30 junio 2010

Camas vacías

Hablar de Joaquín Sabina nos lleva siempre a su imagen de mujeriego y “cierrabares”. En alguna ocasión él mismo ha afirmado que durante muchos años ha contribuido a crearse esa caricatura de sí mismo. Y, para que vamos a engañarnos, cierto es. Como para gustos, los colores, esto ha sido utilizado a partes iguales por sus detractores y sus admiradores más acérrimos. Algunos dicen que desde que le dio el “marichalazo” no ha vuelto a componer igual, y otros lo atacaban constantemente por sus vicios. Paradojas de la vida, aunque es cierto que durante los últimos años si que se ha cuidado bastante más. Esta canción contiene un par de versos que parecen toda una declaración de intenciones “ya no cierro los bares, ni hago tantos excesos”. Pero, no sólo encierra esa idea la letra, no sólo habla de dejar los bares, también habla de hacerlo con una mujer.

"Ni tú bordas pañuelos ni yo rompo contratos,
ni yo mato por celos ni tú mueres por mí,
antes de que me quieras como se quiere a un gato
me largo con cualquiera que se parezca a tí."

Lo primero que se hace en estos casos, es mostrar una aparente indiferencia por lo ocurrido. Muchas veces esto se ve como un mero trámite que había que pasar, pero que ya se había venido gestando desde hace tiempo. Es una especie de manotazo sobre la mesa, tirando de orgullo y haciendo bandera del “mejor sólo que mal acompañado”. Tirando de autoestima, se jacta de poder encontrar lo mismo que ya tenía con la primera que se encuentre, de saberse ganador de la batalla de antemano.

"De par en par te abro las puertas que me cierras,
me cuentan que el olvido no te sienta tan mal,
la paz que has elegido es peor que mi guerra,
aquella cama nido parece un hospital."

Normalmente, nadie desea el mal ajeno, pero yo creo que eso lo decimos para quedar bien. En cierto modo, siempre nos gusta quedar por encima, sentir que nosotros estábamos en lo cierto y que la culpa no era nuestra. Esa es la primera excusa para seguir interesándonos por la vida del otro, solamente por curiosidad de ver como le va. Lo siguiente es colocarlo todo de tal manera que nos convenzamos a nosotros mismos, de que ha elegido mal. Por último, se suelen soltar indirectas para que quede constancia de los hechos que vemos (o queremos ver).

"Yo, en cambio, no he sabido ir a favor del viento
que muerde las esquinas de esta ciudad impía,
pobre aprendiz de brujo que escupe al firmamento
desde un hotel de lujo con dos camas vacías."

Sin embargo, en muchos casos se sale perdiendo, y comenzando por la autocrítica empezamos a darnos cuenta de la realidad. Haciendo un examen de conciencia, nos empezamos a desengañar y a ver que nuestra maravillosa nueva vida es bastante peor que la anterior. Del mejor solos que mal acompañados, pasamos a odiar la soledad y a temer que se pueda prolongar mucho en el tiempo. Nos damos cuenta de que todo lo que nos rodea carece de valor, si no hay nadie cerca que te lo pueda decir.

"¿Quién hará mi trabajo debajo de tu falda?,
la boca que era mía ¿de qué boca será?,
el roto de tu ombligo ya no me da la espalda
cuando pierdo contigo lo que gano al billar."

Cuando a la soledad se le une la nostalgia, cosa que tarde o temprano pasa, el cóctel se convierte en poco menos que explosivo. Al principio se piensa que con toda seguridad nosotros estamos mucho mejor que el otro, llegados a este punto no hay forma humana de sacarnos de la cabeza que hemos perdido la batalla por K.O. Sólo de pensar que hemos sido reemplazados por otro, hace que se nos lleven los demonios. En este momento de lo que hacemos bandera es del “no se sabe lo que se tiene, hasta que se pierde”.

"Aunque nunca me callo, guardo un par de secretos,
lo digo de hombre a hombre, de mujer a mujer.
Ni me caso con nadie, ni guardo pa’ mis nietos,
por no tener no tengo, ni edad de merecer."

Aunque en muchas ocasiones el despecho hace que se pierda la dignidad, siendo capaces de cualquier cosa cuando nuestros cables se entrecruzan; es bueno saber que hay gente que, como dice Sabina, se guarda un par de secretos siempre. En este mundo de Sálvames, parece una utopía, ya que todo el mundo parece tener un precio (un precio cada vez más bajo) para venderlos. Creo que llegados a esta situación, el que sabe mantener las composturas y ser fiel a si mismo; gana una batalla más importante, la de la honestidad.

"Como pago al contado nunca me falta un beso,
siempre que me confieso me doy la absolución,
ya no cierro los bares ni hago tantos excesos,
cada vez son más tristes las canciones de amor. "

En el último tramo de la canción nos encontramos con esas frases que Sabina siempre deja para el recuerdo y la reflexión. Una de ellas es “siempre que me confieso, me doy la absolución”. La verdad es que la auto confesión es algo que no se hace muy a menudo, pero que tiene unos resultados bastante estimables. Creo que nadie puede ser más exigente con sus comportamientos y actuaciones que uno mismo. Ser capaces de llegar a eso, es una ventaja muy grande, ya que siempre estarás preparado para las críticas más feroces o las adversidades más grandes. Caer en la autocomplacencia y el propio engañamiento es lo más peligroso que se puede hacer. 

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