casas con jardín. 

"Que el corazón no se pase de moda,
que los otoños te doren la piel.
Que todas las noches sean noches de boda,
que todas las lunas sean lunas de miel."

Que Sabina es un poeta a estas alturas no lo duda nadie, solamente él tiene licencia para negarlo todo. Y las armas de un poeta son la cabeza y el corazón, Joaquín cierra la canción haciendo bandera del segundo, no quiere que se pase de moda; y se resiste a que todas las decisiones se muevan a golpes de córtex prefrontal, en vez de al compás de sístoles y diástoles. Otro de los innegociables de un poeta es la llegada de la Primavera, pero en esta ocasión Joaquín pide que el menguante sol otoñal también pueda teñir la piel. Supongo que si pudiéramos conseguir que el calendario tuviera dos meses de Abril, habría menos preocupación por si alguien nos robase uno. Seguro que en eso se pondrían de acuerdo Chavela, José Alfredo y Bob. 

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13 enero 2019

Domingo Sabinero en El Rastro


Hay varias actividades Sabineras que se pueden realizar en Madrid, una de ella es acudir al rastro, como en la canción "Con la frente marchita"; en busca del puesto de los carricoches de miga de pan. Esa ha sido mi tarea dominical de hoy, con el objetivo de encontrar algunos vinilos de Sabina, con los que poder alimentar mi recién estrenado tocadiscos. Aunque apretaba el frío, había un insolente Sol que invitaba a complementar bufanda con gafas de sol.

Tras recorrer la Ribera de Curtidores con paso lento, quizá sea el único día en el que se puede vivir sin prisas en Madrid, alcancé la "plaza de los cromos"; en la que se encontraban los vinilos, escoltados por cómics, revistas, películas y otros artículos ahora etiquetados como "vintage". Aquí el motor de búsqueda al que Amazon nos tiene acostumbrados no existe, aquí todo es "digital", pero en la acepción del término que implica que tienes que servirte de tu dedo índice para ir pasando los discos uno a uno. 

El objetivo se cumplió cuando en el abanico de elepés, asomó "El Hombre del Traje Gris" y acto seguido "Juez y parte" (las ventajas de que el vendedor los hubiera ordenado alfabeticamente). Resulta curioso pensar que el vinilo de "El Hombre del Traje Gris" vino al mundo unos pocos meses antes que yo, y que sería justo 30 años después cuando acabaría comprándolo. La mañana concluyó con otra actividad Sabinera, y es que el camino de vuelta a casa implicó coger el metro en Tirso de Molina y pasar por Gran Vía, Sol y Tribunal.