04 mayo 2018

Quevedo con maneras de Bob Dylan

Cuando Juanito Valderrama compuso su obra más popular, "El emigrante", Joaquín Sabina estaba cumpliendo diez años. Precisamente los diez años que se convertirían en un valor constante que sumar a sus cuarenta, a sus cincuenta y próximamente a sus sesenta. Fue en sus veinte, cuando personificó la figura del emigrante y se marchó de su España querida, probablemente tomando uno de esos sucios trenes que iban hacia el norte. 


"En tus ojos habitan olivares
De tierra cenicienta es tu garganta
Morada habitual de las verdades
Que sólo son verdad si tu las cantas"

Esta historia del siglo XX que une a dos generaciones tiene su broche de oro a comienzos del XXI, cuando Juan Valderrama, hijo de Juanito (curiosamente el diminutivo se aplica en sentido inverso en esta familia), le dedicó una hermosa canción a Sabina. Conviene detenerse en el título "Ahora te toca a tí", se dirige directamente a Joaquín, maestro en dibujar personajes en sus canciones, y le dice que en esta ocasión el modelo es él. 


"Cigarra de la acera incomprendida
Juglar de la derrota incorregible
Guitarra callejera de la esquina
Cara de sacristán, verso terrible"

El retrato va desde sus rasgos más perceptibles, como la tierra cenicienta que rompe su voz, hasta los más intrínsecos a su obra, cuando lo coloca entre Quevedo y Bob Dylan. A la comparación con el músico del medio oeste estamos más acostumbrados que a la del poeta español, pero justamente ahí está el secreto del éxito de Sabina, haberse movido como nadie entre la poesía más pura y el arte más urbano.

"Quevedo con maneras de Bob Dylan
Amigo inseparable de la luna
De acordes y de versos es tu fortuna
Casta y figura digan lo que digan"

Valderrama también lo describe como gitano regalador de talento, no hay que olvidar que sobre la rumba ha cimentado varios de sus clásicos como 19 días y 500 noches o Ruido. Aunque afirme que la Cibeles pueda tener celos del Sabina colchonero que le puso letra a su centenario Atleti; no creo que la Diosa pueda quejarse demasiado a poco que le pregunte a uno de sus leones sobre el interno 16. 


"Gitano que regala su talento
A causas que requieren poesía
Veleta que obedece a un solo viento
Sereno de Calle Melancolía"

Como si del pirata cojo se tratase, Juan le va colando en el traje de muchas vidas. No se reduce a Quevedo, también lo pone en la piel de un Quijote en perpetua busca de su Dulcinea, y es que para llegar a Madrid desde los olivares de Úbeda hay que cruzar la llanura manchega. Pero quizá en el que se sienta más cómodo sea en el de sereno de Calle Melancolía, que no se limita a silbar su melodía sino que firma la banda sonora de todos los viandantes que asoman por las bocas de metro de Madrid. 

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