@jsabinablog 🎸¿Qué une a Joaquín Sabina y a Elvis Presley? #elvis #elvisPresley #joaquinsabina #joaquínsabina #parati #foryou #sabinabysaavedra #gatos #sabina ♬ sonido original - jsabinablog
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@jsabinablog 🌃 Una noche a las diez de la mañana 🌃 Este verso encierra una curiosa historia que os quiero contar hoy. Ya sabéis que por un verso Joaquín es capaz de discutir y pelear sin descanso. Cuando sacó el disco Alivio de Luto este vino acompañado de una entrevista en la que comentaba que le costaba encontrar buenos versos para arrancar sus canciones. Esto era en el año 2005, ese verso estuvo guardado a buen recaudo hasta el año 2009. ¿Sabéis en qué canción acabó? #sabina #joaquinsabina #joaquínsabina #parati #foryou #sabinabysaavedra #praga #cristalesdebohemia #versos #alivioDeLuto ♬ sonido original - jsabinablog
@jsabinablog 🇨🇱 50 años del Golpe 🇨🇱 Hoy se cumplen 50 años del golpe de estado en Chile, lo recordamos a través de la canción Violetas para Violeta. #salvadorAllende #chile #11s #sabina #violetaParra #VioletasParaVioleta #11septiembre #joaquinsabina #joaquínsabina #parati #foryou #sabinabysaavedra ♬ sonido original - jsabinablog
@jsabinablog 🦚 María Jiménez 🦚 Hoy nos ha dejado María Jiménez, la mujer que cantó con más autoridad las letras de Sabina. #sabina #joaquinsabina #joaquínsabina #parati #foryou #canciones #letras #cantautor #sabinabysaavedra #mariaJimenez #conDosCamasVacias #seAcabo #maríajiménez #maríajimenez ♬ sonido original - jsabinablog
@jsabinablog 🐟 Peces de ciudad 🐟 Hoy me gustaría hablaros de algunos lugares que aparecen en Peces de Ciudad...y lanzaros una pregunta. #sabina #joaquinsabina #joaquínsabina #blogger #parati #foryou #quotes #songs #canciones #letras #cantautor #sabinabysaavedra #pecesDeCiudad #AnaBelen #comala #macondo #desolationRow #BobDylan #Directo ♬ sonido original - jsabinablog
Dicen que la vida no se mide en minutos sino en momentos, a mi me gusta medirla en conciertos de Sabina. Hace unos días estuve repasando los 5 conciertos a los que asistí, y me ha gustado situar el contexto histórico de cada uno de ellos. Un concierto es una combinación de lo que hace Sabina sobre las tablas y de tus circunstancias, eso hace que en cada uno de ellos cantes una canción con más motivación que otra. Fue mi sexto concierto y mi primero al mismo tiempo. Este fue el concierto en el que por fin pude cantar Contigo de la mano de la chica con quien quiero hacer ese estribillo realidad.
Fue mi sexto, y fue su primero, y yo me sentía como si estuviera presentándole a un ser muy querido de mi familia. Sabiendo que las primeras impresiones son las que más pesan, estuve cruzando los dedos para que Joaquín cuajara una gran actuación. No me dejó en mal lugar, hizo el mejor repaso posible a su inmensa carrera y no faltó la canción preferida de ella, "Por el boulevard de los sueños rotos". Si quieren conocer su nombre busquen en la letra de esa canción.
Cuando era más joven me gustaba también bastante la canción "Todos menos tú", me imaginaba cómo sería reunir a gente tan variopinta como la que aparece en esa letra. Años después comprobé que era la mejor definición del público que asiste a sus conciertos, especialmente el de Madrid. Pocos artistas hay tan transversales como el flaco, nadie consigue mayorías tan absolutas.
Ese público que se deja la voz celebrando la supervivencia de Sabina en "Lágrimas de Mármol", que sabe que hola y adiós es la respuesta correcta en "19 días y 500 noches", que sabe quién es la dueña de un corazón 5 estrellas, que conoce todos los trucos para vivir 100 años y que sabe que al lugar donde se ha sido feliz no se debe volver...salvo que sea a un concierto de Joaquín, allí hay que volver siempre. Aunque ya no sea creyente, contra todo pronóstico creo firmemente en la eternidad; Sabina es y será eterno.
"Como quien viaja a lomos de una yegua sombría,
por la ciudad camino, no preguntéis a donde,
busco acaso un encuentro que me ilumine el día,
y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden".
La canción arranca con un trotar errante, sin un destino fijo, esperando que el azar, el destino o la providencia le pongan por delante a alguien que le haga sonreír. Una persona que de repente le haga variar el rumbo, o que le ofrezca un destino hacia el que dirigir sus pasos. Sin embargo, se le agolpan las puertas cerradas, ni siquiera le muestran otras posibles realidades.
"Las chimeneas vierten su vómito de humo,
a un cielo cada vez más lejano y más alto.
Por las paredes ocres se desparrama el zumo,
de una fruta de sangre crecida en el asfalto".
"Ya el campo estará verde, debe ser primavera.
Cruza por mi mirada un tren interminable.
El barrio donde habito no es ninguna pradera,
desolado paisaje de antenas y de cables".
La relación de amor/odio con la gran ciudad ya se empieza a atisbar en esta canción, que llegó en la misma época que Pongamos que hablo de Madrid. Una ciudad que se puede presentar abrumadora, donde el cielo es un enjambre de cables y nubes negras, en el que las estrellas no terminan de brillar. Un lugar en el que la primavera tarda un poco más en llegar, porque las flores están peleando eternamente por abrirse paso entre el asfalto y las prisas. Una ciudad que no cuenta con la Calle Melancolía en su callejero, porque podrían ser muchas. Cada uno tiene una calle que le provoca estos sentimientos cuando deambula por ellas, y según el momento de tu vida esa calle puede cambiar de barrio.
"Como quien viaja a bordo de un barco enloquecido
que viene de la noche y va a ninguna parte.
Así mis pies descienden la cuesta del olvido,
fatigados de tanto andar sin encontrarte".
En la segunda parte de este viaje melancólico, la yegua sombría da paso a un barco enloquecido. Ambas podrían ser metáforas de nuestro paso por la vida, a veces a ritmo lento y a veces enervado. En ambas no hay un destino fijo, porque en la vida muchas más veces somos pasajeros que conductores. A veces nos dejamos llevar y a veces nos lleva a sitios que nunca jamás sospechamos. Que el olvido aparezca como una cuesta es otra metáfora brillante, al principio se hace duro y hay que apretar los dientes para recorrerla, pero una vez coronada el descenso se hace a un ritmo vertiginoso.
"Luego, de vuelta a casa, enciendo un cigarrillo,
ordeno mis papeles, resuelvo un crucigrama.
Me enfado con las sombras que pueblan los pasillos,
y me abrazo a la ausencia que dejas en mi cama."
De repente abandonamos la calle y la única puerta que no niega el paso es la del hogar. Ahí es donde se agolpan los recuerdos, porque el mismo hogar puede ser tan acogedor como desolador. La cama es testigo de los mejores encuentros y de los más amargos desencuentros. El mismo lado del lecho puede haber estado ocupado por la melancolía y por la alegría. Los pasillos pueden ser eternos cuando no hay nadie al final de ellos.
"Trepo por tu recuerdo como una enredadera,
que no encuentra ventana donde agarrarse, soy
esa absurda epidemia que sufren las aceras.
Si quieres encontrarme ya sabes donde estoy..."
Curioso caso el de la enredadera, por mucha vitalidad y por mucha voluntad que tenga, siempre necesita que algo le de soporte. Cuando eso falta, no hay nada a lo que agarrarse, todo se desploma. Y, por último, la humanidad descrita como una epidemia sufrida por las aceras. Aceras que soportan su caminar, a veces pesado, a veces sin rumbo. Aceras que siempre nos acaban dejando en algún lugar, aunque a veces sea fuera de lugar.
"Vivo en el número siete, calle Melancolía.
Quiero mudarme hace años al barrio de la Alegría.
Pero siempre que lo intento, ha salido ya el tranvía.
En la escalera me siento a silbar mi melodía."
Sabina siempre será el capitán de su calle Melancolía, pero todos hemos alquilado una estancia en ese lugar en algún momento de nuestras vidas. Las estancias son variopintas: de larga duracion, efímeras, reincidentes, necesarias... Si el taoísmo tiene el Yin y el Yang, el sabinismo tiene la Calle Melancolía y el Barrio de la Alegría.
"En el Boulevard de los Sueños Rotos,
vive una dama de poncho rojo,
pelo de plata y carne morena.
Mestiza ardiente de lengua libre,
gata valiente, con piel de tigre,
con voz de rayo de luna llena"
Para contar la vida de Chavela Vargas seguramente se necesitarían miles de páginas y varios ríos de tinta. Para hacer una descripción perfecta de ella, a Sabina le bastaron seis versos. Con tres colores basta para dibujarla, el rojo de su eterno poncho, el plateado de las canas que ningún escenario se atrevió a teñirle y el moreno de una piel curtida tras varios reveses de la vida. Con tres conceptos se puede repasar su carácter, la valentía con la que vivió siempre, la libertad con la que rompió esquemas y su irrepetible voz de rayo, que la mecía entre el llanto y el canto. Nunca nadie ha cantado "La Llorona" como ella. Cuando consigues asociar tu nombre propio al de una canción popular, estás afianzando tu paso a la posteridad.
"Por el Boulevard de los Sueños Rotos,
pasan de largo los terremotos,
y hay un tequila por cada duda.
Cuando Agustín se sienta al piano,
Diego Rivera, lapiz en mano,
dibuja a Frida Kahlo desnuda"
Recorrer la biografía de Chavela es como recorrer un museo histórico del México del siglo XX. Estaría repleto de cuadros de Diego Rivera y de Frida Kahlo, y el hilo musical correría a cargo de José Alfredo Jiménez y de Agustín Lara. Si has ido a alguno de los restaurantes mexicanos de "La mordida" en Madrid, habrás comprobado que en sus murales se encuentran dibujados varios personajes memorables del país azteca. Casi todos ellos estuvieron presentes en su vida, y Sabina no dudó un segundo en buscarles acomodo dentro del boulevard. Es aquí donde la canción aumentó sus dimensiones, y no se limitó a ser un homenaje a Chavela Vargas, sino a todo el país. Otro pasito más para que ésta también alcance el status de canción popular en algún momento, si es que no lo ha hecho ya.
"Por el Boulevard de los Sueños Rotos,
desconsolados van los devotos,
de San Antonio pidiendo besos.
Ponme la mano aquí Macorina,
rezan tus fieles por las cantinas,
paloma negra de los excesos"
Pedro Almodóvar dijo una vez que desde Jesucristo nadie había abierto los brazos igual que Chavela. Si ya la habíamos dibujado antes con tres colores clave, al lienzo basta con añadirle un par de trazos que dibujen sus brazos en esa posición de divinidad absoluta. Si el chavelismo hubiera sido una religión, su lugar de oración no sería otro que una cantina; en la que siempre hubiera una botella de tequila para disipar cualquier duda por profunda que fuera. Entre sus oraciones estarían Macorina y Paloma Negra, dos canciones claves en el repertorio de la Vargas. La primera, una canción de amor a una mujer cubana, mestiza, mitad negra, mitad china. La segunda, una canción de desamor, de las consecuencias de una infidelidad. El canto y el llanto, siempre presentes, siempre en un lugar preferente de la vida de Isabel Vargas Lizano.
"Por el Boulevard de los Sueños Rotos,
moja una lágrima antiguas fotos,
y una canción se burla del miedo.
Las amarguras no son amargas,
cuando las canta Chavela Vargas,
y las escribe un tal José Alfredo."
Ese llanto que se escapa cuando de repente se aparece ante ti una vieja foto de un pasado, que aunque se haya superado nunca se olvida; y ese canto que suena con fuerza y sirve para espantar a esos fantasmas del pasado. Un canto que pone de pie a los que siguen brindando por un futuro más brillante. José Alfredo Jiménez firmó letras de infinidad de canciones que seguramente conoces y nunca te has parado a pensar en su autoría (si no te lo crees, te reto a que lo compruebes, no menos de 3 las has cantado más de una vez). Chavela Vargas le ha puesto voz a varias de ellas, y en muchos casos ha dejado el listón tan alto, que nadie ha sido capaz de superar su marca hasta la fecha.
"Se escapó de una cárcel de amor,
de un delirio de alcohol,
de mil noches en vela.
Se dejó el corazón en Madrid,
quién supiera reir,
como llora Chavela."
Durante muchos años Chavela escandalizó a la gente de la época, cuando en las salas de fiesta aparecía con vestimenta de hombre. En aquellos años no podía proclamar a viva voz su homosexualidad, pero ella consiguió escapar de esa cárcel de amor. El alcohol fue su siguiente gran infierno, hasta el punto de provocar su retirada prematura de los escenarios a finales de los 70. Pero fue otra batalla que consiguió ganar a principios de los 90, y justo ahí fue cuando Joaquín Sabina apareció en su vida y se colocó la primera piedra de este boulevard. Si Sabina tardó 500 noches en aprender a olvidar a una mujer, Chavela se pasó 1000 de esas largas noches en vela.