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04 noviembre 2017

Caballo de cartón

Tirso de Molina, Sol, Gran Vía, Tribunal. Existen dos tipos de personas, los que leen esa secuencia sin más y los que la cantan. Si el Metro de Madrid tuviera un himno, esta canción de Joaquín Sabina sería una buena candidata. Se trata del primer Sabina, el más urbano, el que se podía permitir el lujo de frecuentar lugares públicos y retratarlos posteriormente con su Polaroid en forma de pluma. No solemos concebir que una rutina pueda ser bella, suele traer connotaciones negativas en la mayoría de los casos. Pero con la melodía adecuada y las palabras en su orden, todo resulta más hermoso.

"Cada mañana bostezas, 
amenazas al despertador 
y te levantas gruñendo 
cuando todavía duerme el sol, 
mínima tregua en el bar, 
café con dos de azúcar y croissant, 
el metro huele a podrido, 
carne de cañón y soledad."

En la primera estrofa ya nos ha cantado como la amazona de su particular caballo de cartón inicia un nuevo día. Ese despertador que canta artificialmente un par de horas antes de que lo haga el gallo, una leve concesión a la que debería ser la comida más importante del día y el primer pie que entra en el mundo suburbano.

A ciertas horas de la mañana, resulta bastante común la ausencia de ganas de hablar con la gente; pero el trayecto en metro al trabajo se suele alargar lo suficiente como para buscar entretenimiento observando alrededor. Varios personajes habituales del vagón de la línea 1 quedan retratados en este relato también, para mayor o menor gloria de cada cual. Curiosamente, hay ciertos desconocidos que acaban convirtiéndose en una referencia de tu trayecto al trabajo. Personas que te recuerdan que es martes, que deberías calzarte más a menudo las deportivas o que en comparación, sitúan tu estilismo en la pasarela Cibeles o hacen que tu vestuario desprenda olor a naftalina.


"Que buena estás corazón, 
cuando pasas grita el albañil 
el obseso del vagón se toca mientras piensa en tí, 
la voz de tu jefe brama 
“estas no son horas de llegar” 
mientras tus manos archivan tu mente empieza a navegar."

Hay ciertas horas que son bisagra, en las que el desayuno resulta ser el punto en común del que empieza una nueva jornada y al que se le alargó la del día anterior. Los versos que mejor definen una estampa típica del metro son “danza de trajes sin cuerpo, al obsceno ritmo del vagón”. Ese movimiento rectilíneo, pero no uniforme, al que todos nos adaptamos (algunos controlando con más pericia que otro los frenazos y las curvas). Esa inercia con la que muchos avanzan por sus pasillos, aunque todavía su mente no se haya quitado el pijama.
"Ambiguas horas que mezclan al borracho y al madrugador, 
danza de trajes sin cuerpo al obsceno ritmo del vagón, 
hace siglos que pensaron: 
“las cosas mañana irán mejor” 
es pronto para el deseo y muy tarde para el amor."

Es muy notorio el contraste que se produce entre las estrofas y el estribillo. Las primeras nos van relatando un episodio marmotesco con pocas emociones fuertes. Culmina la historia intentando dejar para mañana lo que no debas soñar hoy, quedándose en un punto en el que siempre es demasiado pronto o demasiado tarde.  A cambio el estribillo arroja un halo de luz y propone un viaje a caballo. Un viaje a caballo de cartón, como ese niño pequeño que sale corriendo de la escuela y se alegra de que lo estén esperando en la puerta. Si a los niños les encanta que al salir de la escuela les estén esperando en la puerta con la merienda; de adultos también se agradece que alguien le endulce la tarde.

"Tirso de Molina, Sol, Gran Vía, Tribunal, 
¿Dónde queda tu oficina para irte a buscar? 
Cuando la ciudad pinte sus labios de neón 
subirás en mi caballo de cartón. 
Me podrán robar tus días… tus noches no."

El verso final de la canción no deja de ser una metáfora estupenda de lo que es la vida cotidiana para la mayoría. En cierto modo, vendemos nuestros días para poder disfrutar de nuestras noches. A fin de cuentas, las grandes fiestas siempre pasan por la noche; y las peores resacas se sufren por la mañana.

04 mayo 2009

Caballo de Cartón


Caballo de cartón es una de las pequeñas joyas ocultas de Sabina. Digo ocultas porque el gran público probablemente no conozca esta canción, sin embargo un sabinero más o menos experto la tiene entre la "selección de oro". La verdad es que hay pocos registros audiovisuales de ella, simplemente está la versión que aparecía en el disco Ruleta Rusa y la que hizo en el concierto de Sabina y Viceversa.

Esta canción es del primer Sabina que conocemos, y quizá por no haberla seguido interpretando, siempre quedará ligada al primer Joaquín sin su voz rota todavía. Es una canción muy melódica, muy viceversa diría yo. Sin embargo la letra que encierra es muy destacable.

La canción habla de esas relaciones amorosas marcadas por la rutina y amenazadas por el tedio. En su relato diferencia muy claramente la noche del día. Nos muestra como su pareja hace su vida cotidiana con un ejemplo tan sencillo y a la vez tan poético como las estaciones de metro qu
e va recorriendo...esta es la parte que más se recuerda, los versos que la gente tararea después de haberla oído


"Tirso de Molina, Sol, Gran Vía, Tribunal.
¿Dónde queda tu oficina para irte a buscar?".


Lo impresionante de esta canción es como es capaz de sacarle tintes poéticos a cosas tan triviales como la gente que viaja en el vagón del metro, el albañil de la obra, la bronca del jefe, los trasnochadores...


"Cada mañana bostezas, amenazas al despertador
y te levantas gruñendo cuando todavía duerme el Sol.
Mínima tregua en el bar, café con dos de azúcar y croissant.
El metro huele a podrido, carne de cañ
ón y soledad".

"Que buena estás corazón, cuando pasas grita el albañil.
El obseso del vagón se toca mientras piensa en ti.
La voz de tu jefe brama "estas no son horas de llegar"
,
mientras tus manos archivan, tu mente empieza a navegar".

"Ambigüas horas que mezclan, al borracho y al madrug
ador
danza de trajes sin cuerpo al obsceno ritmo del vagón".

La escena que me viene a la mente con esta canción es la de una relación de recién casados, que viven a toda prisa en la vorágine de la vida en la que acaban de entrar. Mientras que, por la noche, todo cambia, todo vuelve a
tener sentido, la vida vuelve a ser maravillosa...hasta que el despertador los separe de nuevo por la mañana. Son esos años de rutina feliz, lo malo es que en muchas ocasiones se convierte en tedio inabordable.

Lo mejor de Caballo de Cartón es que te transporta al pasado, a un pasado que la gente recuerda con nostalgia y alegría, a los 80. Para finalizar pongo los dos versos más descriptivos de la canción. Donde se refleja que no hay valor más preciado que el de tener a la persona que quieres a tu lado, y que eso no hay dinero que lo pague...



"Es pronto para el deseo, y muy tarde para el amor".

"Me podrán robar tus días...tus noches no".