11 marzo 2018

Una canción se burla del miedo


“Yo vivo en el boulevard de los sueños rotos” esa fue la frase que Chavela le dijo a Joaquín el día que se conocieron en Madrid. Ella no lo sabía, pero acababa de plantar en la cabeza de Sabina la semilla de una canción que sería un himno para México. No hay concierto de Sabina en el que no rinda tributo a su cuatacha la Vargas.

Si Diego Rivera retrataba a Frida Kahlo, Sabina hace lo propio con Chavela. Con pluma en lugar de pincel, los primeros trazos son para el tono de piel morena coronada por piel de plata. Los siguientes son más abstractos, pero consiguen que veamos a la gata valiente de piel de tigre. Y el último retazo le dibuja su inseparable poncho rojo. Si ese cuadro hablase, lo haría con voz de rayo de luna llena.

Joaquín comentaba que nunca se había tomado copas con sus ídolos Dylan, Cohen o Brassens; pero la Vargas fue la excepción, no sin antes advertirle que ya no quedaban tequilas buenos, porque ya se lo habían bebido José Alfredo Jiménez y ella. Probablemente en esas noches sería difícil distinguir las risas de los llantos.

Con esta canción Sabina además de un homenaje a Chavela, se lo hace al México que más ama; un amor muy correspondido además. Ninguno de los dos artistas nació en el país azteca, pero ambos darían la vida por él.  

Según palabras de Sabina: “Ella no vendía una voz, vendía un estilo. Era una maestra en perder la primera al tiempo que ganaba lo segundo. Algo en lo que yo, sin duda, tengo mucho que aprender”. Creo que en eso ya estaban hermanados desde hace mucho tiempo, y el ubetense fue alumno aventajado de la tica en esa materia.

Cuando podría pensarse que el boulevard era la canción definitiva para plasmar la relación entre Chavela y Joaquín; éste se sacó del bombín, cuando el siglo XX estaba en el tiempo añadido, otra obra maestra titulada “Noches de boda”. En la introducción que hace ella, se encuentra una anécdota que ocurrió el día que se conocieron.

La historia contada por Joaquín:

“Aquella primera vez, pedí a Pedro Almodóvar que nos presentara. Al acercarme, escuché cómo él le contaba quién era yo, pues Chavela no tenía la menor idea. “La admiro desde niño”, le dije. “Yo también le admiro mucho a usted”, contestó. Ante la mentira, exclamé. “Vete a la mierda”. Nos fundimos en un largo abrazo del que nunca nos libramos...”

La historia contada por Chavela:

“Desde el primer día que nos vimos en los Madriles. Me caíste re bien. Me gustaste por sincero. Me dijiste que me fuera al carajo...Todas las noches de luna serán para Joaquín y para mí pues.”

El artífice de ese encuentro fue el cineasta manchego Pedro Almodóvar, quien afirmaba sobre la Vargas lo siguiente:

Desde Jesucristo, nadie ha abierto los brazos como ella


2 comentarios:

  1. Me gusta todo lo que escribes,deberías publicarlo en un gran libro.Anímate chiquillo,tú puedes!!

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  2. Sí! Apoyo esta idea. Saludos desde México.

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