12 octubre 2011

Besos de Judas

Metáforas, juegos de palabras, ironías…todo eso está muy presente en la mayoría de los temas de Sabina, y en este caso desde el propio título: “Besos de Judas”. Pocas veces el título de una canción puede dar tanto de sí como en este caso. Puede ser vista desde diferentes prismas, pero acabando siempre en un mismo mensaje unas “malas compañías”, “amistades peligrosas” o “relaciones autodestructivas”. Algunos lo tiran por el lado de la droga y otros por el puramente amoroso. No hay tanta diferencia, y lo vamos a ver a continuación. Teniendo en cuenta que la mayoría de las drogas tienen género femenino, no va a resultar muy complicado emparejarlo.
“No soporta el dolor, le divierte inventar
que vive lejos, en un raro país,
cuando viaja en sueños lo hace sin mí,
cada vez que se aburre de andar
da un salto mortal.”
Con los primeros versos ya tenemos un primer esbozo de con quien vamos a tratar. No se trata de alguien sencillo, todo lo contrario. Encierra dentro de ella algo diferente al resto que consigue llamarte la atención, a pesar de que muchas veces su comportamiento invite a hacer exactamente lo contrario. Es alguien totalmente impredecible, que te desconcierta por momentos y nunca consigues explicarte el por qué de muchas cosas. Se autodefine como rara e incomprendida, aunque luego rechazará tu mano cuando intentes acercarte. Los saltos mortales no son muy aconsejables, especialmente si pretendes estar siempre justo debajo para recogerla; además de ingratos, sabiendo que no va a contar contigo como compañero de viaje en sus sueños.
“Cuando el sol fatigado se dedica a manchar
de rosa las macetas de mi balcón
juega conmigo al gato y al ratón,
si le pido “quédate un poco más”
se viste y se va.”
Como se puede comprobar, ya tenemos un desequilibrio considerable en la relación. Esto se acentúa con el desquiciante juego del gato y el ratón al que muchas veces nos vemos obligados a jugar de manera inconsciente. Un portazo definitivo puede resultar muy doloroso, pero a la postre se agradece mucho más a que siempre te dejen la puerta entornada, para después pillarte los dedos una y otra vez. Por la ley de la compensación sería lógico pensar que si antes tú le has dado mucho ella debería devolverte por lo menos algo. Nada más lejos de la realidad, en este caso ella es la delincuente perfecta y tú el perfecto pardillo.
“Nunca me dice ven, siempre se hace esperar,
de noche como un sueño tarda en venir,
dibuja nubes con saliva y carmín,
cobra caro cada abrazo que da,
no acostumbra a fiar.”
Sabedora de su ventajosa posición, no se molesta en llamarte, sabe que con su sola existencia ya está actuando como reclamo perfecto. Evidentemente, algo tiene que ofrecer para mantener el interés. Pero con muy poco esfuerzo consigue pingües beneficios. Sabe en cada momento que tecla pulsar para poner en marcha toda la maquinaria. No se prodiga mucho con las muestras de afecto, no vayamos a confundirnos ni a mal acostumbrarnos. Juega con ventaja y lo sabe, juega con la necesidad y lo sabe mejor todavía.
“Cuando gritos de alarma suenan por la ciudad,
cuando los sabios dicen “no hay solución”
ella pretende que hagamos el amor
en una cama de cristal
a orillas del mar.”
Esas luces de alarma de vez en cuando se encienden, avisando de que hay una ligera posibilidad de que la abandonemos. Es entonces cuando ella pone su maquinaria en funcionamiento, saca las garras y hace uso de sus mejores trucos para sofocar el conato de incendio. Aunque ausente, no te pierde la pista y sabe cuando dar la de cal. Es entonces cuando te llena la cabeza con falsas promesas que, torpe de ti, acabas creyendo a pies juntillas por enésima vez (iba a decir ingenuo de ti, pero creo que ese adjetivo se queda corto).
“Yo que siempre traté de aprender a barajar
los naipes al estilo del triunfador,
ahora me veo jugando de farol
mientras su manga esconde un as,
no sabe ganar.”
Por último, consigue que acabes renunciando a tus principios y hagas cosas que perjuraste nunca realizar. Tú que tenías alas para volar muy alto, las has sacrificado por arrastrarte a ras del suelo a merced de una caprichosa. Comenzábamos con el juego del gato y el ratón, y acabamos con el juego del póker. Una partida en la que te ves abocado a lanzar faroles cada vez mayores, intentando un imposible; ganarle a alguien que siempre lleva un as guardado en la manga.
“Cuanto más le doy ella menos me da
Por eso a veces tengo dudas,
¿no será un tal Judas
el que le enseñó a besar?”
“Cuanto más le doy ella menos se da,
por eso necesito ayuda,
aunque sea de Judas…
bésame un poco más.”
El estribillo de la canción resume a la perfección el mensaje que encierra en su totalidad. Por un lado, la vergonzante descompensación que existe en la relación, por otro el desconcierto que como es lógico acaba por aparecer y por último la ciega y necia necesidad de un poquito más…cueste lo que cueste. Como habéis visto “la protagonista” puede tener infinidad de nombres propios (y no necesariamente tienen que acabar en ina), seguro que cada uno podría ponerle al menos uno.

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