07 septiembre 2018

A la sombra de un León

Cuando comenzó la mitología griega, pocos podrían imaginar que varios milenios después, habría una obra imprescindible para los amantes de la Diosa Cibeles. Una historia que narra un amor imposible, con toda la belleza y toda la crudeza que conllevan las hazañas condenadas al fracaso. Un regalo para Ana Belén, que podría poner voz a la Cibeles sin problema alguno. Un regalo para Madrid, escenario perfecto para luchar imposibles. Un regalo para la literatura española, ya que el protagonista de la canción podría ser perfectamente la reencarnación de Don Quijote en el cambalache que fue el siglo XX. Un regalo para los oídos con una exquisita música de Bardagí. Y, finalmente, un regalo para el alma; que en los tres minutos que dura se sonríe, se sorprende y se encoge a partes iguales. 

"Llegó 
con su espada de madera
y zapatos de payaso 
a comerse la ciudad"

Una espada de madera y unos zapatos de payaso, no hace falta más descripción para dibujar al personaje que arranca esta breve pero intensa historia con Madrid como escenario. Como todo el que se dispone a intentar un imposible, como conquistar a una Diosa, no está de más recurrir a la ayuda de alguien que esté a la altura de la ardua tarea. Alguien como la Diosa Fortuna, que cuando se trata de Madrid, la llama por su apodo pero de usted; hablamos de Doña Manolita. 

"Compró 
suerte en Doña Manolita
y al pasar por la Cibeles 
quiso sacarla a bailar un vals"

La lógica no dice que unos zapatos de payaso pueden lastrar los pasos, pero no hemos llegado a la parte racional todavía; así que se convierten en botas de siete leguas que nos llevan de la calle del Carmen a la Cibeles en dos zancadas. Una espada de madera parece un arma suficiente para luchar contra otras, aunque estén hechas de un metal muy vil. Un décimo de lotería parece un escudo que resistirá cualquier tipo de infortunio. Una capital del reino, que ante las voraces ganas de comérsela puede resultar un poblachón manchego. 

"Como dos enamorados
y dormirse acurrucados
a la sombra de un león"

Estamos ya frente a los leones, llamados Hipómenes y Atalanta, otra pareja que tiene una historia digna de contar. Atalanta era una niña abandonada por su padre y criada por una osa en el bosque, dónde desarrolló una velocidad notable. Rodeada siempre de pretendientes y reacia a casarse, siempre los retaba a una carrera; en caso de ganarle ella se casaría, en caso contrario él perdería la vida. Un día Hipómenes se plantó en la región y quiso intentar ese imposible también, y curiosamente echó mano de una Diosa para conseguirlo. Venus le consiguió tres manzanas de oro, que Hipómenes utilizó sabiamente para distraer a Atalanta durante la carrera. Ésta perdió la carrera, no sin antes haber intentado disuadir a éste pretendiente, del que había empezado a enamorarse y por cuya vida temía. El tesón y la inteligencia de Hipómenes habían conseguido cautivar a Atalanta finalmente. 

"¿Qué tal?
estoy sola y sin marido
gracias por haber venido
a abrigarme el corazón"

Seguimos por el sendero luminoso, y el plan sigue su curso con nuestro valiente amigo sacando a bailar un vals a la Diosa. La guinda pretende ponerla improvisando un lecho entre los dos famosos leones. Sin embargo, Sabina no suele prodigarse mucho en historias de héroes y gusta más de navegar por el universo del perdedor. En esta canción el Ecuador coincide con la cima del Everest, y tras abrigar el corazón de la diosa, dan las doce de la noche y se empieza a percibir un olor a calabazas. 

"Ayer
a la hora de la cena
descubrieron que faltaba
el interno 16.

Tal vez
disfrazado de enfermero
se escapó de Ciempozuelos
con su capirote de papel."

De repente completamos el atuendo que comenzaba con unos zapatos de payaso y culminaba un capirote de papel. Suficiente para escaparse de cuatro paredes blancas y poner rumbo al Olimpo más cercano. Otro caballero andante tan lleno de nobles ideales como falto de cordura. Una combinación que suele producir personajes entrañables, y a veces incluso envidiables porque carecen de los miedos, reservas y ataduras del común de los mortales. 

"A su estatua preferida
un anillo de pedida 
le robó en El Corte Inglés."

El momento cumbre de la canción llega con otra poderosa imagen. Un loco, apartando momentáneamente su espada de madera del cinto, para poder sacar un anillo de pedida, inclinar la rodilla y levantar la mirada hacia la protagonista única de sus sueños. Un pequeño loco que sin saberlo, se ha agigantado tanto que los zapatos ya no le quedan grandes.

"Con él
en el dedo al día siguiente 
vi a la novia del agente
que lo vino a detener.

Cayó
como un pajaro del árbol
cuando sus labios de mármol 
le obligaron a soltar."

El olor a calabaza ya es intenso y la medianoche da al traste con este cuento de hadas. De repente el anillo pasa a manos de un agent de policía, pierde la magia y se convierte en un falso regalo. La belleza que pueda tener algo material, siempre depende del sentido que le den las personas que están alrededor. Este anillo es el mejor ejemplo de ello, nadie está imaginando como fue esa vida de segunda mano que tuvo. 

"Quedó
un taxista que pasaba
mudo al ver como empezaba
la Cibeles a llorar
y chocó contra el Banco Central."

Finalmente nos metemos de lleno en la piel del taxista que rodea a la Cibeles encarando la Gran Vía, y que en otra imagen imborrable de esta historia, acaba chocando contra una figura clásica de la gente de orden. Probablemente a los leones también se les cayera alguna lágrima de mármol, recordando su historia, que la he dejado a medias y procedo a concluir. Hipómenes y Atalanta, que eran un hombre y una mujer, consumaron su matrimonio en un santuario de Zeus. Éste montó en cólera y decidió convertirlos en leones, condenándolos a tirar del carro de Cibeles durante toda la eternidad y sin poder mirarse el uno al otro. Cuando vuelvan a pasar por la Cibeles podrán comprobar que no se miran, o quizás sí. En ese caso, miren bien si hay alguien durmiendo a su sombra, y no llamen a las autoridades. 

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